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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El REF nuestro de cada día

El fuero regional cumple 50 años siendo tan desconocido como trascendente en la vida cotidiana de los canarios

El REF nuestro de cada día M. Á. Montero

Ley 30/1972 sobre el Régimen económico-fiscal de Canarias. Se aprobó el 22 de julio de aquel año (1972) y se promulgó en el Boletín Oficial del Estado dos días después. Nacía así, con España ya en el tardofranquismo, el primer REF en su actual denominación. Es verdad que para encontrar el embrión habría que remontarse mucho más atrás, tanto como al siglo XVI. En concreto a 1507, cuando se declaran «perpetuas» –para siempre– las exenciones de que disfrutaba Gran Canaria desde 1487 en el Privilegio de Franqueza. La isla quedaba así exenta de la gran mayoría de tributos que exigía la Hacienda real castellana. En aquel lejanísimo 1507 también Tenerife y La Palma disfrutaban ya de un régimen propio y especial, más beneficioso que el otorgado a Gran Canaria y que la reina Juana ratificaría tres años después, en 1510. No fue hasta la siguiente década cuando se unificó el sistema tributario de las tres islas de realengo. La contribución a la Hacienda real de Castilla casi se limitaba así a un impuesto aduanero que gravaba las importaciones y exportaciones, aunque por otra parte a unos tipos relativamente bajos de entre el 3 y el 5%. La historia y evolución de los antepasados del REF continúan, claro, hasta encontrar en el siglo XIX al que podría considerarse como el tatarabuelo del actual régimen: el real decreto de puertos francos de 1852. Así hasta llegar al REF en sentido estricto, al Régimen Económico y Fiscal tal como se conoce en la actualidad, cuyo origen se remonta a aquel verano de 1972.

El Régimen Económico y Fiscal está presente en la vida de los isleños desde que encienden la luz de la mesilla de noche hasta que la apagan para dormir

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De modo que en cinco días, el próximo viernes 22, la constitución económica del Archipiélago entrará en la cincuentena. Será el 50 aniversario de una herramienta vital para el desarrollo –pasado y futuro– de la región; una herramienta cuya enorme trascendencia en el día a día de los canarios contrasta con el desconocimiento generalizado en la sociedad isleña. Los expertos en la peculiar fiscalidad insular suelen ilustrar esta paradoja con el ejemplo del País Vasco: si a un bilbaíno o guipuzcoano le preguntan si conoce el Concierto económico, seguramente responderá de manera afirmativa; si se le pregunta a un tinerfeño o grancanario si conoce el REF, será más difícil encontrar un sí por respuesta, y más aún dar con una explicación certera. Sea por la razón que sea –una deficiente divulgación desde las instituciones, su no inclusión en el currículo formativo, la percepción extendida de que se trata de un instrumento dirigido a las empresas...–, lo cierto es que el REF, ese compañero diario de los canarios, pasa desapercibido. Pasa desapercibido pero está ahí; es más, está ahí desde que el ciudadano enciende la luz de la mesilla de noche al despertar cada mañana hasta que la apaga antes de dormirse.

Luz

Luz.

El ejemplo anterior es literal. Y ayuda a entender el espíritu y todas las demás medidas del REF. El economista y asesor fiscal Orlando Luján, uno de los mayores expertos en el fuero autonómico, suele asemejar el REF a una muleta. A esa muleta que ayuda a caminar a quien tiene una dificultad en una de sus piernas. La principal dificultad de Canarias es su lejanía respecto de la Europa continental. Y la muleta de Canarias es el REF. ¿Que qué tiene que ver esto con la luz? Todo. Generar energía eléctrica cuesta mucho más en las Islas que en la Península. Ahí se manifiesta esa cojera, tomando prestado el ejemplo de Luján. Pues bien, la ley del REF establece compensaciones para paliar los sobrecostes de la producción de electricidad, de modo que se «garantice» que las familias y las empresas paguen el recibo como si vivieran en Madrid o Barcelona. Esa es la muleta. Por eso cuando una familia isleña enciende los bombillos por la mañana está activando el REF, porque sin las compensaciones que este recoge, el precio de la luz sería mucho más alto, pagaría una factura mensual mucho mayor.

Agua

Agua.

Tras encender la luz y desperezarse llega el momento de la ducha. El REF acompaña a los canarios incluso en el baño. Parte del agua que se consume en el Archipiélago es resultado de la desalinización o de procesos de regeneración y/o reutilización. Todo ello implica una serie de costes que encarecerían el recibo hasta muy por encima del que pagan los hogares del resto de España. Sin la muleta del Régimen Económico y Fiscal, que también fija compensaciones para la producción de agua destinada para el consumo humano, la ducha de la mañana les costaría más cara a las familias isleñas. Así que el REF mantiene a raya el precio del agua, que como en el caso de la luz, deberá ser siempre «equivalente» al que en cada momento se pague en el resto del país. Es más, en el caso del agua también se establecen ayudas para moderar el coste de la destinada para el sector primario –agricultura y ganadería– y para la que se utiliza en el riego agrícola, es decir, en el riego de las huertas, en este último caso siempre que provenga de procesos de desalinización. Pero volviendo a la economía doméstica, basta con levantarse de la cama para que el REF, ese amigo silencioso y desconocido, ya esté presente en las casas de todos los canarios.

Desayuno

Desayuno.

Encender las luces de la casa, ducharse y desayunar. La rutina en cualquier hogar de la Comunidad Autónoma. Para el momento en que la familia se sienta a la mesa para coger fuerzas antes de dirigirse al trabajo, al colegio o al instituto, el REF ya ha reducido sin saberlo la factura de la luz y el recibo del agua. Pero también ha permitido que los precios de la leche y los cereales del desayuno se mantengan en cifras asumibles. Lo hace posible el Impuesto General Indirecto Canario (IGIC), el instrumento fiscal más importante del fuero autonómico. El IGIC es el gemelo del IVA peninsular, que a su vez es el trasunto del IVA que se aplica en todos los países de la Eurozona. Así que Canarias es, en virtud del REF, una excepción dentro de la Unión Europea. Uno y otro, IGIC e IVA, son los grandes impuestos al consumo en las Islas y en España, pero el IGIC pesa mucho menos en el bolsillo de los ciudadanos y las cajas de las empresas. Siguiendo el ejemplo del desayuno, resulta que una familia de Cuenca, Soria, Valladolid o Gijón paga un 4% de IVA cuando compra un cartón de leche, mientras que una del Archipiélago abona un 0% en concepto de IGIC, esto es, nada. Tres cuartos de lo mismo ocurre con los cereales, que también tienen menor carga fiscal en Canarias que en el resto del Estado. O incluso con el pan, que también tiene un 4% de IVA en la Península y Baleares y que también tiene un 0% de IGIC en la Comunidad Autónoma. Por lo tanto, también en el desayuno de esa familia isleña tipo influye el REF. Sin salir aún de casa para empezar la jornada laboral o lectiva, las medidas compensatorias del fuero regional –cabe insistir en el término compensatorias, ya que en ningún caso suponen una ventaja por mucho que en ocasiones se perciban así incluso en las esferas funcionariales de los Ministerios– han abaratado los precios de la electricidad, el agua y el desayuno. De no ser así, difícilmente podría un hogar canario afrontar situaciones de carestía como la causada por la actual ola inflacionaria.

Gasolina

Gasolina.

Toca cerrar las puertas de casa para dirigirse al trabajo y a la escuela. La madre o el padre coge el coche para dirigirse desde Los Realejos a Santa Cruz de Tenerife, desde Agüimes a Las Palmas de Gran Canaria o desde Pájara a Puerto del Rosario, donde se encuentra la empresa. A mitad de camino se para en la estación de servicio para echar gasolina o diésel, y de nuevo se activa el REF. Aunque la inflación ha encarecido sobremanera los combustibles tanto en Canarias como en España, Alemania y Europa en su conjunto, lo cierto es que los precios en el Archipiélago siguen por debajo, y hasta muy por debajo, de los que se pagan en las estaciones de servicios del resto de la Eurozona. No en vano, por la gasolina –los hidrocarburos para ser exactos– se tributa a un 0% de IGIC, mientras que en la Península se paga hasta un 21% de IVA. Es decir, ese padre o madre que llena el depósito en una estación de La Matanza de Acentejo o de Carrizal no paga ni un solo céntimo de euro por impuesto al consumo; sin embargo, si residiera en Badajoz, Vigo o La Rioja, tendría que abonar ese 21% extra. Además, en los combustibles hay un segundo factor que contribuye a esos menores precios en la región: el impuesto especial. En virtud del REF, en Canarias no se aplica el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos, sino el Impuesto sobre Combustibles Derivados del Petróleo, cuya carga fiscal es «infinitamente inferior», subraya Orlando Luján, a la del tributo de ámbito nacional. Los progenitores de nuestra familia modelo todavía no han llegado a sus trabajos pero ya se han beneficiado del REF con un menor coste en la factura de la luz, en el recibo del agua, en el precio del desayuno y en el de la gasolina o el diésel con que han llenado el tanque de su berlina.

A diferencia del ‘cupo’ vasco, el REF no forma parte del acervo regional y hasta se percibe, incluso desde el Parlamento, como un instrumento para empresas

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Guagua

Guagua.

Mientras los padres han cogido el coche para ir al trabajo, los peques de la familia se han ido en guagua al colegio o al instituto. También los acompaña el REF. El transporte terrestre de viajeros y/o mercancías tributa al tipo reducido de IGIC –3%–, con lo que el billete o el bono de la guagua para ir al instituto les sale a los estudiantes de esta hipotética familia canaria más barato –por la vía impositiva– que a quienes viven en otros puntos del país. Y si se les escapa la guagua y tienen que llamar un taxi, el IGIC también es del 3%. En la Península y Baleares se paga un 10% de IVA en el transporte terrestre. De nuevo se amortigua así el mayor coste que supone la ultraperiferia –la lejanía, la fragmentación del territorio y la pequeña dimensión del mercado interior–, que encarece toda actividad productiva.

Ropa

Ropa.

La renovación del vestuario antes del verano y del invierno es una de esas citas clásicas de las familias del Archipiélago. Esa tarde de visita a los grandes almacenes, a los centros comerciales y a las tiendas de Zara, Mango, Stradivarius o Cortefiel. No suele faltar la comparación con los precios de las mismas prendas en la Península, y siempre hay un familiar que asegura que en Madrid pagó por un suéter lo mismo que en Santa Cruz de La Palma. Y seguramente sea verdad, como también es cierto que si no existiera el REF, entonces el precio de un pantalón en las Islas sería muy superior al que se abona en el resto del Estado. La ropa y el calzado tienen un 3% de IGIC y un 21% de IVA, una diferencia considerable. Entonces, ¿por qué el precio de muchas prendas es el mismo en Mogán y en Albacete? Pues justamente por esa menor carga fiscal. El asunto no es que con menor impuesto al consumo se pague lo mismo, sino que gracias al menor impuesto al consumo se paga lo mismo. De nuevo queda de manifiesto el espíritu del REF: compensar a los canarios para que sus condiciones de vida sean lo más parecidas posible a las de sus compatriotas. De lo contrario, el presupuesto para ropa de nuestra familia tipo tendría que ser mucho mayor.

Mercancías

Mercancías.

El padre de nuestro ejemplo trabaja precisamente en unos grandes almacenes, en el departamento de logística. La actividad de su empresa implica un trasiego constante de mercancías, que por lo general vienen de la Península y luego se redistribuyen desde las islas capitalinas entre las tiendas de las periféricas. Sin el REF, esta empresa no sería viable. Ni esta ni las industrias, verbigracia, que tantas materias primas tienen que importar. ¿Cómo podrían competir estos negocios pagando facturas desorbitadas por traer las mercancías e insumos desde la Península? Las mismas mercancías e insumos que a sus competidoras en Huelva o Cádiz les salen cinco, diez, veinte o cincuenta veces más baratos porque se ahorran los fletes marítimos. Una cojera inevitable –Canarias nunca estará más cerca de la Europa continental– que de nuevo se alivia gracias al REF. A la muleta del REF. Por eso el Régimen Económico y Fiscal incluye una serie de ayudas al transporte marítimo y aéreo de mercancías tanto entre la Península y el Archipiélago como entre las islas. Si no, la actividad de muchas empresas sería sencillamente imposible, y con ellas desaparecerían miles de puestos de trabajo como el del padre de nuestra familia modelo. Tal vez sea este uno de los ejemplos más claros de por qué las medidas del REF que parecen dirigidas a las empresas en realidad están dirigidas a toda la sociedad. Las subvenciones al transporte de mercancías son el sostén de muchos puestos de trabajo y también evitan el encarecimiento de los productos. Sin ayudas para traer materias primas, insumos u otros bienes, las empresas no tendrían más remedio que repercutir el coste del transporte en el precio de venta, que se dispararía así a cifras inasumibles.

Barco y avión.

Barco y avión.

Otro de los factores que están detrás del REF y del estatus de Región Ultraperiférica que la Unión Europea le confiere a Canarias –el REF y la condición de RUP, aunque aquel sea muy anterior, van indisolublemente unidos, ya que el fuero suaviza las desventajas de la ultraperiferia– es la fragmentación del territorio. Los peninsulares pueden recorrerse la Península Ibérica de cabo a rabo por carretera; los isleños necesitan sí o sí coger el barco o el avión. El descuento a los residentes en el billete –el famoso descuento del 75%– no requiere así prueba particular: resulta evidente para equiparar a los canarios al resto de los españoles en términos de movilidad interior. Pocas medidas del fuero regional muestran tan a las claras el objetivo de equiparación que subyace en el REF, y tal vez por eso la bonificación en el transporte marítimo y aéreo a los residentes sea la más conocida. Es la medida, la gran medida, que permite que nuestra familia de Tenerife o Gran Canaria pueda visitar con regularidad a los abuelos paternos, que viven en Lanzarote, y a los maternos, que residen en La Gomera, sin dejarse una cantidad inasumible.

Servicios

Servicios.

El REF está presente cuando los canarios empiezan el día, cuando van a trabajar, durante su jornada laboral, cuando cogen el barco o el avión para moverse entre las islas –o para ir o venir de la Península– e incluso cuando el día termina y llega el momento de tomarse unas cañas con los compañeros de la empresa. Porque también en el afterwork, ese período puente entre el final de la jornada y la vuelta al hogar, está presente el singular fuero de la Comunidad Autónoma. Las dos cañas que un madrileño se toma en su particular afterwork llevan un 21% de IVA, mientras que las dos que consume un canario están gravadas con un 7%, que es el tipo general del IGIC. El mismo tipo que se aplica en la prestación de servicios de restauración, en los bares y en las cafeterías –salvo que la madre o el padre de nuestro ejemplo decida cambiar por un día la cerveza por una copa de aguardiente o licor, ya que estas bebidas alcohólicas están gravadas con un 15% de IGIC–. Con excepciones, la generalidad de los servicios soporta en el Archipiélago una carga al consumo del 7%, desde la visita a la peluquería o barbería hasta la entrada para el Loro Parque o el Poema del Mar. E ir al cine o al teatro incluso tiene menor gravamen, ya que desde 2016 se tributa en estos casos a un tipo reducido del 3%. En definitiva, el REF también esta junto a los canarios cuando llega el fin de semana y toca hacer planes en familia. ¿Que cómo es posible que se abarate también la carga fiscal del ocio? Pues por una sencilla razón: porque uno de los pilares del fuero es la búsqueda de la cohesión territorial –con medidas como las subvenciones al transporte de viajeros y mercancías–, pero también económica y social, algo que obliga a tener en cuenta la menor renta de los canarios. En el fondo, detrás de todas las medidas del REF están las mayores dificultades que afronta una sociedad pequeña, fragmentada y situada a miles de kilómetros del mercado común en su camino hacia el progreso.

Telefonía

Telefonía.

También cuando los canarios hablan por el móvil está ahí el REF, agazapado y desapercibido. Los servicios de telefonía móvil y de Internet también están gravados al tipo general del 7% de IGIC. Si en la Comunidad Autónoma se aplicara el IVA, la factura que las multinacionales de las telecomunicaciones les pasan cada mes a las familias se encarecería de forma notable. Tanto como un 14%, que es la diferencia entre ese 7% del Archipiélago y el 21 de IVA vigente en las demás regiones del país. Así pues, cuando los hijos de nuestra familia telefonean al padre o a la madre durante la pausa en el colegio o el instituto es el REF el que limita el coste de la llamada con esa menor carga impositiva.

Empleo y actividad económica

Empleo y actividad económica.

Todos los ejemplos anteriores de cómo el REF ayuda a la economía doméstica de los canarios no podrían darse si el singular fuero autonómico no incluyera otras medidas para promover la creación de empleo y la actividad productiva, es decir, la inversión y la implantación de empresas. Dicho de otro modo: si no incluyera medidas para que esos grandes almacenes en los que trabaja el padre de nuestra familia canaria puedan desarrollar su actividad en condiciones similares a las de sus competidores peninsulares. Sin esas medidas, seguramente la empresa no podría haberse implantado en el Archipiélago y no podría haber creado equis puestos de trabajo, incluido el del padre de familia de nuestro ejemplo. Es en este punto del Régimen Económico y Fiscal, justo en su vertiente fiscal, donde figuran todos esos incentivos, ayudas y compensaciones de índole tributario que de forma paradójica son más conocidos por la sociedad que el hecho de que el REF abarate los recibos de la luz y el agua. Su justificación es evidente: sin empresas y sin inversión no hay empleo, y sin empleo no hay prosperidad, y sin prosperidad no se puede fijar población.

ZEC, RIC, DIC.

En sus actuales términos, el fuero autonómico tiene su origen en el tardofranquismo, en la ley 30 del 22 de julio de 1972, hace ya medio siglo

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ZEC, RIC, DIC...

Porque esa, y no otra, es la justificación de instrumentos fiscales como la Zona Especial Canaria (ZEC), la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC) o la Deducción por Inversiones en Canarias (DIC), por citar tres de las grandes herramientas de índole tributario con que el REF promueve la inversión, la ejecución de proyectos y la instalación de empresas en la Comunidad Autónoma. Herramientas en ocasiones denostadas incluso desde la tribuna del Parlamento autonómico –de un tiempo a esta parte por los representantes de Podemos– por quienes confunden la necesidad, difícilmente cuestionable, de rebajar la carga fiscal de las empresas que operan en las Islas con el hecho de que haya que pulir los instrumentos. Es verdad, por ejemplo, que quizá haya que dar una vuelta a la RIC o la DIC para que tengan un mayor carácter anticíclico, es decir, para que sean más eficaces en tiempos de crisis. Y también es cierto que deben acabarse las lagunas en la ZEC, esas que muchas veces se originan desde Madrid, exactamente desde el Ministerio de Hacienda y más en concreto desde la Dirección General de Tributos. El último ejemplo es el del comercio triangular, el trading, una actividad que ha crecido mucho en la última década bajo el paraguas de la Zona Especial Canaria y cuya continuidad está amenazada ahora por la Hacienda estatal, que dice que si las mercancías no pasan físicamente por el Archipiélago –el trading consiste justamente en comprar productos en un país y venderlos en otro–, las empresas no pueden acogerse a los beneficios de la ZEC. Cabe recordar que la ZEC permite a las empresas tributar en el Impuesto sobre Sociedades a un tipo hiperreducido del 4% a cambio de cumplir unos compromisos de inversión y de empleo, respetándose así el espíritu del REF y con el fin último de diversificar la economía regional, siempre tan dependiente del negocio turístico. Por su parte, tanto la RIC como la DIC son herramientas fiscales para promover la inversión en las Islas, que en última instancia es la gasolina para el crecimiento del tejido productivo y del empleo.

Mucho más

Mucho más.

El REF es todo lo apuntado, pero el REF es también mucho más que todo lo apuntado. Entre otras cosas porque se trata de un régimen cambiante que debe modificarse de forma periódica para adaptarlo a cada nueva realidad. Y también para ajustarlo a las directrices –también cambiantes– que regulan las ayudas de Estado en la Unión Europea. No en vano, el REF es, en el fondo, una ayuda de Estado excepcional para un territorio también excepcional, como evidencia su condición de RUP. De hecho, los cuatro grandes pilares sobre los que se sustenta el fuero autonómico son el estatus RUP; la mencionada búsqueda de la cohesión social, económica y territorial; la promoción de Canarias como plataforma internacional de negocios en el Atlántico; y la necesidad de que la inversión estatal esté en línea con la del resto de Comunidades Autónomas. Al fin, el REF es también, al margen de ese compañero diario tan desconocido como imprescindible, el que obliga al Estado a elaborar un plan de empleo específico para el Archipiélago; el que establece ayudas a la movilidad de estudiantes y profesores; el que incluye un programa de becas para los estudiantes de una isla en la que no se imparta la carrera o el ciclo que quieran cursar; el que incorpora planes para la mejora de las infraestructuras y la formación en la industria turística; el que recoge ayudas para el alicaído sector primario; o el que promueve la plena digitalización y la sostenibilidad medioambiental.

Canarias sufre una cojera irremediable por estar a miles de kilómetros del mercado común. El REF es la muleta que ayuda a las Islas a caminar hacia el mismo objetivo que el resto de Europa: el progreso social y económico.

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