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Sector primario

El campo canario avanza hacia un modelo dominado por grandes empresas

El mapa agrario canario se transforma por la concentración de fincas

Un agricultor trabaja en una finca de piñas en Veneguera, Gran Canaria.

Un agricultor trabaja en una finca de piñas en Veneguera, Gran Canaria. / Yaiza Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

La agricultura canaria sufre una silenciosa reconversión que está alterando la estructura del campo. Cada vez son menos los que cultivan y cada vez son mayores las explotaciones que quedan en pie. No solo ocurre en las Islas, es un proceso que se extiende por toda España y que está provocando la concentración del sector en manos de un número reducido de operadores. Desaparecen los pequeños productores y las fincas quedan en manos de grandes empresas. Según los datos del Censo Agrario de 2020 del INE, en el Archipiélago solo 52 productores superan las 100 hectáreas –de un total de 11.817 explotaciones–, un grupo muy pequeño que, sin embargo, controla 8.745 hectáreas de las 43.583 que están en uso agrícola en las Islas. Es decir, menos del 0,5% de los titulares maneja el 20% de la superficie. Una proporción que refleja cómo el campo canario se estrecha por arriba mientras se vacía por abajo.

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos de Canarias (COAG Canarias) lleva años advirtiendo de la deriva hacia un campo donde predominan menos explotaciones y de mayor tamaño. El represente de la coordinadora, Miguel López, subraya que identificar quién está detrás de estas operaciones no es sencillo. La propiedad está muy atomizada sobre el papel, pero los acuerdos de compra, alquiler o integración productiva dificultan seguir la pista. «Ponerle nombre y apellidos es complicado», admite. Lo que sí se observa con claridad es el patrón: menos titulares, más superficie por explotación y un creciente desplazamiento del agricultor familiar. «Canarias no es ajena al fenómeno de penetración de los fondos de inversión en el campo», reconoce.

El representante agrario añade que esta lógica no es exclusiva del sector primario. «Sucede en todos los órdenes de la economía», explica, desde la distribución alimentaria hasta la logística. Grandes empresas exigen volúmenes y estándares que empujan a muchos agricultores a integrarse bajo sus condiciones. Ese modelo advierte, convierte a productores tradicionales en proveedores subordinados que ponen la tierra, la maquinaria y el conocimiento, pero la planificación la decide un tercero. «Te conviertes prácticamente en un asalariado», resume.

Extinción

La presión de los costes –mano de obra, fitosanitarios, agua, energía– ha acelerado esta transformación. La pequeña explotación, la que sostenía a una familia, está cada vez más cerca de la extinción. Muchos terrenos quedan abandonados o se incorporan a estrategias empresariales a través de compras y arrendamientos. Otros pasan a manos de inversores que buscan activos estratégicos o incluso compensaciones ambientales, según advierte COAG.

Las organizaciones agrarias coinciden en que el fenómeno se percibe más en el sector platanero

El retroceso del minifundio también golpea al tejido cooperativo. Aunque no puede atribuirse únicamente a este proceso, López reconoce que las cooperativas se han debilitado y que algunas empresas de mayor tamaño han salido de ellas para operar en solitario, reforzando aún más la concentración del sector.

Tanto en COAG como en la Asociación de agricultores y ganaderos de Canarias y Asociación de Jóvenes Agricultores (Asaga Canarias) consideran que hay un subsector donde la tendencia es más evidente: el del plátano. El representante de Plataforma Agraria Libre de Canarias (Palca), Sergio Rodríguez, asegura que el 5% de los productores controla más de la mitad de la producción de Canarias. «En el Archipiélago operan alrededor de 6.700 productores plataneros, pero en los últimos dos años han desaparecido aproximadamente 400 explotaciones», explica Rodríguez.

La combinación de altos costes, falta de relevo generacional y una rentabilidad cada vez más ajustada está expulsando a los pequeños. «Los grandes tenedores tienen capacidad económica para adquirir fincas y marcar el ritmo del sector», afirma el representante de Palca. Esta concentración tiene efectos que trascienden lo estrictamente productivo. El plátano depende en gran medida de las ayudas del Posei y su amplia base social ha sido históricamente el principal argumento para mantenerlas. Si los productores desaparecen y las hectáreas se concentran en grandes operadores, advierte Palca, la posición de Canarias ante Bruselas se debilita. «La Unión Europea quiere proteger economías familiares, no alimentar la especulación», recuerda Rodríguez.

Algunos propietarios acaban trabajando bajo las órdenes de los empresarios que compran sus tierras

La presión también obliga a muchos agricultores a replantearse el cultivo. En zonas menos productivas ya se observa un trasvase hacia aguacate y mango. El aguacate, en particular, ha pasado de 900 a 2.500 hectáreas desde 2015.

En el extremo más duro del proceso están quienes se ven forzados a vender. Explotaciones que han acabado en manos de grandes tenedores tras crisis de precios o falta de sucesores. Incluso se han dado casos –más frecuentes en ganadería– en que el propietario termina trabajando como gerente para la empresa compradora.

Un fenómeno conocido

Canarias no es nueva en la tendencia a que pocas manos controlen buena parte de la tierra. Según Miguel López, representante de COAG Canarias, ya a finales del siglo XIX y principios del XX existieron procesos similares, cuando compañías extranjeras, y familias aristocráticas locales concentraron fincas vinculadas al negocio frutero de exportación.

«Este patrón tiene raíces históricas», explica López. La herencia de grandes propiedades favoreció la acumulación de tierras.

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