Santiago, con 47 años cotizados, denuncia el recorte de su pensión: "Nos castigan con una cadena perpetua"
Tras quedarse en paro, tuvo que jubilarse antes de tiempo y hoy carga con una penalización que considera injusta

PI STUDIO
C. Suena
Trabajar desde niño, cotizar durante décadas y llegar a la jubilación con la esperanza de un descanso merecido. La historia de Santiago rompe esa imagen. Su caso, difundido en Youtube por Asjubi40, retrata la situación de quienes comenzaron su vida laboral siendo menores y, pese a haber sostenido el sistema durante una vida entera, hoy denuncian una penalización que consideran injusta y permanente.
“Entré a trabajar con 14 años”, arranca. Esa frase, que podría ser una anécdota generacional, se convierte en el hilo conductor de un testimonio que pone el foco en una queja muy concreta: haber cotizado casi medio siglo y ver recortada la pensión para siempre.
Una vida laboral interrumpida por un despido
Santiago explica que todo cambió en los últimos años de su carrera. Pese a una trayectoria laboral continua, llegó un despido. Después vino el paro. “Estuve como ocho o diez meses en el paro”, recuerda. Parecía una transición, un puente hacia un nuevo empleo o la jubilación ordinaria unos años después. Pero esa transición se convirtió en la decisión definitiva sobre su futuro.
Según relata, la normativa de entonces le dejó sin margen: “Si tú estabas en el paro y tu pensión era más alta que lo que cobrabas del paro, te obligaban a jubilarte”. No fue una elección. No fue un plan. Fue una imposición.
Así, con 61 años, se vio forzado a acogerse a una jubilación anticipada que no había pedido.
El impacto: una reducción para siempre
El golpe real llegó al conocer la cuantía de su pensión. “Después de haber cotizado 47 años, me penalizan un 24%”, afirma. No es un recorte temporal. No es una medida transitoria. Él lo califica de castigo vitalicio: “Es una penalización que es para toda la vida”. Sus palabras se vuelven más contundentes cuando resume el efecto: “Una cadena perpetua”.
Para él, el sistema está fallando a quienes aportaron desde muy jóvenes y durante largos periodos de tiempo sin interrupciones. Y lo resume así: “Nos penalizan en nuestra pensión”.
Comparaciones que duelen
Lo que más le pesa no es solo la reducción, sino la comparación con otros perfiles. Santiago verbaliza una situación que considera incomprensible: “Una persona con 26 años cotizados le queda un 76% de su pensión; con 47 años me queda exactamente lo mismo”.
Su reflexión no ataca a otros colectivos ni compara realidades laborales, pero sí cuestiona lo que interpreta como una incoherencia en el sistema. “No tenemos nada en contra”, matiza, cuando habla de quienes pueden jubilarse antes sin penalización. Su reivindicación se centra en por qué él, que comenzó tan joven, tiene un recorte permanente.
“Nuestro problema es que después de haber cotizado tantos años, largas carreras, nos penalizan”.
La jubilación no es un alivio económico
A su denuncia añade otra idea que considera fundamental: la necesidad económica en la última etapa vital. “Cuando somos mayores necesitamos más dinero para muchas cuestiones”, afirma, negando la idea extendida de que el gasto disminuye con la edad.
Su crítica se dirige a una visión que, a su juicio, no encaja con la realidad: “Decir que los mayores necesitan menos dinero es mentira”. Para él, la reducción no solo es injusta en términos contributivos, sino también práctica, porque llega en el momento en que más recursos hacen falta.
Una lucha que cruza fronteras
Santiago no se limita a contar su historia. En su intervención habla de un paso más: viajar a Bruselas para exponer su situación. “El día 24 vamos a Bruselas”, anuncia, explicando que han sido llamados al Parlamento Europeo para trasladar allí sus testimonios y estudiar vías de reclamación.
También menciona reuniones en España: “Esto lo hemos hablado en el Parlamento Español con todos los portavoces del Pacto de Toledo”. Su objetivo es claro: ser escuchado. Ser entendido. Y, sobre todo, que esta penalización deje de aplicarse a quienes, como él, llegaron a la jubilación arrastrados por las circunstancias.

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Una historia colectiva con un rostro concreto
Aunque su testimonio es personal, deja claro que no es un caso aislado. Habla en plural, en nombre de quienes empezaron a trabajar siendo menores y hoy sienten que no se reconoce ese esfuerzo. “Somos muchos los que estamos sufriendo esto”, afirma. Y lo enfatiza al describir a las personas afectadas como quienes “hemos cotizado suficientes años”.
Su petición es simple: que el sistema retire las reducciones cuando se alcanza la edad legal de jubilación. Que quienes han contribuido tanto no carguen de por vida con un recorte que no eligieron.
Un reclamo: justicia en la recta final
“Nos castigan con una cadena perpetua”. La frase sintetiza el sentimiento de fondo: no pide privilegios, sino que no se penalice lo que considera una carrera cumplida con creces. Su testimonio no busca confrontación, sino corregir lo que percibe como una injusticia estructural que afecta a una generación trabajadora que entró al mercado cuando aún era adolescente.
Santiago no pide compasión. Pide reconocimiento. Y que el último tramo de su vida laboral no borre el esfuerzo de los 47 años anteriores.
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