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Adiós a las cocinas en Canarias por el auge del ‘coliving’ y la comida precocinada

El encarecimiento de la vivienda, las nuevas costumbres y los platos preparados ponen en jaque al modelo tradicional de hogar en las Islas

Productos de alimentos precocinados en un supermercado.

Productos de alimentos precocinados en un supermercado. / LP / DLP

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Irene Mederos

Irene Mederos

Las Palmas de Gran Canaria

Salón, baño y dormitorio. Así se describirán las casas del futuro, según arquitectos y especialistas en el negocio de las comidas preparadas. La cocina, durante años considerada el corazón del hogar, parece estar perdiendo protagonismo. Las artes culinarias ceden terreno ante el ritmo de vida acelerado, las jornadas laborales partidas y los cambios en las rutinas cotidianas. Detenerse frente a un fogón, picar verduras o marinar una carne son tareas cada vez más alejadas de los hábitos de las nuevas generaciones. A este cambio se suma el encarecimiento de la vivienda y la reducción de superficies, lo que obliga a aprovechar mejor el espacio. En ese ajuste, la primera víctima apunta a la cocina.

El arquitecto Ricardo García sostiene que «tardaremos muy poco tiempo en empezar a fabricar viviendas sin cocina». El alza en los precios de las casas ya impulsa fórmulas como el coliving, donde los inquilinos «convierten las habitaciones en minipisos» y comparten un único espacio culinario. En la misma línea, Carlos Arbelo, CEO de CA Studio Arquitectos, apunta al factor económico como una de las claves de esta transformación. «El precio del metro cuadrado ha aumentado muchísimo y eso obliga a optimizar cada vez más la superficie útil de la vivienda», indica. Así, los metros que antes se destinaban a la cocina se priorizan ahora para ampliar el salón, ganar luminosidad o crear espacios más versátiles.

En paralelo, el auge de los nómadas digitales también refuerza la demanda de estancias con servicios mínimos. No obstante, a estos cambios se suman, además, transformaciones sociales por las que cada vez más usuarios reconocen que ya no organizan comidas en casa y que «ahora esos encuentros sociales se producen en restaurantes», señala García. Arbelo coincide en que no se trata solo de reducir cocinas, «más que cocinas ‘más pequeñas’, lo que estamos viendo es una transformación de cómo se entiende y se vive la vivienda hoy en día».

De hecho, ya existen casos actuales en los que el espacio culinario ha sido eliminado. Ocurre en varios países asiáticos como Hong Kong, Singapur o Tailandia donde tienen más arraigada la costumbre de comer en puestos callejeros, restaurantes o espacios populares y preparados para alimentar a la población, que suele regresar a sus casas solo a la hora de cenar. Esta última comida del día se resuelve de forma sencilla con apenas tres o cuatro utensilios de cocina.

La normativa de habitabilidad actual frena este cambio, ya que exige dimensiones y equipamientos mínimos para las cocinas del Archipiélago.

Esa es precisamente la solución –o previsión– que proponen arquitectos como García, quien compara a las cocinas del futuro con las de los hoteles: «espacios sencillos con cafetera y calentador». Sin embargo, su aplicación choca con la normativa canaria de habitabilidad. Pues la legislación actual exige que estos espacios cuenten con unas dimensiones y un equipamiento mínimo. Por lo tanto, el margen de actuación es limitado. «Es una normativa que ya tiene 20 años de antigüedad», señala, y advierte de que «no se adapta» a las nuevas formas de vivienda. En este sentido, plantea que el marco regulatorio «tendrá que cambiar» para ajustarse a una realidad en transformación.

Los datos que confirman este cambio de tendencia se reflejan en el consumo de los platos preparados. Los españoles consumen una media de 18 kilos de alimentos ya cocinados al año, una cifra un 4,7% superior a la registrada en el ejercicio anterior y que confirma una tendencia que se ha mantenido al alza durante la última década.

Aumenta el consumo de comida preparada

De acuerdo con el balance de la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), durante el pasado año se consumieron un total de 715.052 platos listos para ingerir, registrándose un nuevo récord. En términos de ventas, el mercado alcanzó los 4.309 millones de euros, un 5% más que en el año anterior.

En este contexto, el presidente de Mercadona, Juan Roig, ya se atrevió a hacer una previsión del modelo tradicional de vivienda. En la evaluación de su firma en 2024 destacó la tendencia al alza y el éxito de la sección Listo para Comer. «La cocina tiene menos importancia en los hogares y el Listo para Comer continúa creciendo», aseguró. El empresario fue incluso más allá al afirmar: «A mitad del siglo XXI, en unos 25 años, no habrá cocinas».

La rutina de no pasar por casa

Aythami Quintana (23), es entrenador de piragüismo en la capital grancanaria. Además, está terminando un grado en Ingeniería Naval y acude a diario a la biblioteca para poner punto final a su Trabajo de Fin de Grado (TFG). En otras palabras, apenas tiene tiempo para pasar por casa y detenerse a preparar un plato de comida –o un táper–. Por ello, recurre a la comida ya preparada. «Me ahorro el tiempo de cocinar cualquier plato», asegura. Ese es, para él, el principal atractivo de los platos listos para comer al momento.

El pollo al curri y la ensaladilla rusa son sus platos precocinados estrella. El menú coincide con el gusto del conjunto nacional. Según Asefapre los crecimientos más significativos en los platos preparados se detectan en los que cuentan con base de pasta y arroz (7%) y con base de legumbres (5%). A continuación, se sitúan las papas congeladas y los platos con base de pasta. Todo ello consolidando una forma de consumo en la que cocinar se reduce, en muchos casos, a un único paso en el fuego

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