Canarias dobla la tasa europea de trabajadores sobrecualificados
La formación del 22% de los europeos supera la necesaria para defender sus puestos, algo que ocurre al 55% de los canarios mayores de 34 años

Un camarero llena una jarra de cerveza en un bar del Archipiélago. / J. PÉREZ CURBELO

La tasa de trabajadores sobrecualificados de la Unión Europea (UE) es del 22%. Ese es el porcentaje de asalariados que cuentan con una formación superior a la necesaria para defender sus puestos de trabajo. España está a la cabeza de los 27 países miembros, catorce puntos (36%) por encima de la media europea, según los datos publicados recientemente por Eurostat referidos al año 2023.
Nada que ver con el Archipiélago, que se convierte en campeón europeo. En más de la mitad de los casos, el 54,9% según el Consejo de la Juventud de Canarias –datos para el segundo semestre del año 2024–, el nivel formativo de los ocupados de las Islas de más de 34 años de edad supera la formación requerida para la labor que desempeñan.
Diversificación
Entre los varios factores que explican la intensa presencia de este fenómeno en el Archipiélago se encuentra el enorme tamaño que el sector servicios tiene en su economía. El último año contabilizado hasta la fecha –2024 y en versión no cerrada del todo– le otorga el 81,2% del PIB canario. Por más que se invoque la necesidad de diversificar la actividad productiva de las Islas, el panorama no mejora. De hecho, el peso sobre el total de la economía de la comunidad autónoma en el inicio de este siglo era del 75,6%.
Eso no quiere decir que no hayan surgido en el primer cuarto de siglo nuevos nichos de negocio en las Islas. Lo demuestran irrupciones de calado como la del sector audiovisual que, a lomos del incentivo fiscal y la riqueza paisajística, ha logrado hacerse un hueco en las agendas de las más grandes productoras nacionales e internacionales.
Más turistas
Sin embargo, el crecimiento de la actividad turística se ha disparado en las dos últimas décadas y media, pasando de una cartera de clientes de menos de diez millones de turistas hasta los 18,3 millones con los que cerró el destino el pasado año, según la Encuesta de Movimientos Turísticos en Fronteras (Frontur).
Desmenuzando un poco más la estructura de la economía canaria, la rama que incluye al comercio y la hostelería ocupó el 32,1% del PIB en el curso 2024, muy cerca del 33% que lucía cuando, en 2016, comenzó a ganar espacio en el debate la urgencia por restar huevos del mismo color a la cesta. Actividades como la alojativa o la hostelera son muy intensivas en mano de obra, es decir, necesitan muchos trabajadores para poder funcionar.
Escasa exigencia
Y, además, salvo en puestos muy determinados –director de hotel o de compras, por ejemplo– o en los segmentos de negocio de perfil más elevado –restaurantes gastronómicos y galardonados, entre otros–, la formación requerida para integrarse en sus plantillas es de una exigencia escasa.
De tal manera que la oferta de empleo es amplia, pero no para aquellos que han cursado niveles de estudios superiores. De estos, quienes necesitan ingresos terminan por incorporarse a puestos de trabajo que no se corresponden con su nivel formativo. Lo revela la inferior tasa de sobrecualificación que hay en los tramos de menor edad. Entre los canarios de menos de 30 años es del 44,9%, diez puntos menos que la de quienes ya han cumplido los 35.
No aspiraban
Hasta que la situación lo permite, la tendencia manifestada por los jóvenes es la de buscar un empleo que responde a sus expectativas. Llegado el momento en el que la principal urgencia reside en la obtención de ingresos se impone el «de lo que sea» y terminan por desempeñar funciones a las que no aspiraban en un principio.
Este fenómeno provoca a su vez varias olas negativas. Entre ellas, las dificultades que encuentran las empresas de las Islas para cubrir todas sus vacantes, a pesar de que el paro registrado en las Islas en marzo señaló la existencia de 146.499 personas en situación de desempleo. ¿Por qué? El Banco de España cita como principal motivo la brecha que existe entre las aptitudes de los aspirantes y las que requieren las empresas.
En ambos sentidos
Esa discordancia opera en los dos sentidos. En ocasiones los perfiles requeridos son tan específicos que no se encuentran y en otras, son los propios parados quienes, conscientes de que el empleo se les queda pequeño, dejan pasar ese tren.
Lo contrario genera también el problema de la marcha de empleados cuando ya han sido formados. En el momento en el que aparece una oportunidad más adecuada a su capacitación, los trabajadores no dudan en cerrar un capítulo no del todo deseado e iniciar otro con más brillo.
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