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Calzado de éxito

Zapato Feroz: 30.000 en lista de espera

Miles de padres hacen horas de cola online ante cada estreno de la firma, que multiplica por 150 sus ingresos este año

Laura García, cofundadora y diseñadora de producto en Zapato Feroz, y su marido Héctor.

Laura García, cofundadora y diseñadora de producto en Zapato Feroz, y su marido Héctor.

"Hoy en el cole solo se hablaba de vuestro estreno. Fisios, logopedas y maestros haciendo cola". "Quiero una talla 26 de lo que sea". "Que te toque el número 1 de la cola es como que te toque la lotería. Nunca imaginé que me emocionaría el estreno de unos zapatos". "Cada número que bajo es una fiesta". "Mismos nervios que cuando iba a hacer un examen en la universidad, ¡qué subidón de adrenalina tan guay!". "He sudado como si hiciera cardio. Adelgazas y todo en la cola virtual".

Estos son solo algunos de los mensajes que recibió Laura García, creadora y propietaria de Zapato Feroz, en su cuenta de Instagram tras sacar a la venta su última colección de calzado infantil. Se agotó prácticamente todo en unas horas. Más de 10.000 pares de zapatos. Esta microempresa nativa digital, localizada en València, ha desatado una auténtica fiebre entre madres y padres que se ha propagado a través de las redes sociales.

La locura es tal que para sus últimos lanzamientos ha tenido que redirigir a los compradores a una plataforma externa para que no tumbaran la web. Su legión de seguidores o dudó en aguardar durante horas su turno en esa cola virtual, que registró más de 30.000 sesiones solo en esa jornada. "Vendo todo lo que fabrico", comenta Laura García con una calma pasmosa para alguien cuya empresa, de apenas cuatro años de vida y cuatro trabajadores, ha pasado de facturar unos 3.000 euros mensuales a dispararse en lo que va de 2021 hasta los seis dígitos, llegando al medio millón en marzo y abril.

Reticentes a aumentar la producción

Ella aglutina todo el proceso de diseño y elección de materiales y desde hace un par de años produce en Portugal. En el actual ejercicio, ha vendido los 35.000 pares de zapatos que ha comercializado, que oscilan entre los 40 y 50 euros. El 90% vuela en el día del estreno, en un ejemplo de la voracidad de sus "mamis", como García se refiere cariñosamente a su fiel clientela.

"Da igual lo que produzcamos, se agota siempre. Tengo ganas de disponer de algo de ‘stock’ para atender cambios de talla o de color", añade. Los peor pensados le acusan de fingir tales colas como parte de una estrategia de marketing. Pero se equivocan. De hecho, Feroz no cree en el dogma capitalista del crecimiento eterno y, pese al pelotazo reciente, rechaza aumentar la producción.

Queremos crecer, pero de manera saludable y sostenible. Y en algún momento no querremos, porque cuanto más grande es el pastel más tienes que vender", señala. Y se pone un límite: 100.000 unidades al año. El crecimiento de la compañía en Internet ha sido paulatino y sin gastar en anuncios segmentados de Instagram ni en ‘influencers’. Su creadora es incapaz de detectar un punto de inflexión e incide en la importancia de la fidelización: "De media, un cliente compra entre 8 y 10 pares durante la etapa de crecimiento de su hijo. Eso no tiene precio".

Confiesa no tener demasiado claro dónde está la clave del éxito, pero sí destaca que la suya es la primera empresa de calzado infantil que prima la podología por encima del diseño. Se basa en el método Waldorf sobre el movimiento libre, desarrollado por una pediatra húngara que da nombre a esta teoría que defiende que lo mejor para un bebé es ir descalzo. Así, el objetivo de Feroz es replicar esa sensación de llevar el pie desnudo.

La bombilla de Laura García se encendió tras ser madre. No encontraba el calzado que quería para su hijo, así que mezcló su formación en diseño industrial con su experiencia en el sector y con la necesidad de conciliar y decidió hacerlo ella. Junto a su marido, acudieron con el proyecto a Lanzadera, la aceleradora de Juan Roig, pero no cuajó. "Nos exigían trabajar a tiempo completo y yo no quería", recuerda. Así que ella y su pareja decidieron autofinanciarse, dejar sus trabajos y sumergirse en la exitosa aventura de Feroz.

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