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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Un liberal moderado que siempre soñó con un Archipiélago mejor

Un trabajador incansable que se mostró convencido de la necesidad de variar el modelo económico e incrementar la productividad de las Islas

La vida de Ángel Ferrera, en imágenes LP/DLP

El bagaje tangible que constituyen la contribución al tejido productivo, el impulso a la formación y la puesta en marcha de una panoplia de organizaciones empresariales acumulado por Ángel Ferrera durante cinco décadas tuvo siempre como punto de partida su aptitud para el pensamiento y el debate. El liberal clásico que nunca ocultó ser siempre estuvo dispuesto a conversar con quienes se decantaban por otras manera de entender la existencia. Era su manera de tomar el pulso a la sociedad real.

Por eso mismo, su opinión fue requerida y estuvo presente en la práctica totalidad de los asuntos que en cada momento estaban llamados a definir el futuro del Archipiélago: asociacionismo empresarial, encaje de las Islas en el proyecto europeo, Régimen Económico y Fiscal (REF), modelo energético, diversificación de la economía canaria...

Modelo económico.

Llegó la crisis de 2008 y Ángel Ferrera hizo un diagnóstico claro. Prueba de que llegado el momento no se casaba con nadie es que en aquel momento no eximió de responsabilidades a quienes en los años precedentes habían decidido jugar a «los beneficios fáciles».

Pero más allá de la proliferación de chiringuitos al calor de plusvalías irreales que terminaron por convertirse en pérdidas millonarias, Ferrera criticó la falta de insistencia en «la búsqueda de alternativas a los tres motores de la economía: el turismo, la construcción y el consumo interno».

En su opinión, «las autoridades económicas deberían haberse preocupado de impulsar alternativas que diversificaran la economía» canarias. Entre ellas, citaba «las energías renovables o las actividades productivas exportadoras». Estimaba que la sociedad de las Islas en su conjunto no supo «aprovechar las oportunidades» que se le habían presentado en las décadas precedente «para que el modelo productivo fuera menos dependiente y más competitivo».

Era de los que se temía que llegara un crack. Quizá no del tamaño que asoló las economías occidentales. Cuando llegó y sin olvidar que tras la tragedia general se contraban hogares, familias y personas, abogó por tomar la parte de enseñanza que el golpe dejaba.

«Podemos tomar conciencia de nuestras debilidades. Si las ayudas a la formación y al empleo hubieran sido planteadas y aplicadas de forma eficiente, si los incentivos, la RIC [Reserva de Inversiones para Canarias], fueran desprovistos de tanta rigidez y el ritmo de ejecución de los fondos europeos hubiese sido más rápido y transparente, estaríamos mejor», expuso cuando aún estaba por venir lo peor de una crisis que se cebó de manera especial con el Archipiélago por esa falta de cintura.

Autocrítica.

«Yo creo que hemos crecido mucho y en muy poco tiempo y una parte de nuestro empresariado no ha podido, o no ha sabido, adecuarse a los profundos cambios de tan sólo dos décadas. Otros, es cierto, ni lo han intentado». Los paños calientes eran una herramienta a no desdeñar y absolutamente prescindibles si la situación lo requería.

¿Que se producía una crisis internacional? ¿Que había que determinar los grados de responsabilidad de los jugadores? Bien, pero de todos, incluidos sus colegas y él mismo,, no rehuía la primera persona. «En general, creo que es responsabilidad nuestra, de los empresarios, prestar mayor atención a la formación de los equipos directivos, al fomento de la innovación de procesos y productos, a la introducción de las tecnologías y a la gestión y mejora de la productividad». Que cada palo aguantara su vela, lo que por definición significaba que no todos los protagonistas debían terminar en el mismo saco. ¿Todos los empresarios miraban tan solo sus cuentas de resultados? No. No todos renunciaban a explorar las posibilidades de encaje en un modelo más competitivo. «Afortunadamente para nuestro futuro económico otros sí lo hacen», matizaba.

REF.

«Las buenas leyes son aquellas capaces de cumplir sus objetivos, y tratándose de incentivos fiscales que afectan a impuestos, la letra chica importa y mucho». En estos términos, Ferrera demandaba de la clase política que se afanara por vigilar que el fuero canario tuviera una traducción al plano real. Lo hacía con motivo de la reforma de la parte fiscal del REF de 2015. «Se transmitió a los gobiernos canario y central la necesidad de incorporar determinadas precisiones técnicas que no han sido tenidas en cuenta, y espero que se incorporen en el desarrollo reglamentario»; en esa letra chica a la que aludía. Consideraba absolutamente «necesario acabar con la inseguridad jurídica. Si nos remitimos a los antecedentes, la conflictividad con la Agencia Tributaria ha judicializado en exceso, por ejemplo, la utilización de la RIC».

Ahora proliferan las iniciativas para explicar a los ciudadanos qué significa el REF, qué utilidad tiene para ellos. «Gran parte de los aspectos económicos son esenciales, diría que básicos, para todos los que vivimos en estas Islas. Aunque muchos no se percaten de ello, afecta a todos los ciudadanos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, todos los días de nuestra vida desde hace muchos años. Se trata de contar con precios de la energía eléctrica análogos a los del resto del territorio nacional, del precio del agua, reducciones de tarifa del transporte marítimo y aéreo de personas y compensaciones al transporte de mercancías, de las telecomunicaciones, de la formación profesional, etc. Se trata, en definitiva, de acercar las condiciones de Canarias a las del resto de España, nunca igualar, porque eso es imposible», explicaba.

Y añadía cuando se le instaba a elegir: «Yo creo que tiene más importancia el REF que nuestro Estatuto de Autonomía. El REF constituye el verdadero fuero canario. El REF ha estado presente siempre a lo largo de nuestra historia y a él debemos los niveles de desarrollo económico y social de nuestras Islas. Sin él es imposible imaginarme Canarias, mientras que estatutos de autonomía son 17 y sin uno hemos vivido aquí hasta hace treinta y pocos años».

Como conocedor del fuero isleño, también advirtio en más de una ocasión a los legisladores y gobiernos de los límites que nunca podían traspasarse. Lo hizo también en ese 2015 cuando el Gobierno central –entonces del PP– amagó con vincular las ventajas contenidas en el REF con el reparto de fondos estatales para las comunidades a través del sistema de financiación autonómica.

«Si lo que se pretende es vincular el gasto fiscal del REF con la reforma de la ley de financiación de las comunidades autónomas, eso es ilegal. La Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas impide de forma expresa este asunto». Sin ambages, recordó entonces a Madrid que la corrección vía REF de una parte de las desventajas que enfrentaba Canarias no podía significar una recorte presupuestario en los servicios básicos esenciales.

Poco después, el Gobierno de Canarias –por entonces sustentado por un pacto CC-PSOE– consiguió de que el fuero canario quedara desligado del sistema de financiación. Tras la última reforma de este, el Archipiélago no tenía acceso a un bloque del reparto, cuestión que quedó definitivamente aclarada, tal y como Ferrera, entre muchos otros, demandaba desde hacía años.

Jubilación.

Los años pasaban, también para Ferrera, y él era consciente de ello. Por eso no se molestaba cuando se le preguntaba por el futuro que había dibujado para sí. Y claro que era consciente de que llegaría el momento de entregar el testigo de una u otra manera. Lo que ocurría es que aún le sobraban las fuerzas y no quería dar un paso a un lado mientras la crisis de 2008 siguiera regando de su veneno la economía y la sociedad de Canarias.

«Me gustaría hacerlo», decía sobre jubilarse, «cuando se vea enfocada la salida de la crisis». Quería dedicar más tiempo a su familia. Eran varios los nietos que se agarraban ya a sus pantalones en demanda de atención. Sabía que en muchos momentos, su dedicación en cuerpo y alma al trabajo había hurtado a los suyos demasiado de su tiempo y creía llegado el momento de compensarles.

Además, tenía dos «hobbies», que así le gustaba denominarlos: la Fundación Bravo Murillo y el Centro Atlántico de Pensamiento (Catpe). «Sería un retiro activo. En España el talento sénior no está aún muy valorado. Eso sí, me podré marchar tranquilo porque los que vienen detrás están sobradamente preparados», afirmaba.

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