Sucesos
Las bazas que evitarán una crisis en Mango por la detención de Jonathan Andic: el legado del padre, una estrategia "inteligente" y la inercia del consumidor
La herida reputacional dependerá de lo mucho que se alargue el caso y de como gestione la comunicación de crisis la cadena, pero, en general, el consumidor reacciona cada vez menos a este tipo de escándalos

Compradores entrando en una tienda Mango Man, la enseña que ha dirigido Jonathan Andic durante casi dos décadas / BÁRBARA FAVANT
Días después de morir Isak Andic, el multimillonario fundador de Mango, la empresa dejó claro que pondría todo su empeño en que la marca no zozobrara por culpa de aquel revés. La apuesta “por la profesionalización y la implementación de las mejores prácticas en gobernanza corporativa son la mejor garantía para dar continuidad al Plan Estratégico que marca la hoja de ruta de Mango en los próximos años”, manifestaba el comunicado que anunciaba que Toni Ruiz, consejero delegado, asumiría (temporalmente) la presidencia de la cadena. “Tenemos una hoja de ruta clara y enormes oportunidades por delante”, añadió el directivo cuando el cargo se hizo permanente. “Las páginas más brillantes de Mango aún están por escribir”, prometía el mismo un año después, en el aniversario del suceso.
Las cifras le han dado la razón: incluso sin su fundador al frente y aún con las graves acusaciones de que su hijo (y vicepresidente de la cadena) podía tener algo que ver con su muerte, Mango hizo de 2025 el mejor año de su historia, financieramente hablando y desde la perspectiva del negocio. Nada dijo ayer la empresa de la detención de Jonathan Andic como presunto homicida de su padre, pero tampoco hay demasiadas dudas entre las varias fuentes consultadas por EL PERIÓDICO de que el negocio seguirá resistiendo igual de bien que hasta ahora.
“Una cosa es qué afectación puede tener en la alta esfera catalana, empresarial y comercial, la figura del hijo de Isak Andic, que sin duda quedará tocada; la otra es si esto afectará a las ventas de Mango, y yo creo que no”, apuesta David Espinós, consultor en comunicación y socio fundador de Khimera.
Basa su tesis en cinco argumentos. Uno, mucha gente no sabe quiénes son los propietarios de las grandes empresas. Dos, lo rápido que caducan hoy en día los escándalos. Tres, lo poco que acaban influyendo realmente estos revuelos en las decisiones de los consumidores, que siguen comprando determinados productos (por ejemplo tecnológicos) pese a saberlos no sostenibles o no éticos en cuanto a las condiciones de fabricación. Cuatro, que la familia ha mantenido la imagen de unidad y el mensaje de apoyo al acusado en todo momento, algo que ayuda enormemente a la reputación de la marca. Y cinco, el trabajo realizado, efectivamente, en cuanto a la profesionalización de la empresa y a la separación entre propiedad y gobernanza.
Ese es, de hecho, el gran legado de Isak Andic, que empezó a tejer esta estructura hace aproximadamente diez años, cuando volvió a coger las riendas de Mango tras un intento de retirada y fichó a Toni Ruiz como potencial futuro director general. En este tiempo, además, puso las bases de un consejo de administración en el que ya hay más consejeros externos que internos (miembros de la familia y directores de Mango), lo que otorga fiabilidad y estabilidad a la marca.
La actitud de Mango ante la crisis
Y a todo esto se suma que han tomado “una postura muy clara y muy inteligente” ante la crisis que podría haber desatado el papel de Jonathan Andic en la muerte de su padre: “Colaborar con la justicia, manifestar que creen en su inocencia, y repetir una y otra vez el mensaje de que siguen trabajando para sus clientes”, se explica Espinós.
“Cualquier crisis afecta a la reputación e imagen de una marca en la medida que la situación se alarga en el tiempo: cuando hay exposición mediática y en redes constante, el impacto es clarísimo”, opina Josep Maria Brugués, profesor del Máster en comunicación política e institucional de la UPF-Barcelona School of Management. “El sector del comercio depende mayoritariamente del producto, del precio o de la experiencia de compra, la gente no está tanto por la vida privada de los propietarios, ahora bien, si la cosa se alarga…”, prosigue. Más aún, incide, ante unas nuevas generaciones que tienen cada vez más en cuenta los valores que respaldan las marcas.
Su tesis, sin embargo, es que todo dependerá de cómo gestione la compañía la comunicación de esta crisis. Su lectura es que han optado por el perfil bajo, y por no poner más cosas encima de lo que ya está saliendo. Su consejo, que sigan separando todo lo que puedan la situación familiar de la situación de la empresa, y que se anticipen a un riesgo reputacional no tan fácilmente controlable: lo que digan los dependientes y las dependientas de las tiendas estos días en las conversaciones banales que mantengan con los clientes.
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