Todos los padres y las madres quieren que sus hijos tengan una buena autoestima, pero muchas veces no caemos en la cuenta de la importancia de nuestro papel en la construcción de la misma. Y lo cierto es que la educación y el ejemplo que les demos va a ser fundamental en su autoestima, tanto presente como futura.

Por eso debemos tener muy en cuenta algunas prácticas que repercuten de forma negativa en el autoconcepto y la autoestima de nuestros hijos e hijas para intentar, en la medida de lo posible, no llevarlas a cabo.

1. La sobreprotección mina la autoestima

Sobreproteger a los niños y niñas consiste, básicamente, en hacer cosas por ellos que ya podrían hacer por sí mismos. Les restamos autonomía y les mandamos un mensaje muy peligroso: “Tú no puedes hacerlo por ti mismo, no confío en que lo consigas sin mi intervención”.

Como explica Eva Millet, autora de libros como “Hiperpaternidad” o “Niños, adolescentes y ansiedad”, la sobreprotección produce “niños menos autónomos, más inseguros, más frágiles… que no se atreven a lanzarse, a buscar su talento o a explorar sus mundos porque tienen miedo”.

Está en nuestras manos no sobreproteger a nuestros hijos Pexels

2. Las expectativas de los padres vs. la autoestima de los hijos

Nuestros hijos no son nosotros, y no vinieron a este mundo para cumplir nuestros sueños frustrados o planeados para ellos. Por eso, proyectar expectativas sobre nuestros hijos e hijas es muy peligroso, porque aunque lo hagamos con toda nuestra buena intención, les estamos limitando.

Es importante que no perdamos de vista estas palabras del profesor Francisco Castaño: “Con los hijos hay que tener ilusiones, no expectativas. Si te generas expectativas estás perdido. Porque como tu hijo no las cumpla, tú te frustras y a tu hijo le bajas la autoestima”.

3. Desterremos las etiquetas de la educación

Otro factor limitante de la autoestima y el potencial de nuestros hijos son sin duda las etiquetas, tanto las que consideramos “negativas”, como las “positivas”. José Ramón Gamo, especialista en neuropsicología infantil, explica que los niños se acaban “creyendo estas etiquetas y hacen de ellas su papel y su rol”, es decir, que acabarán actuando según la etiqueta que les pongamos.

Por lo tanto, la imagen que trasladamos a nuestros hijos e hijas respecto de lo que pensamos de ellos va a afectar a su autoestima y personalidad.

4. Pensamiento crítico y autoestima van de la mano

El pensamiento crítico es fundamental para que nuestros hijos e hijas no se dejen influenciar, que aprendan a cuestionarse, a buscar respuestas, a analizar las informaciones que les llegan, a tener su propio criterio… y si todo esto es importantísimo, en una época marcada por las redes sociales, ¡todavía más!

Como explica el profesor de filosofía y escritor, José Carlos Ruíz, “es fundamental hacerles entender que las pantallas tienen un lenguaje visual distinto que la realidad”.

“Además, dentro de estas pantallas, es muy importante que sepan distinguir entre la intencionalidad de las imágenes de una película, de Instagram, de TikTok… No podemos mirar con el mismo criterio un video de YouTube, que una foto de Instagram, al igual que no nos acercamos a leer una novela con la misma actitud que si leemos un ensayo, los lenguajes con los que se construyen estos relatos son distintos”, señala José Carlos.

Y todo esto es muy importante que lo tengamos en cuenta, ya que “les dejamos interaccionar con las pantallas y consumir las imágenes digitales sin haber educado su mirada previamente. Pero no podemos olvidar que la mirada condiciona una gran parte de su pensamiento”, apunta el filósofo.

Es necesario que cubramos sus necesidades emocionales para que en un futuro ellos se puedan autorregular Pexels

5. Cubrir sus necesidades emocionales de niños y niñas

¿Cuántas veces habremos escuchado frases como que hay que dejar a los niños llorar hasta que se duerman por agotamiento? ¿O que no les cojamos demasiado en brazos que se acostumbran? ¿O que si les atendemos cuando nos necesitan les estamos malcriando? Probablemente, más veces de las que nos hubiera gustado…

Lo cierto es que, como hemos dicho, debemos tener cuidado para no caer en la sobreprotección, pero atender sus necesidades emocionales no es sobreproteger, sino ayudarles en la gestión emocional y en el desarrollo de un apego seguro.

Rafa Guerrero, psicólogo y autor de libros como “Educar en el vínculo” o “Educación Emocional y Apego”, explica que “las consecuencias de desarrollar un estilo de apego inseguro son muchas. Si mis padres no han fomentado mi autonomía cuando era niño, de adulto tendré la autoestima baja, no sabré tomar decisiones. Si no han sabido ponerse en mi lugar, entender mis emociones… difícilmente yo podré ser empático y ponerme en el lugar de mi pareja, amigos, etc. Por no hablar de que la probabilidad de poder desarrollar una adicción es mayor”.