El Gobierno estudia endurecer el trato fiscal a los caseros que eleven el alquiler al firmar un nuevo contrato
El Ejecutivo analiza un cambio en el IRPF de los arrendadores para premiar más la contención de rentas y recortar parte de la bonificación general a quienes apliquen subidas al cambiar de inquilino, sin tocar la actualización anual permitida por la ley.

Mal estado de las viviendas sociales del Batán. / José Pérez Curbelo / LPR
La política de vivienda del Gobierno puede entrar en una nueva fase. Tras varios años en los que el foco se ha puesto sobre todo en limitar actualizaciones, crear índices de referencia y ofrecer incentivos fiscales a determinados arrendadores, ahora el Ejecutivo estudia dar un paso más: usar el IRPF no solo como premio para quienes contengan precios, sino también como herramienta para desincentivar las subidas del alquiler cuando termina un contrato y se firma otro nuevo.
La idea que está sobre la mesa, todavía en negociación política según la información adelantada, supondría un cambio de enfoque relevante. Hasta ahora, el esquema fiscal para los propietarios particulares se ha construido sobre una lógica de bonificaciones. La Ley por el Derecho a la Vivienda modificó el artículo 23 de la Ley del IRPF y fijó una reducción general del 50% del rendimiento neto del alquiler de vivienda, porcentaje que puede elevarse en algunos supuestos al 60%, 70% o 90%. Entre esos casos figuran, por ejemplo, las rebajas del precio en zonas tensionadas o el alquiler a jóvenes en determinadas circunstancias.
Con el nuevo movimiento, el Gobierno mantendría la filosofía de incentivar el alquiler residencial de larga duración, pero introduciría un corrector: quien suba de forma apreciable la renta en un nuevo contrato podría perder una parte de esa ventaja fiscal general. No se trataría, por tanto, de eliminar todo beneficio, sino de modularlo según el comportamiento del arrendador.
Ese matiz es importante porque el Ejecutivo lleva meses insistiendo en la necesidad de estabilizar el mercado del alquiler y de combatir prácticas que presionan al alza los precios. En enero de 2026, Pedro Sánchez anunció que el Gobierno desplegaría incentivos fiscales para estabilizar los precios del alquiler y que quería reforzar la intervención pública para evitar fraudes y distorsiones en el mercado.
Un cambio fiscal con impacto directo en la rentabilidad del alquiler
La clave del debate está en cómo se grava hoy el arrendamiento de vivienda habitual. Los propietarios personas físicas no tributan por todo el beneficio obtenido, sino por el rendimiento neto una vez descontados gastos deducibles y aplicada después la reducción legal que corresponda. Con carácter general, esa rebaja es del 50% desde la entrada en vigor del nuevo esquema derivado de la Ley de Vivienda. Es decir, la base sobre la que realmente se paga el impuesto ya está reducida de entrada.
Por eso, cualquier recorte de esa bonificación tendría efectos reales sobre la factura fiscal del casero. Un propietario que hasta ahora venía disfrutando de la reducción general podría ver cómo su tributación sube si decide elevar el precio del alquiler por encima de determinados umbrales al cambiar de inquilino. La fórmula que se estudia, según la información conocida, sería progresiva: a mayor incremento de renta en el nuevo contrato, menor bonificación.
En términos políticos y económicos, el mensaje es claro. El Gobierno quiere lanzar la señal de que el alquiler de larga duración debe seguir teniendo un trato fiscal diferenciado frente a modalidades como el alquiler turístico o el de temporada, pero también de que subir rentas en un mercado tensionado no puede seguir recibiendo exactamente el mismo estímulo fiscal que mantenerlas estables.
La medida no afectaría a la actualización anual legal del alquiler
Uno de los aspectos más sensibles de este debate es distinguir entre dos momentos muy distintos del contrato. Por un lado, está la actualización anual de la renta durante la vigencia del arrendamiento. Por otro, el precio que se pacta cuando un contrato termina y se firma uno nuevo.
La propuesta que se estudia se dirigiría al segundo supuesto. Es decir, no iría contra la revisión anual ordinaria que permite la legislación, sino contra las subidas que se producen al finalizar un contrato y negociar otro distinto. Esto resulta clave porque en España la actualización anual ya está sometida a reglas específicas.
La Ley de Vivienda introdujo el Índice de Referencia de Arrendamientos de Vivienda (IRAV) para los contratos suscritos con posterioridad al 26 de mayo de 2023, y el Ministerio de Vivienda dispone incluso de una calculadora oficial para aplicar esa actualización. El INE explica que este índice se define como el menor valor entre varias referencias de inflación, precisamente para evitar incrementos desproporcionados.
Además, en marzo de 2026 el Gobierno aprobó una nueva limitación extraordinaria de la actualización anual de las rentas de alquiler hasta el 31 de diciembre de 2027, de modo que, en defecto de acuerdo entre las partes, la subida no pueda superar el 2%.
Eso significa que el posible giro fiscal no atacaría la revisión periódica legal del alquiler dentro del mismo contrato, sino el salto de precio que puede producirse cuando entra un nuevo inquilino. Y ahí es donde el Ejecutivo considera que se concentra una parte importante de la tensión del mercado.
Del incentivo puro a la combinación de premio y castigo
La novedad de fondo no es solo técnica, sino política. Hasta ahora, la intervención del Gobierno en esta materia había optado por el incentivo. El propio presidente defendió en enero una deducción del 100% en el IRPF para los propietarios que renovaran contratos sin subir el precio, una medida que buscaba extender por todo el país el estímulo a la contención de rentas.
La nueva línea iría un paso más allá. En lugar de limitarse a premiar a quien no sube, se introduciría una consecuencia fiscal para quien sí lo hace al firmar un nuevo contrato. Ese cambio encaja con una lectura cada vez más extendida en el Gobierno: los incentivos por sí solos no bastan para enfriar un mercado muy tensionado en determinadas ciudades y áreas metropolitanas.
También revela algo más profundo. La crisis de acceso a la vivienda ha dejado de abordarse únicamente como un problema de oferta futura y se está tratando cada vez más como una cuestión inmediata de precios, estabilidad residencial y capacidad negociadora de los inquilinos. En ese marco, el IRPF deja de ser solo una herramienta tributaria y pasa a convertirse en una palanca de política de vivienda.
- El Grupo Lopesan proyecta un hotel de mil habitaciones y 300 millones en Meloneras
- La solución al gran atasco de la GC-1 en Telde ya tiene fecha de inicio
- Asesinato en Fuerteventura: Aaron, el joven que descuartizó a su madre, traficaba con medicamentos que robaba en una farmacia
- Llanos de Guinea: la gran bolsa de suelo entre Tamaraceite y Los Giles empieza a definir su futuro
- Un acusado de blanqueo le hace una peineta al juez durante un juicio en Gran Canaria: 'Le pido que mantenga las formas
- La Bonoloto deja uno de sus premios más importantes en Gran Canaria
- Mesa y López, Las Arenas y Guanarteme: el Ayuntamiento rechaza revisar el plan que permite la ampliación
- Pedri emociona a Canarias con un gesto inolvidable tras conquistar la Liga con el Barça