Vanessa Marrero Vázquez, Escuela de Tranquilidad Económica: «Ningún negocio tiene sentido si te roba la paz y la salud»
«La intranquilidad financiera nos hace vulnerables y afecta al ánimo y a la salud mental y física»

Vanessa Marrero, en Lanzarote. / David GP

Vanessa Marrero Vázquez es economista, mentora de finanzas estratégicas, coach y creadora de la filosofía Rentabilidad Expansiva, un enfoque transformador que une estrategia financiera y mentalidad expansiva para ayudar a emprendedores a construir negocios rentables que se adapten a su vida. Tras años de experiencia en gestión empresarial y haber vivido en carne propia el impacto del desorden financiero, desarrolló un modelo propio que demuestra que sí se puede ganar dinero con claridad, coherencia y bienestar. Su Escuela de Tranquilidad Económica ha impartido cursos online a más de 7.000 alumnos de todo el mundo. También trabaja en pequeños programas grupales e individuales con formación presencial.
¿Cómo nace su vocación por la educación financiera?
Mi vocación por la educación financiera no nace de toda la vida. De hecho, estudié Económicas casi por casualidad. La verdadera pasión surge a partir de mi experiencia en la empresa familiar, que ha sido mi mayor escuela. En 2008, la crisis económica nos golpeó y la empresa entró en concurso de acreedores y posterior liquidación. Fueron años muy duros, de gran aprendizaje, pero de mucho sufrimiento. Con apenas 30 años, asumí enormes responsabilidades y afronté un juicio en el que se me reclamaban millones de euros, una situación profundamente injusta que, afortunadamente, se resolvió. Fue un punto de inflexión. En medio de la dificultad, entendí —a través de la reflexión y la búsqueda consciente— que todo tenía un sentido: ayudar a otras personas a no vivir lo que nosotros vivimos. Ahí nació mi vocación por la educación financiera: enseñar a empresarios y empresarias a planificar, entender sus números y tomar decisiones desde la previsión y la tranquilidad. Con el tiempo amplié ese enfoque a las finanzas personales, aunque siempre he tenido claro que mi verdadera pasión está en las finanzas empresariales y en la construcción de negocios sostenibles.
Enseño a planificar, a entender los números y a decidir desde la previsión y la tranquilidad»
¿Qué es que lo qué diferencia a su enfoque del de otras profesiones de la educación financiera
La diferencia de mi enfoque nace, precisamente, de mi experiencia. Cuando se habla de educación financiera el dinero suele ocupar el centro de la conversación. Yo propongo algo distinto: entender que las empresas van más allá del dinero. Un negocio tiene que ser sostenible económicamente; si no, no es un negocio. Pero la educación financiera, bien entendida, no solo sirve para ganar dinero, sino para generar Tranquilidad Económica. Ese es el concepto que he desarrollado y que está en la base de todo mi trabajo. Sé las consecuencias que tiene vivir con intranquilidad financiera. No afecta solo al bolsillo, afecta al estado de ánimo, a la salud mental y a la salud física. Mi enfoque no se limita a enseñar números, sino a ayudar a empresarios y empresarias a construir negocios que les permitan vivir con calma, previsión y seguridad. Para mí, un negocio tiene que dar dinero, sí, pero también bienestar. El negocio debe adaptarse a la vida de la persona, y no al revés. Durante mucho tiempo nos han contado que el negocio debe ocuparlo todo. Yo creo justo lo contrario: la persona está en el centro y, a partir de ahí, se construye un negocio rentable, sostenible y coherente con la vida que se quiere vivir.

Vanessa Marrero, economista y mentora de finanzas, creadora de la Escuela de Tranquilidad Económica. / David GP
¿Cómo ha evolucionado su método de trabajo?
Comencé con jóvenes y niños a través de un proyecto que desarrollo junto a otras dos socias, la Escuela de Jóvenes Emprendedores, que en Lanzarote ya suma nueve ediciones y que se ha llevado a otras islas como Gran Canaria, Fuerteventura o La Palma. En este proyecto acompañamos a jóvenes en el desarrollo de habilidades y capacidades clave para la vida real, fomentando una actitud emprendedora ante la vida. Posteriormente, mi trabajo evolucionó hacia la educación financiera familiar y las finanzas personales, acompañando a personas individuales en la gestión de su economía.
Hasta llegar a su filosofía de rentabilidad expansiva.
Ese camino me llevó, de forma natural, a especializarme en lo que hoy es el núcleo de mi trabajo y donde siento mayor vocación: las finanzas para emprendedores y empresarios, ayudándoles a construir negocios sostenibles y ordenados. De ahí nace mi filosofía de Rentabilidad Expansiva: el negocio debe adaptarse a la vida de la persona, y no al revés. La base de todo es la tranquilidad económica, entendida como el pulmón que permite que el resto de rentabilidades puedan desarrollarse. A partir de ahí, trabajo con una visión integral del negocio que incluye, además la rentabilidad familiar, de propósito, social, relacional y físico-emocional. Un negocio solo tiene sentido cuando es capaz de sostener todas estas rentabilidades y acompañar a la persona en una vida plena y coherente.
La referencia actual es un modelo masculino que asocia el éxito al sacrificio absoluto de tu vida»
Cuénteme sobre esas rentabilidades.
La rentabilidad económica es la tranquilidad económica: no va de hacerse millonario, sino de tener una situación económica que sostenga tu estilo de vida. El dinero es relativo; lo importante es vivir sin angustia. La rentabilidad familiar implica que el negocio te permita estar presente en tu vida y en la de los tuyos. La rentabilidad de propósito es tener claro para qué haces lo que haces. Es la que te sostiene cuando caes y te da sentido para seguir. La rentabilidad social tiene que ver con aportar valor. Un negocio debe contribuir a la sociedad, no crecer a costa de los demás. La rentabilidad relacional consiste en rodearte de entornos y personas que te inspiren, te reten y te ayuden a crecer. Y, por último, la rentabilidad física y emocional: ningún negocio tiene sentido si te roba la salud, la paz o la energía. El éxito también es dormir tranquila, tener salud y disfrutar de tu día a día. Por eso hablo de Rentabilidad Expansiva: porque un negocio no es solo dinero, es todo lo que te permite sostener una vida plena.
¿Qué ha significado desarrollar su proyecto desde Lanzarote?
Estoy muy orgullosa del camino recorrido. Tomé la decisión de venirme a Lanzarote en un momento vital en el que necesitaba romper con todo y empezar de cero. Y no fue una decisión sencilla. Llegar a un lugar nuevo nunca lo es, y menos cuando vienes con una visión tan clara como poco comprendida. Cuando empecé a hablar de educación financiera, en 2012, la reacción habitual era que la gente me mirara como si estuviera loca. En España solo tres personas hablábamos de educación financiera desde un enfoque cercano y aplicado al día a día de los emprendedores. Aun así, seguí. Y hoy siento un orgullo profundo porque hemos hecho una gran labor. Especialmente aquí, en Canarias, donde gracias al apoyo de distintos organismos —Cámaras de Comercio, Cabildo de Lanzarote, otros cabildos y varios ayuntamientos— he tenido la oportunidad de acercar la educación financiera al ecosistema emprendedor de las islas. Ese recorrido fue reconocido el año pasado cuando el Colegio de Economistas de Las Palmas me nombró Economista de Honor, un reconocimiento que me hizo profundamente feliz, a nivel profesional y personal. Hoy trabajo desde Lanzarote con emprendedoras de todo el mundo gracias a las posibilidades online. Lanzarote me inspira, me sostiene y ha sido parte fundamental de mi desarrollo personal y profesional.
Muchas mujeres creen que crecer profesionalmente está en conflicto con ser buena madre»
¿Qué retos afronta el emprendimiento y cómo los abordas en tus formaciones?
El mayor reto es integrar a la persona y a la empresa. El modelo empresarial que hemos normalizado no lo ve así. Si observamos el ecosistema empresarial de referencia —figuras como Mark Zuckerberg, Elon Musk o Donald Trump— vemos que responde a un modelo masculino, donde el éxito económico se asocia al sacrificio absoluto de la vida personal. Hemos normalizado la idea de que ganar mucho dinero no es compatible con una vida equilibrada. Y yo cuestiono ese relato. No es sostenible a nivel humano. La vida no es solo empresa. La vida es equilibrio. En mis formaciones defiendo que es posible —y necesario— construir negocios donde la persona esté en el centro. La empresa es importante, por supuesto, pero no puede ocupar el lugar principal. El reto es crear negocios sostenibles en el tiempo. Y para que un negocio sea sostenible, tiene que ser sostenible para quien lo lidera. No se construye una sociedad próspera con proyectos que duran uno o dos años. El largo plazo, la estabilidad y la coherencia son los que permiten que un negocio crezca, se consolide y genere impacto. El problema es que el modelo de éxito que nos han vendido hasta ahora va en dirección contraria. Y mi trabajo consiste en ofrecer una alternativa: un modelo de emprendimiento donde rentabilidad y vida no compiten, sino que se sostienen mutuamente.
¿Cuál ha sido el bloqueo emocional más frecuente entre sus alumnos y cómo se les ayuda?
Muchas personas —y yo misma lo he vivido— tienen grabada la idea de que crecer implica sufrimiento, conflicto o incluso enfermedad, porque es lo que han experimentado. Esa asociación queda en el inconsciente. Aunque de forma racional sepamos que no tiene por qué volver a ocurrir, si esa creencia sigue en el inconsciente, terminamos boicoteando nuestro éxito. Nos frenamos, nos autosaboteamos o dejamos de crecer cuando las cosas empiezan a ir bien. Una parte fundamental de mi trabajo consiste en reprogramar esas creencias limitantes: las que vienen de nuestra experiencia personal, de nuestra historia familiar o de lo que hemos observado. Solo así es posible construir negocios alineados con lo que queremos y no con lo que tememos. En el caso de las mujeres, este bloqueo suele ser aún más profundo, porque muchas no hemos sido educadas para el éxito económico ni para hablar de dinero con naturalidad. Uno de los bloqueos más habituales es la creencia de que crecer profesionalmente puede entrar en conflicto con ser una buena madre. Esto hace que muchas mujeres se queden pequeñas, no porque no puedan crecer, sino porque sienten, de manera inconsciente, que hacerlo tendría un alto coste emocional o familiar. En mis formaciones trabajamos para desmontar ese relato y demostrar que el crecimiento no tiene por qué ser a costa de la vida.
Hay que saber cuánto gastas y en qué y planificar, así el dinero trabaja a favor de la vida que quieres»
¿Qué hábitos financieros simples recomendaría a cualquiera para mejorar su economía?
Lo primero es entender que no podemos cambiar nada de lo que no somos conscientes. Muchas personas quieren mejorar su economía personal sin saber cuánto gastan ni en qué se les va el dinero. El primer hábito que recomiendo es cuantificar todos los gastos durante un mes completo. Absolutamente todos: desde una botella de agua, un café o un desayuno, hasta los gastos más grandes. No se trata de dejar de consumir, sino de poner conciencia. Cuando cuantificas, dejas de ir a ciegas. Y desde ahí puedes decidir. Quizá descubres que ese desayuno fuera te encanta, lo disfrutas y quieres seguir haciéndolo. Perfecto. El dinero es tuyo. Pero puede ocurrir que, al ver cuánto te supone ese gasto al año, decidas que prefieres destinar ese dinero a algo que te aporte más valor, como un viaje o una experiencia que te haga sentir bien. La clave no es prohibirte nada, sino elegir conscientemente. Muchas veces creemos que no podemos ahorrar más o que no podemos permitirnos ciertas cosas, y cuando hacemos este ejercicio descubrimos que no es una cuestión de ingresos, sino de cómo usamos nuestro dinero. El segundo hábito, y para mí el más importante, es hacer un presupuesto familiar anual. Sentarse y planificar de enero a diciembre: cuánto dinero entra en casa, cuánto sale, en qué meses y para qué. Incluirlo todo: gastos fijos, variables, vacaciones, cumpleaños, Reyes, imprevistos… cuanto más planifiques, más tranquilidad tendrás. Es la herramienta más potente para gestionar las finanzas personales. Te permite anticiparte, tomar decisiones con calma y hacer que tu dinero trabaje a favor de la vida que quieres.
¿Qué señales indican que una persona vive una relación poco sana con el dinero?
Se nota en el cuerpo: ansiedad, angustia o un nudo en el estómago al hablar de dinero, revisar la cuenta bancaria o pensar en los pagos. Otra señal clara es vivir en preocupación constante: llegar a fin de mes siempre con incertidumbre. Cuando esa inquietud se repite, no es casualidad, es una llamada de atención. En ese punto es fundamental parar y ver la situación con honestidad. El dinero no va solo de números, va de calidad de vida. Controlar el dinero no es una limitación, es poder: si sabes qué ocurre con tus finanzas, decides tú; cuando no, deciden otros. La falta de educación financiera nos hace más vulnerables y afecta a todas las áreas de la vida. La educación financiera permite tener autonomía, tomar mejores decisiones y vivir con tranquilidad.
Un negocio debe contribuir a la sociedad, para ganar dinero no hace falta lucrarse del otro»
¿Sería importante introducirla en la escuela?
Total y absolutamente. No tengo ninguna duda de que la educación financiera debería formar parte del currículo escolar. Cada vez que hemos trabajado estos contenidos en colegios, el nivel de interés ha sido altísimo. No es casualidad: hablamos de situaciones reales de su día a día. Cuando se les enseña a hablar de dinero, de presupuestos, de ahorro o de toma de decisiones, conectan de inmediato y lo comprenden con facilidad. La educación financiera no va solo de números, va de valores. Sin ella es muy difícil construir una sociedad que consuma de forma responsable, consciente y honesta. El dinero no es el problema; lo que importa es qué hacemos con él. Educar financieramente desde edades tempranas es formar adultos más responsables, conscientes y comprometidos, y sentar las bases de una sociedad más justa, transparente y sostenible
¿Qué hábitos sencillos pueden enseñar las familias a sus hijos para que crezcan en una relación sana con el dinero?
El primer hábito es tomar conciencia de cómo hablamos del dinero delante de los niños. Frases como «no tengo dinero», aunque parezcan inocentes, pueden generar creencias de escasez. Es más sano explicar que el dinero se destina a otras prioridades, sin transmitir tensión o carencia. También es clave recordar que los niños aprenden más por lo que ven que por lo que se les dice. Si el dinero se vive en casa desde el conflicto o el estrés, esas experiencias pueden marcar su relación futura con él. Otro hábito fundamental es hablar de dinero con naturalidad. Durante años ha sido un tema tabú, pero cuando no se habla de dinero, se convierte en algo oculto y problemático. Integrarlo en las conversaciones cotidianas ayuda a normalizarlo. A partir de los siete u ocho años, es muy recomendable introducir una paga semanal. Esto les permite aprender a gestionar, decidir, ahorrar y asumir pequeñas responsabilidades, entendiendo el valor del dinero y la importancia de planificar. Son hábitos sencillos, pero muy poderosos, porque no solo educan en dinero, sino en conciencia, responsabilidad y tranquilidad.
¿Si usted pudiera cambiar una sola cosa de cómo nos relacionamos con el dinero, ¿cuál sería?
Si pudiera cambiar una sola cosa de cómo nos relacionamos con el dinero, sería la forma en la que lo gestionamos y las creencias que proyectamos sobre él. Creo que necesitamos una relación mucho más honesta con el dinero. Cambiaría esa picaresca tan arraigada culturalmente, especialmente en los países latinos, que lejos de ayudarnos, va en contra de nuestro propio bienestar y crecimiento. El problema no es el dinero, somos las personas y lo que hacemos con él. Me gustaría que dejáramos atrás la idea de que para ganar dinero hay que engañar, aprovecharse del otro o actuar desde la desconfianza. También creo que es importante no perder la fe en las buenas personas. La mayoría lo son. Hay muchísima gente haciendo cosas valiosas, bonitas y necesarias desde la honestidad y la humildad. Parece que todo el mundo roba porque es el relato que se amplifica, pero no es la realidad. Una relación sana, transparente y consciente con el dinero nos permite crear negocios más sostenibles y construir sociedades más justas, personas más tranquilas y, sobre todo, más felices.
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