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La muerte más silenciosa

La deficiente situación socioeconómica, el consumo de drogas y la prevalencia de cuadros depresivos condicionan la tasa de suicidios en Canarias, la tercera más alta del país

La muerte más silenciosa.

Cada dos días una persona decide acabar con su vida en Canarias como resultado de una angustia crónica que nadie ni nada parece ser capaz de resolver. La tasa de suicidios en Canarias es una de las más altas de España. Y aunque son muchos los motivos que pueden llevar a alguien a acabar con su sufrimiento mediante el suicidio, hay varios condicionantes en las Islas que lo favorecen. Las altas tasas de pobreza severa (16,8%) y de desempleo (que hoy son del 17,7% pero que han estado por encima del 25%), han sido y son un caldo de cultivo de incertidumbre, ansiedad, depresión y adicciones que, a largo plazo y sin una atención adecuada, producen una profunda desesperanza de la que no parece haber más salida que la muerte.

Un total de 208 personas en Canarias se suicidaron en 2020, consolidando así una tendencia preocupante que sitúa al Archipiélago como la tercera comunidad en el que se producen más actos de este tipo. Los suicidios no han dejado de crecer desde que comenzaron a registrarse allá en 1980 en las Islas. Aunque los datos de aquel entonces son menos fiable que los actuales, las muertes consideradas como suicidio apenas pasaban del centenar. En 2007 –que es cuando España estandariza en base a criterios internacionales el cálculo estadístico de esta problemática social–, el número de suicidios ascendía a 157, es decir, 7,7 personas por cada 100.000 habitantes. Hoy en día esa misma tasa asciende a 9,56 por cada 100.000 habitantes.

En el momento en el que estalló la pandemia de coronavirus, los suicidios en Canarias aumentaron un 5,5% y marcaron, a su vez, un récord en la serie histórica

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Aunque los números oscilan cada año, hay momentos clave en los que se incrementan los actos consumados. El crack económico de 2008 fue uno de estos agravantes. Ese año los suicidios crecieron un 16% en las Islas, hasta registrar 183 muertes por este motivo. En 2012, después de que se ejecutara una dura política de recortes en todo el país, los suicidios en las Islas repuntaron un 33% en un año. En el momento en el que estalló la pandemia de coronavirus, los suicidios en las Islas crecieron un 5,5% y marcaron, a su vez, un récord en la serie histórica. Aún queda conocer cómo la crisis económica tras la covid ha influido en esta tendencia durante 2021 y 2022. Pero según adelantan los propios clínicos, la situación está lejos de mejorar.

El estigma social condena a las personas con enfermedad mental al rechazo. FERRAN NADEU

La incertidumbre sobre la salud y la economía generada por pandemia suscitó en la población unos niveles de angustia y estrés muy difíciles de gestionar. A ello se sumó la imposibilidad de poder tocar o ver a otra gente por el distanciamiento social impuesto para frenar el avance del virus, lo que, en consecuencia, derivó en un mayor aislamiento. «La pandemia ha servido como catalizador de los problemas de salud mental de los canarios», explica el facultativo Eduardo Vera, presidente de la Sociedad Canaria de Neuropsiquiatría. Esta situación, en las personas predispuestas a padecer problemas mentales ha aflorado trastornos graves. Mientras que en las menos predispuestas ha derivado en un malestar mental y en una angustia crónica.

Las personas que han mostrado una vulnerabilidad mayor a las vicisitudes de la pandemia han sido aquellas con menores niveles de renta, menos estudios y los jóvenes. Estos últimos preocupan sobremanera a los expertos, pues calculan que en los últimos dos años se ha producido a un aumento de los suicidios en jóvenes que podría superar el 20% a nivel nacional. El aislamiento, la falta de relaciones presenciales y el abuso de las redes sociales podrían estar detrás de este fenómeno creciente. En Canarias, en 2020 se suicidaron dos personas de menos de 19 años, uno de ellos, una niña de menos de 15. «Aunque la tasas se encuadran en un rango bajo de riesgo, es un hecho especialmente trágico y el objetivo debe ser la ausencia de ellos», explica la Dirección de Salud Pública en un informe donde analiza los datos de suicidio en Canarias.

El suicidio es la primera causa de muerte entre los adolescentes: ¿están las redes sociales detrás?

Si con todo eso no fuera suficiente, el cuidado de la salud mental en Canarias durante años se ha estado escondiendo «bajo una alfombra». Acudir a un psicólogo ha estado reservado para los «locos» o los «débiles», mientras lo socialmente aceptado ha sido aguantar o no mostrar ni un ápice de sentimientos. Dos fórmulas de afrontar el sufrimiento que, por otra parte, han demostrado una y otra vez que tan solo acrecientan el problema con el tiempo. Los servicios de la sanidad pública han sido un reflejo de esta concepción errónea de la salud mental.

La asistencia a las ansiedades y depresiones –ambas patologías precipitantes del suicidio– ha sido poca o prácticamente nula. El sistema se ha centrado en atender a los trastornos mentales más graves mientras relegaba a un segundo plano a aquellos problemas que no consideraba tan urgentes. Y como tal, se han tratado solo desde el punto de vista médico, es decir, con fármacos. El resultado de una atención sanitaria y social deficiente es una sociedad enganchada a los ansiolíticos (casi el 6% de los hogares canarios consumen estos fármacos), que tapa sus problemas con las drogas (Canarias tiene la mayor tasa de abuso de sustancias tóxicas) o utiliza las redes sociales para evadirse de la realidad. Una sociedad que, a la vez, muestra una baja tolerancia para afrontar los sucesos adversos que le afectan durante su vida. Todas ellas, situaciones precipitantes o factores de riesgo para un futuro suicidio.

Un último estudio muestra que el abordaje biopsicosocial integral de los pacientes que sufren ansiedad permite mejorar su situación hasta en un 73% de las ocasiones

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«El suicidio no es más que el final de un camino y para evitar que se produzca, la prevención debe comenzar mucho antes, cuando el dolor y el sufrimiento empiezan a hacer acto de presencia», insiste Miguel Dorta, experto universitario en salud mental y psíquica. Uno de cada diez canarios ha pensado alguna vez en morir. Es la tasa más alta de toda España y, de hecho, dobla la media nacional. «Todos alguna vez hemos podido jugar a pensar en un escenario en el que nos quitamos de en medio. Normalmente ese pensamiento no va a más. Pero cuando sufres y las ideas van tomando forma, la persona va buscando maneras de hacerlo», explica el profesional. Y recuerda: «el suicidio solo necesita cinco minutos y un impulso para ser consumado».

Los psicólogos insisten en que el suicidio se puede prevenir.

Dorta trabaja a diario con personas con adicciones a sustancias tóxicas en el Centro de Desintoxicación de Tenerife San Miguel Adicciones. Un grupo poblacional que, precisamente, tiene más riesgos de llegar a esos extremos. Pero su labor no se ha quedado ahí. El experto acaba de finalizar un trabajo de investigación para comprobar el éxito que puede tener la atención biopsicosocial multidisciplinar e integrada en las personas con problemas de salud mental. En este caso, se alejó de las sustancias tóxicas para estudiar a las personas con trastornos de ansiedad que estaban siendo tratadas con benzodiacepinas (un tipo de ansiolítico).

«Hemos hecho una revisión de 132 personas –entre 2020 y 2022–que se encontraban mal porque tenían problemas familiares, domésticos o de soledad que no sabían cómo resolver y que la medicación no ayudaba a paliar», explica Dorta. Esto último no es de extrañar, pues el consumo crónico de ansiolíticos a menudo provoca el efecto contrario del que se desea. «Los ansiolíticos, después de unos 15 días crean neuroadaptación, por lo que dejan de funcionar y, además, causan adicción», insiste el especialista.

La muerte más silenciosa

Para llevar a cabo este estudio, se ha abordado el problema en consulta bajo una mirada biopsicosocial, ahondando en los motivos que les habían llevado a sufrir estos problemas. «Los tratamos con otro tipo de fármacos no adictivos que les permitían regular el funcionamiento nervioso al tiempo que les dábamos una atención psicológica y social completa», explica Dorta. Con este método de atención integral hasta el 73% de las personas pudo encontrar una salida a sus problemas.

Los datos son esperanzadores y es la razón por la que este profesional apuesta por crear en Canarias un Centro para la Atención al Sufrimiento, siendo pionero en España. «Ahora mismo cuando la gente lo pasa mal, no tienen a nadie ni ningún recurso que les oriente», insiste el profesional. Con esta fórmula –insiste– se podrían conseguir mejores resultados en la salud de la población, lo que, en consecuencia, rebajaría el número de personas que eligen el suicidio como alternativa a su sufrimiento.

Un cambio en el sistema

Aunque en los últimos años Canarias se ha esforzado para modificar el sistema sanitario de forma que proporcione una atención más acorde a las necesidades de la población, el suicidio tiene tantas aristas que está siendo muy difícil poder solventar el problema de manera rápida y efectiva. Como explica Francisco Acosta, técnico de salud mental de la Consejería de Sanidad, Canarias siempre ha estado atenta al desarrollo de esta problemática. Hasta hace unos años trabajaba en base a los documentos planificadores nacionales «que servían como marco de referencia para tratar estas patologías». Sin embargo, en el último lustro ha ido algo más allá, y ha empezado a trabajar con un plan de abordaje específico para las Islas.

Canarias ha incorporado a 63 profesionales más en su red de salud mental, pero lo ideal sería contratar al menos a 250 para atender toda la demanda actual

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En 2019 entró en vigor el Plan de Salud Mental que pone de relieve la necesidad de emprender acciones para poner freno al suicidio. Desde entonces se han realizado varias de las acciones que propone el plan y, en específico, el Programa de Prevención de la Conducta Suicida de Canarias. Entre ellas está el registro de la ideación suicida en las encuestas de salud, la puesta en marcha un registro específico de la conducta suicida en el sistema sanitario, la realización de informes epidemiológicos exhaustivos que explican los datos y las causas, el lanzamiento de campañas de concienciación a la población, la formación a los profesionales sanitarios en la atención a la salud mental y las adicciones, la creación de una guía de práctica clínica para ayudar a los sanitarios a detectar signos de tempranos de conducta suicida y recomendaciones para centros educativos, ayuntamientos y cabildos para reducir el riesgo de suicidio.

Atendiendo a la importancia de la prevención, también se ha hecho un esfuerzo para aumentar los recursos humanos y materiales. De esta forma, se ha contratado a 63 profesionales (psicólogos clínicos, psiquiatras, enfermeras, auxiliares, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, entre otros) en la red de salud menta y se han abierto varios centros específicos para tratar distintos problemas de salud mental, como los trastornos de personalidad o los trastornos de la conducta alimentaria. También ha empezado un proyecto piloto en Atención Primaria para incluir a 18 psicólogos en algunos centros de salud seleccionados en el Archipiélago, una medida incluida dentro de la Estrategia Integral de Atención Primaria y Comunitaria 2022-2023. La intención del Ejecutivo es seguir aumentando estos recursos.

Los esfuerzos de la Administración, sin embargo, parecen no ser suficientes para abarcar la avalancha de pacientes que requieren atención tras la pandemia. «Pese a la gestiones y el esfuerzo realizado por el Servicio Canario de la Salud, no se ha conseguido cumplir todo lo que se había planeado para este periodo», explica Vera.

Faltan profesionales

Para el presidente de la Sociedad Canaria de Neuropsiquiatría el principal problema está en la falta de profesionales. El Plan de Salud Mental había programado la contratación de 250 efectivos en la red de salud mental. De momento las contrataciones realizadas solo representan un cuarto de ese objetivo ideal. «Hay carestía de médicos y profesionales de salud mental en general», insiste Vera, quien, además recuerda que las deficientes condiciones laborales (falta de plazas estables y el ingente volumen de trabajo diario), juegan en contra de poder captar a nuevos profesionales en las Islas. «La covid nos cogió con el pie cambiado», admite Vera, que asegura que ahora les está llegando «un aluvión de peticiones» que les están «desbordando». Cada día, un solo psiquiatra está tratando a entre 12 y 13 pacientes (360 al mes) y la lista, como relata el facultativo, «es infinita».

La sanidad isleña ha recibido un aluvión de trastornos mentales. Un solo psiquiatra está tratando al día a entre 12 y 13 pacientes al día y la lista «es infinita»

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Pese a las dificultades, Vera se muestra optimista. Los pacientes ahora son más conscientes y abiertos a la hora de hablar de su salud mental, y a la vez, la Administración está comprobando –a marchas forzadas– la necesidad, de atender de forma adecuada a estas personas. «Debemos aprovechar esta oportunidad y construir algo estable que limite el asistencialismo», insiste el facultativo. En su caso, lo que pide es tiempo para poder tratar a los pacientes de manera correcta y con mejores resultados en la salud. «Si pudiéramos tomar las medidas adecuadas, mejoraríamos a entre el 90 y el 95% de los pacientes que acuden a consulta», insiste.

La muerte más silenciosa

Porque si en algo coinciden todos los facultativos y expertos es que «las personas que sufren estas patologías pueden mejorar». No esconden que «hay mucho que hacer y muchos frentes en los que tomar medidas», pero consideran que si se llevan a cabo las estrategias adecuadas, «los datos de suicidios en Canarias descenderán», resalta el facultativo.

No obstante, para lograr que las tasas de suicidio sean menores, el abordaje no puede realizarse únicamente desde el ámbito sanitario. «La prevención del suicidio está abocada al fracaso si solo se encarga de ello la Sanidad», recuerda Acosta. Y es que la conducta suicida es un problema que tiene carácter intersectorial, y si bien es cierto que Sanidad puede actuar como eje central, lo ideal es tratarlo de solucionarlo desde múltiples puntos de vista. Si no es así, «nunca llegaremos», advierte.

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