Antonio Ortuño, creador el proyecto Familias Inteligentes, ha elaborado junto a la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) esta guía para resolver con respeto y coherencia los principales conflictos que se pueden vivir en el día a día de la familia.

Desde las rabietas hasta la presencia de nuestros hijos en botellones, pasando por el desorden del cuarto, los deberes, la paga, las ganas de dejar los estudios, las decepciones con amistades… Porque “un conflicto mal resuelto llama a otros conflictos. Un conflicto puede tener diferentes causalidades.

Por eso, tener una visión general de cómo afrontar los conflictos ayuda a entender y a actuar en lo concreto”.

Ejemplos de conflictos familiares

Existen numerosos conflictos familiares, desde los deberes hasta el uso abusivo de la tecnología. Os damos las claves para resolverlos:

La hora de hacer los deberes es uno de los conflictos más comunes en las familias Pexels

Las rabietas de los niños

Sobre las rabietas, la guía recuerda que “la rabieta es una respuesta que nace desde la inseguridad para buscar seguridad. Surge cuando el niño o niña busca su independencia (a partir de los 2 años), y necesita aprender a tomar decisiones”. Por eso, para afrontarlas, se recomienda atender y ayudar a nuestros hijos a identificar la emoción y mostrar firmeza y coherencia ante las conductas. “Las contradicciones entre lo que pensamos, decimos y hacemos generan inseguridad y desconfianza, y las rabietas desajustadas pueden ser el espejo de la inseguridad infantil”, nos dicen en la guía.

Los castigos y las amenezas

Sobre los castigos y las amenazas a nuestros hijos si no hacen lo que hemos pedido, Antonio Ortuño propone que “para fomentar la responsabilidad, es imprescindible estar motivado para tomar decisiones. Y para que nuestros hijos e hijas estén motivados para decidir es necesario que perciban que tienen el control de la situación, además de tener más o menos claras las alternativas y sus consecuencias”. Por ejemplo, en lugar de decir que estará castigado sin jugar al parchís porque no recoge las pinturas, podríamos decirle que tiene dos opciones: jugar al parchís después de recoger o no recoger. Antonio explica que “a mayor preocupación adulta, mayor pasotismo de los hijos e hijas” y considera importante “que perciba que es su problema, que depende lo que decida conseguirá su objetivo o no”. Pero, eso sí: “decida lo que decida, debe percibir respeto”. 

Los deberes

Ante los deberes que “se le atascan” o no entiende, Antonio nos propone ayudarlos a analizar el enunciado, preguntarles qué creen que tienen que hacer para resolver el ejercicio y valorar el resultado sin resolvérselo nosotros, pues nuestro hijo “debe construir su propio aprendizaje pasando por las diferentes fases de la toma de decisiones“.

Abuso de las tecnologías

En cuanto al uso de la tecnología, Antonio Ortuño considera que “a mayor espacio virtual, menor aprendizaje del espacio real”, por lo que propone “cuantas menos pantallas mejor” y fomentar “un uso responsable de las pantallas en casa”, lo que se consigue fijando unas normas desde el inicio, sobre aplicaciones, horario y tiempo de uso, etc.

Conflictos con las amistades

No es infrecuente que nuestros hijos tengan conflictos con sus amistades. Antonio recuerda que “es un problema del que no tenemos el control, y que nuestra hija o hijo tiene que afrontarlo”, por lo que recomienda tratarlo con empatía, confianza y respeto y “estar disponibles” para hablar del tema, “pero no encima”.

Consumo de alcohol en la adolescencia

Sobre los conflictos por el consumo de alcohol, Antonio propone plantear el tema (“Te han visto bebiendo alcohol y me gustaría hablar del tema contigo”) ofrecerse a dar información, transmitirle nuestro apoyo incondicional y traspasar su responsabilidad. Y subraya la importancia de “decirles NO para que aprendan a decirse NO a sí mismos y desarrollen su responsabilidad y autocontrol”. 

Adolescentes que no llegan a su hora

Antonio propone, en todos los conflictos, y en especial en el tan típico de la adolescencia que es llegar tarde por la noche, “actuar con tranquilidad: para actuar, es importante que hayamos conseguido frenar nuestra preocupación”. En este caso, cuando nuestro hijo llega tarde, Antonio propone que “un “ya hablaremos” es más inteligente si la alteración emocional nos desborda”. Cuando ya estamos calmados, propone preguntar a nuestro hijo ” ¿qué crees que podemos hacer para resolver esta situación de forma conjunta?” y, con su participación, se establece una norma. Y esas normas ” han de servir, no para que hagan lo que queremos que hagan, sino para que aprendan a planificarse, a anticipar lo que les pueda ocurrir, a organizarse sus propias vidas”.

En resumen, Antonio Ortuño nos recuerda que “educar es guiar hacia la autonomía. El objetivo es que aprendan a desenvolverse por sí mismos, poco a poco. Se confía en sus capacidades, en sus posibilidades. Se les hace sentir competentes. Respetando sus decisiones, sus tiempos, sus procesos. La única forma de levantarse, es caerse antes. Si no se deja que se caigan, no aprenderán a levantarse. Cuando se les hace sentir incompetentes creerán que sus padres dudan de sus aptitudes, lo cual les lleva a ellos mismos a dudar de su propia capacidad”.