Los celos son un estado emocional que todo el mundo puede sentir. Aunque sea una emoción que consideramos negativa, no debemos reprimirla, sino que tenemos que aprender a saber gestionarla.

En los niños, a veces, la llegada de un hermanito puede provocar que desarrollen muchos celos. Estos celos pueden provocar que lleguen a pegar a su hermano, que retrocedan en su desarrollo y que de repente vuelvan a hacerse pis o que no quieran andar para que se les coja en brazos. Es normal, repetimos. Lo que pasa es que hasta la llegada del hermanito o hermanita, el niño era el protagonista absoluto de la casa y, a partir de ese momento, tiene que compartir todo, incluso a sus padres. El nuevo miembro de la familia es su competencia.

El psicólogo Alberto Soler dice que los celos se dan sobre todo cuando el niño tiene entre 2 y 4 años. Antes no se dan cuenta, y cuando se llevan más años, no suele haber tantos celos porque el mayor ya tiene otras necesidades, no es tan dependiente y, por tanto, no le ve como su competidor.

Los celos, entonces, no se pueden evitar y, aunque son complicados esos momentos con un nuevo bebé en casa y tu hijo mayor portándose fatal, tenemos que intentar empatizar con ellos, entender que es un gran cambio en su vida, y no reprocharle ni pasar de sus celos. Es una emoción más, como el miedo, la alegría o la tristeza, y debemos gestionarla.

Consejos para gestionar los celos de nuestros hijos

Además de entender los celos como algo normal, podemos seguir estas 5 pautas:

  1. Antes de la llegada del hermanito, hablar bastante con él o ella y hacerle partícipe de todo lo que tenga que ver con el bebé: que toque la tripa y sienta las patadas, que participe en los cambios que hagamos en casa, por ejemplo, para ver dónde va a dormir cada uno, que nos acompañe a hacer compras, etc.
  2. Validar las emociones de nuestro hijo, aceptarlas y hacerle ver que le comprendemos, que entendemos que se sienta un poco desplazado por la llegada del bebé, que entendemos que todavía no le quiera, pero que lo llegará a hacer. También podemos compartir nuestras emociones con ellos, para que vean que no solo es un cambio para ellos, sino que está suponiendo un gran cambio para toda la familia, que todos nos tenemos que hacer a la llegada del hermanito.
  3. Hablar de las emociones con ellos, ponerles nombre. Explicarles que lo que les pasa se llama celos y explicarles con comprensión por qué vienen los celos, y dejarles claro que es algo normal y que no pasa nada por tener celos cuando hay un nuevo miembro en la familia. Hablar de las emociones en familia es enriquecedor, mejora las relaciones, y según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, “hablando de las emociones con nuestros hijos conseguiremos conectar ambos hemisferios cerebrales (el izquierdo, encargado de tareas lógicas y del autocontrol, y el derecho, más emocional). Si nuestros hijos procesan las emociones, podrán empezar a entenderlas y dominarlas, y no al contrario”.
  4. Dedicar un tiempo para cada uno y demostrar amor. Si nuestro hijo mayor se siente amenazado ante la llegada del hermanito, tenemos que reforzar las muestras de cariño hacia él, que sienta que el hecho de que haya un nuevo bebé en la familia no quiere decir que él o ella haya pasado a formar parte de un segundo plano. Demostrar que queremos a los dos por igual (o a los tres, o a los hijos que tengamos). Tener un ratito a solas con cada hijo les puede venir muy bien para calmar esos celos.
  5. No comparar a los niños. Hay que ser respetuosos, comprensivos y cuidadosos a la hora de dirigirnos al que tiene celos (“el bebé es superbueno, nada que ver con el mayor, que no dormía nada”),. E involucrarle en las tareas del bebé, pero no obligarle, pedirle ayuda para que no se sienta excluido, pero nada más.