Coste de la vida
Los canarios saldrán de 2026 más pobres aún que antes de la covid
La Autoridad Fiscal avisa que la guerra en Irán traerá otra merma en el poder de compra de los asalariados sin haberse recuperado del ‘shock’ de 2021 y 2022

Una repartido realiza una entrega en un local ubicado en la capital grancanaria. / ANDRES CRUZ
Sin tregua. Los asalariados canarios no han acabado de recuperarse del golpe que supuso para sus bolsillos el covid y la ola inflacionaria que se desencadenó tras la guerra en Ucrania y ya se avecina un nuevo derechazo. Y esquivarlo no está entre las posibilidades. Las previsiones macroeconómicas de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) –que ya tienen en cuenta el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre la economía– advierten de una nueva pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores para este 2026. Un golpe sobre una herida sin cicatrizar y en una comunidad donde el punto de partida es especialmente sangrante por los sueldos históricamente bajos.
Las previsiones del organismo apuntan a que la inflación este año crecerá una medida de un 3,2% mientras que los salarios aumentarán un 3%. ¿Resultado? Familias con menos poder adquisitivo porque sus sueldos tienen menos poder de compra a final de año. Los incrementos salariales –por convenios colectivos– no terminan de equilibrar una subida que lleva años empujando la balanza hacia el lado que empobrece a la población canaria.
Esto se aprecia al analizar la diferencia entre el periodo 2021-2023 y lo recuperado desde 2024 hasta ahora. El saldo es negativo. La caída siempre es más rápida que la recuperación. En Canarias desde 2021 -shock inflacionario provocado por la guerra en Ucrania– se ha perdido un 4,7% de poder adquisitivo y no parece que la tendencia vaya a revertirse. Entre 2021 y 2023 se perdió un 7,8% y en los últimos dos años solo se ha logrado una recuperación parcial del 3%.
Datos más actuales
Los datos más actuales, los del promedio de enero a marzo de 2026, reflejan que la diferencia entre el IPC y los salarios resistió en positivo, con un modesto 0,46. Pero el dato interanual del mes de marzo ya deja ver un cambio de tendencia, tal y como advierten desde la AIReF.
El punto de inflexión es claro. El camino de recuperación iniciado se truncó con el conflicto en Irán y la posterior crisis de los combustibles. Los planes del presidente americano Donald Trump vuelven a zarandear el tablero y acaban perjudicando a familias canarias aunque el conflicto se produzca a más de 6.500 kilómetros de distancia.
Y si algo demostró la ola inflacionaria tras la guerra en Ucrania es que las caídas son inminentes, pero las recuperaciones se eternizan. Todo indica que los trabajadores canarios recibirán el golpe sí o sí en 2026 aunque el conflicto tenga los días contados.
El impacto, eso sí, lo notarán más los trabajadores cuyos sueldos están fuera del amparo del Estado. La explicación es sencilla. Las rentas que dependen directamente de decisiones gubernamentales, como el salario mínimo o las pensiones, tienden a revisarse con mayor frecuencia y con el IPC como referencia. Sin embargo, en el ámbito privado la realidad es otra. Los convenios colectivos no se renegocian cada año y arrastran un desfase estructural que impide acompasar los salarios al ritmo real de los precios.
Ahí es donde aparece el retardo. La inflación golpea primero y los sueldos reaccionan después, si es que lo hacen. El director de consultoría en Corporación 5, José Miguel González, lo describe como una sucesión de oleadas. Primero suben los costes energéticos, luego ese encarecimiento se traslada al conjunto de bienes y servicios y, en última instancia, llega la revisión salarial. Pero ese ajuste «tiene un retardo natural» y no siempre logra compensar la pérdida acumulada.
Pasa factura
Pero ese ajuste pasa factura. Si los incrementos salariales no van acompañados de mejoras de productividad, se convierten en un coste añadido para las empresas. Y ahí se abre un dilema con pocas salidas. O se trasladan esos costes al precio final, alimentando de nuevo la inflación, o se reducen márgenes hasta el límite, con el consiguiente riesgo de pérdida de competitividad. En el peor de los escenarios, el ajuste acaba llegando por la vía más dura, con recortes o incluso desaparición de actividad.
Se trata de una dinámica que afecta a todo el tejido económico. «Nos encontraremos con una economía más cara y menos competitiva», advierte González, que subraya además que este tipo de inflación responde más a un problema de costes que a un exceso de demanda. Y en ese contexto, territorios como Canarias parten con desventaja. La dependencia energética, la lejanía y la fragmentación territorial amplifican cualquier perturbación externa.
No es un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más intenso. El encarecimiento de la energía actúa como detonante y se filtra al conjunto de la economía, estrechando el margen de maniobra de empresas y familias. En regiones con menor músculo productivo, el impacto es más acusado. «Las economías más vulnerables y dependientes como la nuestra verán alteraciones más intensas», resume el experto.
A todo ello se suma un factor que complica aún más el escenario a corto plazo. El previsible endurecimiento de la política monetaria. «El Banco Central Europeo se encamina hacia una subida de tipos que, de confirmarse, añadirá presión sobre los hogares endeudados», explica González. No solo subirá la cesta de la compra, también lo harán las hipotecas. «Los que hayan firmado a tipo variable volverán a dormir con un ojo abierto», lamenta.
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