Las mujeres rurales alzan su voz ante las administraciones ‘sordas’
Las trabajadoras del campo piden ayudas, mejores accesos al agua de riego o más visibilidad para los productos locales, pero sobre todo que se las escuche

Astrid Pérez (segunda por la derecha) rodeada de algunas mujeres que acudieron al encuentro en el Parlamento. / María Pisaca
Una retahíla de historias del campo resonaron ayer en la Cámara regional. Desde los 70 escaños una tras otras relataron sus día a día, sus alegrías ligadas a la agricultura o la ganadería actividades –muchas veces heredadas de sus madres– y también sus muchas penas: Las dificultades para acceder a agua suficiente para regar, seguridad ante los amantes de lo ajeno, ayudas para abaratar costes o más foco para unos productos que son, sin duda alguna, eso que ahora se ha dado en llamar ‘de kilómetro cero’. De todo eso se quejan, pero además de la lejanía de las instituciones de quienes se dedican a esto del sector primario. Así lo fueron desgranando para la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez, con ocasión del Día Internacional de las Mujer rural:
Las papas fuera.
El problema del abastecimiento de las papas fue uno de los asuntos que se puso sobre la mesa. Milagros, por ejemplo, recordó que, siendo esto islas «casi todos los productos vienen de fuera, como las papas» pero lo que no parece justo es que a los agricultores locales se les pague el kilo de papas «a 60 céntimos, si no a 40». Planteó la necesidad de inspeccionar más y mejor «lo que viene de fuera» y «no desvalorar tanto las cosas de aquí».
Lo nuestro.
Pilar Hernández López, de Turrones Maribel, recordó en la Cámara que cada vez son menos las personas que se dedican esta tal actividad tan ligada a las fiestas locales. En estos momentos hay apenas seis las empresas en Canarias que se dedican a hacer este producto, por eso reclamó más apoyo, ya que los turrones artesanos forman parte «de la tradición y de una identidad, que no se deben perder». Liz Peña, gestora de productos gastronómicos, agradeció al Parlamento la invitación y que se dé visibilidad a esta parte de la sociedad. Cree que el producto local debe ser cada vez más difundido y reclama que desde las administraciones se articulen un plan para garantizar el relevo generacional, en la medida en que el sector se halla cada vez más desfavorecido.
«Las administraciones tienen que acercarse al sector para conocer sus dificultades»
Pilar gestiona junto con sus hermanas Teresa y Mary la firma que heredaron. Ellas son la cuarta generación. Una nieta de Teresa, de 21 años, puede que se convierta en la quinta.
Su madre, que murió hace un año, dejó mucha clientela. Venden en los puestos de las fiestas populares. Pero también están aquellos consumidores que contactan con ellas por teléfono, con mensajes de whatsapp o a través de la página de Facebook, por ejemplo. Y también se adaptan a las nuevas demandas del mercado. Por ejemplo, realizan productos para bodas, bautizos o comuniones por encargo.
Las féminas siguen relegadas en el acceso a la titularidad de las explotaciones
Según Teresa Hernández, la actividad está declarada Bien de Interés Cultural (BIC), pero lamentan la falta de ayudas para abaratar costes.
Candelaria Rodríguez Suárez, presidenta de la Cooperativa La Candelaria, de La Laguna, recordó que «la mujer siempre estuvo en un segundo plano respecto al marido, a pesar de que trabajaba igual o más que éste». Frente a quienes otorgan una prioridad casi absoluta al turismo, Rodríguez Suárez recalcó que muchos turistas buscan consumir productos alimenticios locales y disfrutar de un paisaje con campos cultivados. Es decir, que reclamó la complementariedad de ambas actividades económicas y la relevancia de mantener el sector primario.
Alba Pérez Alonso, de 26 años, se ve con ganas, pero avisa que «se les debe apoyar más»
María de los Ángeles Chaparro Herrera se identificó ante sus compañeras y la presidenta de la Cámara como agricultora y apicultora. Denunció las distintas varas de medir a la hora de poner los productos en el mercado. «A la hora de hacer el envasado nos exigen determinados requisitos», pero después existen otras empresas o personas «que envasan y venden por debajo del precio de nuestros costes», comentó.
Siembra versus piscina.
Una de las referencias al supuesto consumo de recursos por parte del turismo en detrimento de la agricultura fue expuesta por la agricultora Irene Barrera. Aseguró que hace tres meses que espera para poder sembrar, pero no ha podido hacerlo por carecer de agua, mientras que dicho producto nunca falta para llenar piscinas y regar jardines de complejos turísticos.
Como hija y nieta de agricultores se pregunta qué pasará si los visitantes no encuentran un paisaje agrario en activo o gastronomía en la que se emplee materia prima local. «El campo se está secando», advirtió.
«Vendemos en fiestas, pero también a través de Facebook y para eventos por encargo»
También le parece a Barrera muy preocupante que algunos técnicos o autoridades políticas afirmen que «no es rentable» hacer infraestructuras para aprovechar las aguas de escorrentía, con la excusa de que, con el cambio climático, cada vez llueve menos.
Proyecto a pique.
En el Parlamento se escucharon testimonios de personas que mantienen sus empresas o que luchan como autónomas. Pero también se oyó el de una mujer que aseguró que tuvo que dejar de dedicarse a la agricultura, lo que realmente le apasionaba, por faltas de ayudas reales por parte del Gobierno canario y otras instituciones.
Esta, natural de Fuerteventura, invirtió todos sus ahorros en un proyecto con invernaderos, para lo que compró una finca en el sur de Tenerife. Y para ello contaba con una subvención para menores de 40 años del Ejecutivo autónomo. Entre los muchos problemas a los que se enfrentó, mencionó uno con el catastro que afectó a su propiedad. Después de muchos esfuerzos, se enfrentó a la realidad de que en el supermercado se vendían productos similares a los suyos por un precio inferior a los de sus costes.
Algunas prefieren que subvenciones para forraje antes que para ellas como empresarias
Y, cuando impulsó otro proyecto de germinados ecológicos, halló «grandes dificultades» por parte de la Administración. Aunque pidió ayudas, nadie apostó por su propuesta. Después de 11 años, tuvo que rendirse. Sola no llegaba.
Quintero destaca que los ingresos de las productoras no reflejan el papel que desempeñan
La herencia.
Alba Pérez Alonso tiene 26 años y es ganadera. Admitió que siente «amor» y sigue luchando por el cuidado de sus cabras, algo que le inculcó su abuelo. Pero, de forma paralela, tiene «pena y tristeza».
«Nos dedicamos a la agricultura, pero solamente para autoconsumo, con una huerta»
Se dedica a producir queso fresco, pero para complementar sus ingresos también debe trabajar como camarera en la hostelería. ¿Por qué? Una paca de paja pequeña, de entre 20 y 30 kilos, cuesta unos 16 euros, si se trata de una de 300 kilos de regrás, entonces el precio sube a los 140 euros; y si es un producto de más calidad, ya asciende a los 200 euros. Sin ayudas para reducir los precios de los forrajes, el futuro lo ve negro. «Es duro llegar a fin de mes; ilusión y ganas sí hay, pero hay que ayudar más».
La huertita.
Araceli de León y su madre, Exaltación, vecinas de La Esperanza, representan a las mujeres rurales que cultivan para el autoconsumo. Según Araceli, «si a los agricultores profesionales les faltan ayudas, imagínense a nosotros», dijo tras el acto en el Parlamento. Ambas mujeres tomaron un protagonismo singular durante el incendio forestal que comenzó en agosto en Arafo y se extendió por diversos municipios de Tenerife.
«No pido subvenciones, prefiero apostar por la autofinanciación y llegar a donde pueda»
Ambas se dedicaron a hacer comida para llevar a los profesionales y voluntarios que participaron en las tareas de extinción. De forma altruista, les llevaron alimentos por la mañana, a mediodía y por la noche.
Exaltación tuvo que ir a recoger pinocha al monte desde que tenía siete años. Durante los duros años de la posguerra, esta mujer, de 77 años, iba con un caldero a la zona donde los soldados hacían ejercicios prácticos para pedirles lo que sobraba de su comida. Con esos productos podían comer ella y sus hermanos menores. El gesto del pasado agosto fue una manera de compensar aquella ayuda impagable en tiempos durísimos.
Las investigadoras Ana María Morales y Anabel Calderín, integrantes del Consejo de Dirección de la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de Canarias, proponen una mayor profesionalización de las mujeres que se dedican a hacer queso en el Archipiélago, así como favorecer una formación profesional específica para garantizar su relevo generacional.
Así consta en las conclusiones del avance del estudio que han realizado con queseras de las diferentes Islas y en el que han querido participar voluntariamente una veintena de dichas ganaderas. Las autoras del trabajo plantean otras medidas de cara al futuro en esta actividad, como fomentar el emprendimiento entre el colectivo femenino, el acceso a recursos de conciliación de la vida laboral y familiar, así como que los hombres (parejas o hermanos) asuman partes de sus labores domésticas o profesionales.
Uno de los elementos clave es que estas mujeres rurales puedan acceder a los derechos de titularidad sobre las explotaciones ganaderas que gestionan, pues en muchas ocasiones siguen siendo los hombres quienes ostentan la propiedad y estos las dejan en herencia ya a sus hijas. Y también se defiende la importancia de la titularidad compartida de estas empresas, con el objetivo de que, por ejemplo, ninguna hermana salga perjudicada en los procesos de representación ante los organismos públicos.
La investigación sugiere a las protagonistas la posibilidad de que intenten ofrecer actividades complementarias, con el objetivo de que puedan incrementar sus ingresos.
En cualquier caso, Morales y Calderín consideran que las queseras más jóvenes tienen un mayor nivel de formación y estudios, con que favorece que puedan diversificar su oferta y ampliar su mercado. Es decir, que no sólo hagan queso, sino que se formen para también producir yogures, por ejemplo.
Uno de los problemas recurrentes en las mujeres de más avanzada edad es que no han cotizado lo suficiente ante la Administración de la Seguridad Social, por lo que no podrán obtener una pensión digna y algunas ni siquiera piensan en llegar a jubilarse algún día. En cuanto al perfil de la población femenina que se dedica a la producción de dichos alimentos, el 35% sólo tiene estudios básicos; el 40% cuenta con formación de ciclo de grado medio, mientras que en un 15% cuenta con estudios superiores en ámbitos como la ganadería o administración de empresas.
El consejero de Agricultura y Ganadería del Gobierno canario, Narvay Quintero, destacó ayer en la presentación del estudio que las mujeres siempre han jugado un papel determinante en la producción quesera, que no ha estado acompañado, en la mayoría de los casos, de la correspondiente contraprestación económica, ni reflejado en la titularidad de las explotaciones ganaderas o de las queserías, ni gozado del merecido reconocimiento.
Quintero dijo que el estudio avanza algo interesante y positivo, como que se está produciendo un cierto relevo generacional femenino, que va acompañado de una mayor formación y profesionalización del sector.
Este también experimenta una progresiva modernización y diversificación de sus producciones (además de queso se elaboran otros lácteos y se desarrollan actividades complementarias). «Debemos trabajar para impulsar el número de mujeres titulares de explotaciones y queserías y en la visibilización de referentes profesionales femeninos que atraigan a nuevas generaciones y en romper con los clichés», añadió. P. F.
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