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Centro de Recogida de Datos

Con las primeras elecciones municipales se puso a prueba la más alta tecnología española de 1979, que permitió ofrecer los resultados oficiales una semana después de los comicios

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El 3 de abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales de la España constitucional. El personal estaba motivado con el asunto. Por primera vez en 40 años se les preguntaba por algo de su respectivo pueblo o ciudad y la gente tenía muchas ganas de alegar.

En los barrios y en el interior, los antiguos fotingos con altavoz en el techo que servían para anunciar que echaban Apocalipsis Now, que se estrenó ese año, se utilizaba ahora para la propaganda electoral, algo más virulenta incluso que en la actualidad. El tema no era tanto en prometer algo en concreto por el pueblo, sino la necesidad "de echar a ese hombre, el alcalde Pepito, que nos está vaciando la lata del gofio".

Había que tener los aguacates bien puestos. Tras décadas de inmovilismo, ver de repente al panadero declarándose socialista, o no digamos comunista, por un megáfono enganchado a la baca del Renault cuatro latas, o el Citroën 2 CV, representaba un anatema. Así fue como los del otro banda cambiaron de un día para el siguiente de panadería. Un asombro.

Tan asombroso como el Walkman de Sony que se pone a la venta ese año, y en el que comenzaba a sonar Nacha Pop o el primer disco de Parchís y, en cuanto a los teléfonos, se trataban de un pequeño mueble de plástico que se ofrecía en dos variantes. De mesa o de pared. En realidad el mismo, pero el segundo con posibilidad de endilgarle una alcayata.

Lo más parecido a un móvil eran dos vasos de yogur vacíos unidos por un hilo tenso de pita. Y los mítines por los municipios, en una campaña que duró 30 días, consistían en un recorrido programado con mucha antelación en el que el candidato comenzaba en Arucas para exponer en la plaza sus ocurrencias, e iba subiendo por Teror, Valleseco, Artenara..., o hasta donde le durara la garganta.

A los ojos de hoy, todo harto precario. En aquellos comicios, quizá los más participativos de la historia, se montó un gran lío logístico. No era una única pregunta con dos posibles respuestas, -sí o no-, como la del referéndum que ratificó la Constitución el 6 de diciembre del año anterior, sino toda una caterva de nuevos partidos con sus consiguientes siglas que se postulaban en decenas de municipios. Y, para colmo, lo más parecido a un ordenador era el bloc.

Obsérvese en la imagen tomada por Quesada la noche del 3 de abril de aquél 1979 el 'dispositivo' de recuento de resultados desplegado en el llamado Centro de Recogida de Datos (CRD), ubicado en el Gobierno Civil.

Si se ponen las gafas podrán comprobar que se trata de al menos 16 teléfonos, pero no unos cualquiera, sino con notables extras con respecto a los domésticos. Estos tenían un piloto rojo, que se encendía cuando recibía una llamada y, el no va más: conexión directa a auriculares. Estos fijos eran los iPhone 6 o los Samsung Galaxy S6 Edge de 2015.

En el bloc, marca Bloc, que también se aprecia en la imagen, se iban anotando a boli las emocionantes noticias contables de los recuentos efectuados en las mesas del interior o de los barrios de sus capitales, para hacerse una idea primaria sobre las doce de la noche. Pero hasta una semana después, cuando ya se habían repasado las actas que llegaban en sobres lacrados, no se ofrecían los resultados oficiales definitivos, todo ello como consecuencia de aquella deliciosa pachorra tecnológica.

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