La demanda de papa se desploma un 30% sobre las previsiones de venta
La producción recupera fuerza y deja sin sitio a las importaciones de tubérculo de Egipto
Los operadores no hallan explicación a la inesperada ‘pérdida de apetito’

Recogida de papas en una finca de San Lorenzo, en Las Palmas de Gran Canaria. / QUIQUE CURBELO

A la cantidad de factores que convierten la producción de papa canaria en «un deporte de riesgo», como la define el presidente de la cooperativa agrícola Las Medianías (San Juan de la Rambla, Tenerife), Manuel Reyes, se une una ahora un inesperado desplome de la demanda. Y a mitad de camino surgen maniobras comerciales que cierran las rendijas por la que asomarse al futuro. «¿Relevo generacional? ¿Cómo va a haberlo?», lamenta Reyes.
Las previsiones de venta, basadas en la experiencia de los últimos años, se han quedado «un 30%» por encima de la realidad, según Alonso Fernández, secretario general de Asuican (Asociación de Supermercados de las Islas Canarias). ¿La razón? Esa es la peor noticia para los agricultores del Archipiélago, que nadie atisba una convincente, no existe un factor decisivo que esté perturbando el normal funcionamiento del mercado y pueda eliminarse.
Bien es cierto que los alojamientos turísticos no están en el momento de mayor ocupación del año y que los comedores escolares han cesado su actividad con el final del curso escolar. Sin embargo, esas son cuestiones que ocurren todos los años y en ninguno como en este se ha producido un «estancamiento del consumo», continúa Fernández, del tamaño del actual.

Fincas de papas y piñas en Valsequillo / Andrés Cruz / LPR
Ante la inexplicable de la situación, el secretario general de Asuican opta por pensar que será «coyuntural». ¿Y cómo están conduciendo la situación los puntos de venta al consumidor? «Ofertando el producto», continúa. Los precios de la papa del país –excluida la negra, mucho más cara– osciló entre 1,10 y 1,50 euros por kilo en Mercatenerife y entre 0,95 y 1,15, en Mercalaspalmas.
Con ese valor de venta al por mayor no se explica, si no es por lo que apunta Fernández, el encontrarlas a 0,99 euros por kilo en algunos supermercados. O también, como señalan algunos productores, porque los establecimientos aprovechan para marcar un precio bajo de salida para la papa que aún queda por vender.
En el Norte de Tenerife, el periodo de cosecha se ha extendido y aún hay producto por coger
No hay posiciones comunes en este punto. En Asuican niegan que sea así, productores grancanarios aseguran, por contra, que no es la primera vez que sucede; Theo Hernando, secretario general de la delegación canaria de la Asociación de Agricultores y Ganaderos (Asaga), sostiene que no tiene mucho sentido cuando «la campaña de recogida ha finalizado», y, por último, Manuel Reyes avisa de que en el Norte de Tenerife aún hay mucha papa plantada.
Con tanta disparidad, los hechos mandan. Y lo es que este año los importadores llenaron contenedores con papa de Egipto. «Descubrieron el negocio el año pasado», relata Reyes, «cuando surgió el problema del escarabajo de Colorado» en el condado de Kent (Inglaterra). Se refiere de ese modo a la obligada apertura de nuevos mercados para paliar la súbita caída de la oferta al final del verano del pasado año ante la prohibición de importar desde el área afectada por la plaga.
La experiencia debió resultar provechosa, pero la apuesta no salió como esperaban. Primero hubo problemas con el transporte y cuando por fin llegó la mercancía, «se encontraron con el mercado inundado de papa local», revela Manuel Reyes. El calor y la sequía provocaron una importante disminución de la producción el pasado año. Tanto que por «vez primera en 25 años» la cooperativa Las Medianías no tuvo que recurrir a las cámaras frigoríficas para conservar las papas; el incremento de la importación tenía sentido.
Es más, tampoco tiene una explicación del todo lógica que la cosecha haya crecido este año, porque las condiciones ambientales no han variado. Con el agravante para la actividad importadora de que, como apunta el presidente de la cooperativa, aún quedan tubérculos por recoger en el suelo. «¿Quién va a querer una papa de Egipto vieja, cosechada en diciembre o enero, teniendo disponible papa del país nueva?», resume el problema Manuel Reyes.
Una extensión de la campaña de recogida que está en la línea del «reparto de las producciones» que defiende Asaga. Cambiar la programación, como defiende Hernando, garantiza las existencias en franjas temporales más amplias que las actuales. Además, abre la puerta a la obtención de mejores precios por parte de los productores, que no se encontrarán un mercado tan inundado de papas como ocurre tradicionalmente entre mitad de abril y mitad de junio.
Theo Hernando confirma que el nivel de stockaje es elevado y la papa egipcia también presiona para encontrar su propio hueco a bajo precio, lo que no es buena noticia para la agricultura canaria. Los principios liberales sostienen que el mercado se regula solo. Quizá lo haga, pero, quizá también, solo después de tirar toneladas de papa a la basura, sobre todo la que llegó de Egipto. Con las aguas tan revueltas y sin poder determinar cuándo recuperará brío la demanda de papa, Reyes lo tiene claro: «Compren producto local».
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