Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Consumo

El ‘0,0’ se abre paso en las Islas: menos alcohol y nuevos hábitos en los bares

El auge de las bebidas sin graduación gana terreno en Canarias, impulsa cambios en la oferta de los locales y transforma las formas de ocio

Un camarero de la coctelería canaria Ginger prepara una bebida sin alcohol para sus clientes.

Un camarero de la coctelería canaria Ginger prepara una bebida sin alcohol para sus clientes. / J.PEREZ CURBELO

Las Palmas de Gran Canaria

Beber alcohol no está de moda. Cada vez son más los jóvenes y no tan jóvenes que optan por acompañar sus momentos de ocio con bebidas NoLo (No Alcohol / Low Alcohol). Una alternativa sin alcohol o con baja graduación. Una tendencia global que, como casi todo, ha llegado a Canarias y está cambiando los hábitos de consumo en los bares y restaurantes de las Islas. Y también está impactando en la facturación de muchos negocios. «La gente ya no sale a discotecas a tomar copas, es algo del pasado», afirma el vicepresidente de Asociación Empresarial de restauración y ocio (AERO).

El ocio ha cambiado y las bebidas también lo han hecho. Muchas marcas ofrecen ya una versión sin alcohol, lo que ha impactado de lleno en la oferta de los locales de las Islas. Las cifras también reflejan este cambio. Un estudio del Basque Culinary Center –una prestigiosa institución académica y centro de investigación pionero en gastronomía a nivel mundial– refleja que las bebidas NoLO crecen a un ritmo del 7% anual en España y se espera que alcancen una facturación de 3.300 millones de euros en 2028. «Claro que se está notando esta nueva tendencia, ahora cuando hay una mesa de diez personas, la mitad no bebe», afirma uno de los propietarios de Masebba Cocktail Bar, Ono Ramírez.

Cambios de carta

Este empresario notó el cambio en 2025, lo que lo ha llevado a modificar su carta y ajustarla a la demanda actual. «Montón de marcas de alcohol destilado ya tienen su versión 0,0 y claro, a la hora de comprar bebidas, hemos tenido que adaptarnos a lo nuevo», reconoce. Y también ha sufrido cambios en la facturación. La reducción del consumo de alcohol ha disminuido sus beneficios. «Ganamos menos. Una persona serena no tiene ese subidón de volver a gastar, la gente es más prudente y mira más el coste», afirma.

También han notado el cambio de tendencia en la coctelería Ginger. «El consumo de alcohol a nivel mundial está bajando, eso es una tendencia clara y una opinión compartida por todas las grandes marcas de bebidas», asegura el administrador del Grupo El Viajero, Esteban Araña, quien no ha notado «pérdidas» por el cambio de tendencia pero sí variaciones en los hábitos de consumo. «El volumen de alcohol que se está bebiendo está disminuyendo, lo que pasa es que la gente está optando por opciones más caras, con lo cual las cuentas se mantienen», explica.

El impacto en los locales depende, entre otras cuestiones, del tipo de público. Los establecimientos con un perfil «más joven» están notando más el golpe. «Nuestra clientela es de 40 para arriba, la gente joven consume mucho menos alcohol», apunta Araña.

Antes los ambientes juveniles se relacionaban con beber en exceso, pero los tiempos han cambiado. Las nuevas generaciones ya no asocian el «descontrol» que provoca el consumo de alcohol con diversión. Los representantes de las asociaciones de bares y restaurantes de las Islas vinculan este cambio de hábitos a la cultura del cuidado, que ha ido ganando peso en los últimos años y también se refleja en la forma de consumir.

La preocupación por la salud, la alimentación o el bienestar ha calado especialmente entre las nuevas generaciones. «La gente cada vez se cuida más», resume Ramírez, una idea que también comparten desde el sector. «Ahora la gente se cuida más, se preocupan por su salud y se pasa el día en los gimnasios», apunta el vicepresidente de AERO. En ese nuevo contexto, el alcohol pierde protagonismo frente a opciones que encajan mejor con ese estilo de vida.

A ello se suma un elemento generacional clave relacionado con la exposición constante en redes sociales. Lo que antes quedaba en una noche de fiesta ahora puede acabar circulando en internet para siempre ya que las nuevas generaciones viven con un móvil en la mano. «Con las redes sociales cualquiera te puede grabar y subir a internet», reflexiona Ramírez, que apunta a un cambio de comportamiento derivado de esa presión social. «A lo mejor la gente por mantener más la compostura no bebe», añade.

Pero no solo ha cambiado lo que se consume, también el propio concepto de ocio. La oferta se ha multiplicado en los últimos años y ya no gira únicamente en torno a salir a beber. Actividades deportivas, festivales, conciertos o planes al aire libre forman parte de una cultura más amplia, vinculada a la experiencia. «Ahora hay de todo», resume Quintero, que insiste en que hoy es mucho más fácil llegar al público y diversificar la oferta gracias a las redes. Ese abanico de opciones ha reducido el peso que antes tenía el bar o la discoteca como único espacio de socialización.

Salir para conocerse

Ese cambio ha impactado de lleno en el ocio nocturno tradicional. «Las discotecas ya no funcionan como antes», afirma Quintero, que describe un giro profundo en Canarias. En la última década, explica, el sector ha perdido peso de forma significativa. «Si miras las estadísticas de los últimos 10 años, solo queda un 20% de lo que había», señala. Detrás de este descenso hay un cambio de paradigma en la forma de relacionarse. «Antiguamente, para conocerse había que salir, ahora no», resume.

Este cambio de escenario también se observa en los horarios de los locales. Frente a las largas noches, gana terreno el llamado tardeo, con encuentros más tempranos y ligados a otros planes. «Nosotros somos parte del tardeo», reconoce Araña, cuyos locales han adaptado su actividad a esta demanda. «Abrimos a las cuatro de la tarde precisamente por eso», añade. La pandemia y las restricciones nocturnas terminaron de acelerar una tendencia que ya venía gestándose, con una clientela que ahora prefiere terrazas, horarios más diurnos y un ocio más flexible.

En este contexto de transformación, el sector avanza en plena adaptación. Los locales ajustan cartas, incorporan nuevas referencias sin alcohol y redefinen sus horarios para responder a una demanda cambiante. «El sector se va adaptando», resume Quintero.

También la industria isleña se mueve, aunque no al mismo ritmo. Desde Arehucas reconocen que se trata de un mercado en crecimiento, pero aún por definir. «Estos productos no tienen aún una definición exacta», explica el presidente de la marca Rafael Méndez, que señala la falta de encaje legal como uno de los frenos. Por ahora, la compañía no contempla su lanzamiento a corto plazo, en un proceso que, como el propio consumo, sigue todavía en transición.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents