Entrevista | Carmelo León González Catedrático de Economía, director de la Cátedra Unesco de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible de la ULPGC y miembro del Instituto Tides

Carmelo León González: «La publicidad negativa puede acelerar soluciones que mejoren el destino»

El director de la Cátedra Unesco de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible de la ULPGC, Carmelo León González (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) cree que el sector está en un momento de inflexión y que la buena convivencia entre residentes y visitantes dependerá de la gestión «colectiva» que se haga de la actividad a partir de ahora

No confía en la ecotasa, pero sí en limitar las viviendas vacacionales

Carmelo León González, catedrático de Economía, director de la Cátedra Unesco de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible de la ULPGC y miembro del Instituto Tides.

Carmelo León González, catedrático de Economía, director de la Cátedra Unesco de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible de la ULPGC y miembro del Instituto Tides. / José Pérez Curbelo

¿Asistió a la manifestación?

No, no tenía pensado asistir. No creo que sea necesario y tampoco creo que la manifestación vaya a tener un resultado realmente positivo. Se están confundiendo un poco las perspectivas. Los que trabajamos en el turismo sostenible, estamos todo el día pensando en el turismo sostenible de las Islas. No necesitamos manifestarnos para eso. Tendría un poquito más de sentido si fuese una manifestación con un alcance más amplio en los temas de sostenibilidad. Habría que reivindicar que el viaje a la descarbonización se realice lo antes posible o una mejor gestión de nuestros residuos, nuestros recursos hídricos y nuestras contaminaciones. Lo que se está reclamando es excesivamente limitado.

Pero, ¿comparte alguna de las reivindicaciones?

Por supuesto. ¿Quién no comparte que Canarias tiene un límite? Todos los canarios. No hace falta manifestarse para eso. Ya está reconocido en nuestro trabajo del día a día con el territorio, con el medioambiente. Tenemos una moratoria de hace 20 años, una ley de espacios naturales que protege el 40% del territorio. Tenemos una legislación fantástica en todos estos temas. Los límites ya se están gestionando. Lo que se está pidiendo ahora no sé por qué intereses está motivado, pero no es algo que vaya a sumar a la gestión que tenemos que hacer de los problemas que tiene el turismo. Hay que pedir más gestión, no solo poner límites. Ya los hay.

Precisamente el lema es Canarias tienes un límite...

Todas las islas tienen límites, el planeta también tiene y eso lo comparto. Pero esos límites en realidad son gestionables y manejables. No hay una limitación que nos impida seguir aprovechándonos de una fuente de bienestar como es el turismo. No como se está planteando en esta manifestación. Hay una limitación, pero es un concepto muchísimo más abigarrado que una limitación estrictamente física o de cantidades.

El turismo lleva décadas siendo la actividad que mueve la economía canaria. ¿Por qué surgen ahora las quejas?

En el 2020 el PIB se redujo un 20%. Esa reducción del bienestar de Canarias vino acompañada de una elevación de la tasa de paro por encima del 25% y seguida de la crisis financiera de 2008. Las dos crisis se juntaron y esto ha supuesto que la renta de la ciudadanía no se haya visto tan beneficiada. Hay un malestar porque nuestro bienestar económico no ha crecido al nivel que debería o podría haber crecido. A finales del siglo pasado estábamos en el 90% de la renta media española, ahora estamos en el 79%. Eso también explica el malestar de la ciudadanía. Y a eso habría que añadirle, cómo ha cambiado el turismo en los últimos años. Ahora es un fenómeno global y la comercialización se ha expandido por internet. Y los territorios se han inundado de turistas por las plataformas que han facilitado la conexión directa entre clientes y turistas.

Ahora el turista y el residente conviven...

Exacto. El residente ve al turista mucho más cerca. Antes el turista estaba en el hotel y ahora está en todo el territorio. Y claro, uno de los problemas es la competencia por los recursos limitados entre turistas y residentes. Es lo que está pasando con la vivienda. No se ha planificado para dar cabida al crecimiento poblacional y además, esa vivienda limitada tiene que dar servicio a otra modalidad de turismo que es la vivienda vacacional. Es un fenómeno muy delicado, porque la vivienda es un derecho constitucional.

¿Hay turismofobia en las Islas?

En Canarias no existe turismofobia por definición. Hay un estudio reciente sobre la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria que revela que el 80% de la población está a favor del turismo. Siempre hemos sido un destino muy amable con los flujos turísticos, no tenemos esa animadversión en contra de los visitantes. Pero claro, si resulta que empezamos a ver estos efectos negativos en la convivencia entre turistas y residentes, puede llegar a darse.

Ya hay medios internacionales que hablan de boicotear al destino por los mensajes de rechazo a los turistas. ¿Puede este tipo de manifestaciones perjudicar al sector?

Hay una cosa que se llama la publicidad negativa y a veces también favorece. El que se hable de tu destino, aunque sea negativamente, también te viene bien porque te empuja a reconducirlo y resulta que solucionas el problema y te vienen más turistas. Estamos ante una tensión social, un conflicto claro entre población residente y turista. Se está empezando a generar y no sabemos dónde va a terminar, pero tenemos que gestionarlo adecuadamente. Si hacemos esa reparación del daño a la imagen, seguramente vamos a salir beneficiados porque el turista entiende que somos humanos con sentimientos y reacciones ante situaciones en las que sentimos un perjuicio.

¿Cómo se repara ese daño?

Simplemente, esto que está ocurriendo ahora, se llega a una concertación social para solucionar el problema. Una de las cuestiones en las que tenemos que avanzar es en la gestión colectiva del destino. El destino tiene que ser gestionado por toda la ciudadanía en su conjunto, no solo por los políticos o los empresarios. Necesitamos llegar a acuerdos y solucionar los conflictos que tenemos. De todas formas, estas noticias no están generando una imagen negativa para Canarias, ni mucho menos.

¿Es partidario de implantar una ecotasa?

Es contraproducente. Es simplemente una tasa recaudatoria de fondos para dedicarlos a otros menesteres. Nunca son finalistas. Además, lo que va a producir es un trastorno en la gestión turística. Una de las cosas que más valoran los turistas es el tiempo y pagar la tasa no solo supone un coste económico, también de tiempo. Lo que perjudica a la calidad de servicio del destino. Este tipo de tasas se aplican en zonas de turismo de ciudad con pocos competidores, porque venden cosas que nadie tiene. Eso en Canarias no es así porque ofrecemos ahora mismo un producto muy similar al que ofrecen muchos otros destinos. Si ponemos tasas, vamos a salir perjudicados. En todo caso, si usted quiere recaudar más del turismo, súbale los impuestos indirectos, el IGIC, pero eso va a suponer un aumento del precio y una pérdida de competitividad.

¿Y la moratoria?

El tema de la moratoria empezó en los años 2000. Efectivamente, tuvo su justificación y un papel en el freno de nuestro crecimiento. Ahora mismo, que la moratoria no existe legalmente, es muy difícil seguir urbanizando turísticamente nuestro territorio por todas las restricciones legales que hay. Evidentemente, si la oferta empieza a crecer excesivamente, habría que pensar en una restricción al crecimiento. Nuestra relación con el ambiente no ha sido todo lo sana que podría haber sido. Tenemos muchos desmanes en todo nuestro territorio e impactos paisajísticos que no son los ideales. Podríamos haberlo hecho mucho mejor. Lo que hagamos a partir de ahora tenemos que pensarlo muy bien.

Ahora todo el mundo habla de repensar el modelo. ¿Es eso realmente posible?

Hay que repensar nuestro modelo, nuestra gestión turística. ¿Cómo vamos a seguir creciendo? ¿Con qué capacidades? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? Nunca se han planteado esas preguntas en Canarias. ¿Queremos seguir ocupando territorio y cambiando nuestros paisajes y deteriorando nuestros atributos naturales a base de seguir expandiendo nuestra oferta alojativa? Lo llamemos como lo llamemos, lo que hay que analizar es esa relación con el territorio. Los atributos ambientales son la esencia del producto turístico. No podemos matar a la gallina de los huevos de oro, tenemos que gestionarlo adecuadamente para que sigan viniendo los visitantes. Si crecemos desaforadamente al final vamos a hipotecar nuestro capital natural y no vamos a generar mejor rendimiento del mismo.

¿Diría que estamos en un punto de inflexión?

Sí, estamos en un punto de inflexión porque Canarias tiene una necesidad de crecimiento de bienestar y tiene que plantearse cómo hacerlo. Con qué sectores, con qué actividades económicas. Y el turismo está sobre la mesa. Es la alternativa que tenemos ahora, la que hemos utilizado en los últimos 60 años. Pero no es la única. En las Islas está el reto de desarrollar todas las actividades vinculadas al conocimiento, a la innovación y a las nuevas tecnologías para poder tener una sociedad con mayores niveles de renta porque los sectores tecnológicos son donde están las fuentes de productividad. Pero también hay que conseguir exprimir el gasto turístico para que genere más rendimiento en Canarias a través de la relación del turismo con todo el entramado económico. Para que el turismo sea sostenible necesitamos que esté más conectado con la socioeconomía canaria, con todas las actividades productivas.

¿Se puede ser sostenible con una población flotante de 400.000 personas al día de media?

Totalmente. La sostenibilidad es una cuestión de gestión de las interacciones entre los turistas y los residentes. Si los residentes están de acuerdo en que haya 400.000 o 800.000 y las saben gestionar adecuadamente para que su calidad de vida sea la mejor posible, no hay ningún problema. El número que tenemos en Canarias no es un número todavía excesivo, es gestionable. No estamos gestionando adecuadamente esas cantidades por lo que, o aprendemos a gestionar mejor o tendremos que reducir el número de turistas. Y tenemos que reparar los daños que hemos ocasionado en todo nuestro ambiente para remodelar esa relación con nuestro entorno natural, ambiental y social.

¿Cree que el Gobierno canario está dando respuesta a las reivindicaciones de la sociedad canaria?

Yo creo que hay un interés en dar pasos en ese sentido, hay una voluntad. Otra cosa es que sea lo eficaz que podría ser o que se le podría demandar. Las protestas actuales están demandando una gestión más eficaz, más contundente. Evidentemente, se está trabajando en ello, el anteproyecto de ley de vivienda vacacional es precisamente un ejemplo al cual habría que añadir toda la legislación que ha habido, las moratorias, etc. Siempre se ha perseguido ese bienestar a partir del turismo en Canarias y mantener esos equilibrios, pero la realidad es muy compleja y al final, por todas las triquiñuelas legales, no se consiguen los objetivos que se persiguen.

No todo el mundo está a favor del anteproyecto de ley de vivienda vacacional. ¿Qué le parece el texto?

Realmente no me lo he estudiado, pero participé en las reuniones y creo que la intención es necesaria. Es un problema para el sector turístico. Ahora bien, es verdad que regular para todos por igual puede que no sea lo óptimo, porque hay especificidades diferentes en cada caso. Cada municipio tiene sus particularidades. Y esto también lo manifesté en las reuniones. La regulación es necesaria, pero no puede pasarse de frenada. Como todo tipo de turismo, la vivienda vacacional tiene beneficios y costes. Entonces, lo que tiene que hacer la regulación es evitar los costes y obtener los máximos beneficios posibles. Teniendo en cuenta los números, tal vez sería conveniente una moratoria de vivienda vacacional. Pensar cómo gestionar esto y estudiarlo bien, porque el mercado de viviendas está muy tensionado. La norma va en el sentido correcto, pone un freno para que el derecho a la vivienda de los canarios se mantenga.

¿Sería partidario de prohibir o limitar la compra de vivienda a extranjeros?

La legislación europea impide que se ponga ese tipo de restricciones y es una restricción que no va a favor de la libertad. Ni de mercado, ni de movimiento de personas. Y eso es un poco anacrónico, va en oposición a lo que está haciendo el planeta. La tendencia en los países desarrollados es que la población caiga y ya se está viendo que la migración desde los países con más población va a jugar un papel importante. Cerrar la puerta a la posible adquisición de viviendas por parte de los extranjeros, puede que sea contraproducente. Otro aspecto positivo con respecto a la inmigración, es la captación de talento. Con el talento de fuera podemos aprovechar para reactivar el sector de I+D+i. Pero si ponemos una puerta a la adquisición de vivienda, nos estamos tirando un tiro en el pie para poder activar ese sector.

El presidente canario Fernando Clavijo ha reconocido que el debate sobre el sector turístico tiene que hacerse de la mano de las universidades. ¿A ustedes les hacen caso?

Bueno, sí. En la universidad estamos muy acostumbrados a trabajar con los órganos de gobernanza de Canarias, tanto a nivel municipal como con los gobiernos regionales. Tenemos continua colaboración con toda la información y asesoramiento. Lo hacemos con muchísima voluntad de servicio a la ciudadanía. Habría que potenciar esa relación de conocimiento porque realmente la única manera de solucionar los problemas es a partir del conocimiento, la innovación y el desarrollo. Y las universidades no podemos estar al margen de esto. En todas las sociedades más avanzadas las universidades están muy integradas con el aparato social, el aparato económico y con toda la estructura productiva.

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