Es innegable que la lucha contra el machismo está presente en la sociedad: la conversación se ha ampliado, la concienciación ha incrementado y el feminismo cada vez se impregna más en cada aspecto de la vida. Como sociedad tenemos una tarea pendiente todos los días: educar a los niños y niñas libres de este machismo para que no se conviertan en los machistas del mañana.

Aunque se ha avanzado, los datos señalan que las nuevas generaciones no son tan igualitarias como creemos. Según datos del Barómetro Juventud y Género de la FAD, 1 de cada 5 adolescentes y jóvenes varones cree que la violencia de género no existe y que es un invento ideológico. Asimismo, 7 de cada 10 mujeres considera que las desigualdades son elevadas en España, pero solo 4 de cada 10 hombres lo ve así también.

Como padres y madres somos los principales responsables de esta educación igualitaria, así como también influye su entorno y la educación en la escuela. Amelia Franc en su libro 'Educar contra el machismo' se cuestiona qué hacemos para inculcar a nuestras hijas, pero sobre todo a nuestros hijos, esta educación igualitaria.

Avances en igualdad en las niñas, pero no tanto en los niños

Muchos de nuestros esfuerzos para educar en igualdad se centran en el empoderamiento de las niñas, siempre necesario, pero se nos olvida muchas veces también educar a los niños en valores feministas. No se trata de una cuestión de no querer, sino que padres y madres no sabemos cómo actuar para ello. Así se lo plantea Franc: "Desde el punto de vista educativo, me parecía más sencillo dar a una niña las claves para que se convierta en una mujer fuerte e independiente que conseguir que un niño se cuestione su posición dominante en la sociedad sin despreciarlo o hacerle de menos como persona".

Este hecho viene motivado por la diferencia generacional de los madres y padres de ahora con la de anteriores generaciones. Esta falta de referentes hace que tengamos que aprender día a día a educar en igualdad a los niños. "Claro, siempre tendremos amigos y padres y madres que encontramos por el camino con los que podemos hablar. Pero en el día a día nos damos cuenta de que estamos aislados. Como soldados perdidos en el campo de batalla, intentamos encontrar el camino. Sin manual de instrucciones ni verdaderos referentes en los que apoyarnos", escribe la autora.

Dejar estereotipos fuera

La psicóloga Begoña Ibarrola señala que los niños y niñas absorben todas las etiquetas que les decimos y que es a partir de los seis años cuando ellos pueden interpretar su realidad y sacar conclusiones de lo que les decimos. “La autoestima se empieza a construir a partir de los 6 años. Hasta entonces, voy sumando todo lo que los adultos hablan de mí (eres un patoso, eres tal… ese soy yo)”, cuenta Ibarrola.

Franc señala que además estas etiquetas y estereotipos que asociamos a los niños y niñas les condicionan su socialización. De esta forma, muchas veces nos sale natural decirle a un niño que es fuerte y que no llore, pero a una niña le permitimos llorar porque es más sensible. Así también concuerda el psicólogo Alberto Soler. "Esas etiquetas que tenemos nos llevan a darles un trato diferenciado porque esperamos cosas diferentes de él y de ella. Ese trato va a hacer que le socialicemos dependiendo de su sexo: a él le apuntamos a fútbol y a ella a baile. Vamos a llegar a un punto que al final el trato que les demos va a ser diferente dependiendo del sexo que tenga. Una misma conducta se va a interpretar de maneras muy diferentes", explica Soler.

Para poder dejar fuera estos estereotipos, Franc plantea algunas preguntas que podemos hacernos: "¿Por qué le digo a mi hijo tan a menudo que es «fuerte»? ¿Le diría lo mismo a una niña que ha conseguido levantar su silla de la misma manera?", "¿Cuáles son los cumplidos que le hago a mi hijo? ¿Remiten a menudo, incluso sistemáticamente, a estereotipos? Si es que sí, ¿no hay otros aspectos que merezcan ser ensalzados, como su amabilidad o lo mucho que se aplica en hacer las cosas bien, por ejemplo?", "¿Cuándo fue la última vez que alabé a mi hijo por su atuendo? ¿Lo hago habitualmente?"

Ejemplo en casa y en el entorno

¿Cómo repartimos las tareas? ¿Quién toma la iniciativa de pasar la aspiradora? Todas estas pequeñas tareas generan una gran carga mental que suele estar asociada a las mujeres. Nuestros hijos aprenden de cómo se hace este reparto de tareas y sobre qué cosas hacen los hombres y qué cosas hacen las mujeres.

Carmen Ruiz Repullo,  socióloga española especializada en violencia de género en adolescentes y jóvenes, nos contaba cómo condiciona el audiovisual en la percepción y concepción del amor romántico en los chicos y chicas, y apostaba por mostrar a nuestros hijos películas, series y demás contenido audiovisual que muestra una igualdad consciente. "Sufre que algún día bueno tendrás. Esto es mentira. Yo digo: que nos pongan series y películas donde eduquen o nos muestren el amor en mayúsculas, el amor en igualdad, el respeto. Donde está eso. No le estamos mostrando eso a nuestras criaturas", enunciaba la socióloga.

"De la misma forma que enseñamos a nuestros hijos a probar nuevos sabores y no alimentarse únicamente a base de pasta con kétchup, podemos ofrecerles películas y dibujos animados que les muestren contrarreferentes positivos", añade Franc.