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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Las alternativas al desabastecimiento

Salvar la Navidad: la carrera contrarreloj de las empresas

Trabajos de envasado en la fábrica de turrones Hijos de Manuel Picó, en Xixona

Ahora que España empezaba a despertar de la pesadilla del coronavirus, otra pandemia se extiende por el mundo. Empezó de forma silenciosa, pero ya infecta a todo el tejido productivo mundial. Es la crisis de los suministros, que tiene en vilo a los empresarios de casi todos los sectores y amenaza a los ciudadanos con vivir lo nunca visto: el desabastecimiento. Y a las puertas de la Navidad, el período de mayor consumo del año.

La situación es tal que las empresas no tienen en este momento como principal objetivo vender, sino comprar. Proveerse de materias primas y bienes intermedios para mantener la actividad. Y no lo tienen nada fácil porque, tras el parón generalizado por el covid, a las cadenas de valor mundiales les está costando un mundo volver a sus engranajes anteriores a 2020. Además, la reactivación y el impulso al consumo con mucho ahorro acumulado han provocado una imprevista y fenomenal subida de la demanda. Falta de todo, desde semillas para plantar cereales a maderas para fabricar muebles. Y barcos y contenedores que los transporten. La consecuencia es que los precios se están disparando, como prueba la subida del 5,5% de la inflación en el último mes. Todo ello agravado por los costes de la energía. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

El director del Observatorio de Economía Internacional de la Universitat de València, Vicente Pallardó, asegura que buena parte de los problemas que estamos padeciendo vienen de atrás. "Eran factores de la globalización que estaban cogidos con hilo y la pandemia lo ha reventado", afirma. Uno de ellos es el llamado ‘just in time’, que implica la reducción a la mínima expresión de los stocks tanto por parte de productores como distribuidores para ahorrar costes: "Cualquier disrupción, como la del barco que bloqueó el canal de Suez, produce el colapso en muchas fábricas".

Otro factor que venía de lejos y ahora ha estallado es la dependencia de Taiwan y Corea del Sur en la producción de microchips, cuyo consumo ha crecido de forma muy relevante durante el covid por la mayor demanda de ocio (videojuegos) y ordenadores (teletrabajo). Por si todo esto no fuera suficiente, la concentración de navieras en los años previos al coronavirus produjo una reducción de barcos "porque la rentabilidad era escasa. La recuperación ha sido más rápida de lo previsto y ahora faltan barcos y contenedores".

Otro problema, este más actual, se deriva de la transición a la economía verde, que reclama materias primas como el litio o el cobalto que hasta ahora eran de uso marginal: "Está por ver de dónde sacaremos las cantidades necesarias". Por último, el gas natural se ha encarecido y ha provocado el alza de precios de la luz. Ha sido así porque Asia acaparó mucha producción el último invierno por las frías temperaturas que padeció, porque "se pide sustituir el carbón y eso se hace con gas natural y por factores geopolíticos: Rusia no eleva el suministro pactado si no se abre el gasoducto con Alemania que elude Ucrania». Pallardó cree que en la segunda mitad de 2022 «se puede recuperar cierta normalidad".

Así están respondiendo las empresas a esa compleja coyuntura:

<p>Modelos de calzado de la empresa Wonders, en Elche.</p> Matías Segarra

<p>Instalaciones de la empresa juguetera Injusa, en el municipio alicantino de Ibi.</p> Juani Ruz

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