Olímpicos, cuando la gloria no es suficiente para una pensión digna
En los años 80 y 90, la normativa no permitía a los deportistas profesionales cotizar a la Seguridad Social y ahora no pueden acceder a las pensiones que les deberían corresponder v El Gobierno busca los mecanismos legales para solucionarlo lo antes posible

Olímpicos, cuando la gloria no es suficiente para una pensión digna / LP/DLP
La gloria deportiva en España, en muchos casos, no da para que muchos de los héroes que hicieron vibrar a los aficionados con sus logros en sus respectivas modalidades en las últimas décadas del siglo pasado tengan la opción, al final de su vida laboral, de acceder a una pensión de jubilación digna. La razón, que en los años 80 y 90 no podían estar dados de alta en la Seguridad Social, un problema grave para muchos que el Gobierno trata de solucionar. Entre ellos, olímpicos, medallistas en Mundiales y Europeos y deportistas de todo tipo, menos mediáticos, cuya dedicación era plena y están ahora, en 2025, alcanzando o ya rebasando la edad de jubilación siendo víctimas de un sistema que les impedía contribuir a la Seguridad Social... y beneficiarse de ella.
Para la Seguridad Social, es como si no hubieran trabajado durante todos esos años defendiendo los colores de España, estando en nómina de clubs. Siendo deportistas profesionales, en definitiva, aunque la normativa no les otorgara ese reconocimiento y les negara la protección social.
¿Pero por qué estaban en esta situación? No cotizaban porque no los dejaban, era imposible. Para participar en los Juegos Olímpicos no podían ser considerados deportistas profesionales y eso implicaba no cotizar a la Seguridad Social.
Vivían estos deportistas, todos menos los futbolistas de élite que sí eran profesionales, en una especie de limbo legal (ni siquiera tenían un epígrafe propio para sus tributaciones, lo hacían como artistas y toreros) que ahora, tantos años después, pone en riesgo la calidad de su vejez. Teniendo en cuenta que la pensión máxima en la actualidad exige 36 años cotizados, para quien se retirara después de los 30 años (prácticamente todos), las cuentas no salen.
De las conversaciones entre ellos sobre esta situación surgió una iniciativa colectiva para buscar una solución. Se articuló a través de la Fundación Blanca Fernández Ochoa (el papel de su hermana Lola y el de la gimnasta Almudena Cid ha sido determinante en este proyecto), con el apoyo del sindicato UGT y con el Gobierno como un interlocutor que se ha hecho cargo del problema y que busca los mecanismos legales para solucionarlo lo antes posible.
El problema, claro, empieza por la dificultad para saber cuántos son los afectados y cuántos años de cotización como deportistas necesitaría cada uno de ellos para poder jubilarse con todas las garantías. Porque no piden que se le reconozcan todos los años dedicados al deporte, no es necesario, bastaría con que las cuentas les salgan para poder cobrar la pensión máxima que les corresponde.
Patricia Hernández
Por ejemplo, Patricia Hernández, jugadora grancanaria de baloncesto, fue internacional con España en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquella selección, que fue la primera en disputar una cita olímpica en categoría femenina de su deporte, no era consciente en ese momento de que estaban haciendo historia y que, al mismo tiempo, su sacrificio deportivo no iba a ser tenido en cuenta a la hora de jubilarse.
«No teníamos ni idea de que esto nos pudiese afectar a la jubilación. Nos hemos dado cuenta de la situación ahora. Juegas, entrenas y tras muchos años dedicados al deporte, que es nuestra profesión, te enteras de que no tienes ningún tipo de recompensa como trabajador», explica la ex del CB Islas Canarias.
En ese sentido, la isleña señala que éste era un aspecto que no les preocupaba, «ni lo teníamos en cuenta». «Cuando eres joven no piensas en el futuro a largo plazo, en lo que tienes por delante», señala. Por esa razón, vive una situación similar a la de muchos deportistas de su generación, ya que no puede llegar a la pensión máxima. «No he hecho cuentas ni cálculos, pero seguro que tendría que estar trabajando hasta los sesenta y muchos para llegar a la jubilación máxima; si me tuvieran en cuenta mis años de carrera profesional como deportista me vendría genial para tratar de acercarme», relata la exbase.
Por otro lado, Patricia Hernández explica que se enteró de esta situación gracias a las reivindicaciones de otros exdeportistas como Fernando Romay: «Cuando la Asociación de Jugadoras lo empezó a mover fue cuando empecé a saber sobre el tema. Ahora hay plataformas en las que empiezas a informarte de verdad. Ahora, estas peticiones por parte de los deportistas están cogiendo más fuerzas y están siendo apoyadas por las instituciones y sé que van a intentar ayudar».
Sin embargo, la 106 veces internacional cree que es el momento de dar un paso al frente con estas reivindicaciones y apuesta por un estatuto para los deportistas, no solo para los «profesionales». «Estos, si has hecho bien las cosas y te va bien, no deberían tener problemas, pero también tienen sus derechos y creo que se merecen que se les cuenten sus años como deportistas para la jubilación», señala. «No obstante, los deportistas de modalidades minoritarios o los jugadores y jugadoras de Primera, Segunda, Tercera FEB, Liga Femenina, Liga Femenina Challenge, en el caso del baloncesto, también hacen un esfuerzo enorme. Gran parte de su día a día lo dedican al deporte; ganes más o ganes menos tiene que estar regularizado», añade la grancanaria.
Más allá de esa circunstancia, Hernández asevera que aquellos deportistas que durante años han dado alegrías a sus clubes y a la selección española merecen una «jubilación digna». «Las instituciones, a través de los deportistas que están llevando la voz cantante, deben tenerlo en cuenta para arreglarlo. Si no se pueden tener en cuenta todos los años de primeras, pues por los menos que se consiga cubrir la mayoría. No sé si a mí me llegará, pero por lo menos espero que se tenga en cuenta», matiza la baloncestista.
El Gobierno se muestra sensible con esta deuda pendiente con los deportistas que dieron días gloria al deporte español. Trabaja para ello. Está inmerso en un proceso complejo que arrancó con un formulario para identificar a los afectados. Se hizo llegar a las federaciones nacionales y éstas lo distribuyeron entre sus deportistas potencialmente afectados. En total, 1.004 personas lo cumplimentaron. Sus respuestas, cada una con su casuística personal, están ahora en fase de estudio y servirán para cuantificar la magnitud de la potencial solución.
El siguiente paso a dar, explican fuentes del Consejo Superior de Deportes (CSD), es que Seguridad Social desarrolle una pasarela, una norma que reconozca a esos deportistas el derecho a abonar las cotizaciones que no pudieron pagar en su momento y que se les reconozca así su trabajo. Un proceso burocrático que tiene sus propios tiempos, por lo que el Gobierno no se ve en disposición de dar plazos, más allá de valorar de que es «cuestión de meses» y de garantizar que se hará.
Realizar una criba justa tampoco resulta sencillo, porque el requisito más objetivo, el de quién fue Deportista de Alto Nivel, no sirve, dado que esa figura legal se creó en 1997. El planteamiento gubernamental es identificar a quien respondiera entonces a los requisitos que ahora se exigen, mucho más fácil decirlo que hacerlo. «Con deportes como el baloncesto, balonmano, voleibol, ciclismo o fútbol es más sencillo; con otras disciplinas resulta más complicado, hablamos de épocas en las que no hay archivos digitalizados. Se va a tener que realizar un estudio muy minucioso», asumen desde el CSD.
El Gobierno, en todo caso, realza su compromiso con solucionar este problema. También el de «ayudar económicamente» al abono de esas cotizaciones pasadas, una vez exista una norma que lo permita, para lo que ya exploran las fórmulas legales más adecuadas que permitan hacerlo.
En la actualidad, este problema ya no existe, al menos sobre el papel. En 2007, se aprobó un Real Decreto Ley que reconocía a los Deportistas de Alto Nivel (un listado anual regulado por el CSD) el derecho a cotizar como autónomos a la Seguridad Social. «El problema era que algunos deportistas de disciplinas minoritarias cobraban tan poco que no se podían permitir esas cuotas», comenta Cristina Estévez, secretaria ejecutiva de Seguridad Social y Empleo de UGT.
Ante esa nueva dificultad, el fútbol salió al rescate. En 2015 se aprueba el decreto que blinda la venta conjunta de los derechos de televisión de Primera y Segunda División. En él, se recoge que un 1% del montante total (alrededor de 15 millones de euros anuales en la actualidad) se entregará al CSD para que lo destine a ayudas a la protección social de deportistas autónomos, para que abonen sus cuotas de la Seguridad Social.
«Esas ayudas se articularon como pagos a posteriori. Es decir, los deportistas tienen que adelantar el dinero de las cuotas durante un año y luego tienen que solicitar al CSD su abono. Volvemos al mismo problema, algunos de ellos no se podían permitir anticipar esos pagos. Eso ha provocado que una parte de ese dinero no se haya gastado, que se haya quedado en una bolsa. Lo que le proponemos al Gobierno es que ese dinero se utilice para las cotizaciones de esos deportistas que están a punto de jubilarse», desarrolla la dirigente de UGT. Fuentes del CSD afirman que es una de las posibilidades que se encuentran sobre la mesa. En 2025, está previsto que solo se consuman para ese fin, a tenor de la demanda (entre 700 y 800 deportistas), 1,8 millones de los cerca de 15 disponibles.
Gustavo Torrijos
En Tenerife, uno de los afectados por este limbo del pasado es Gustavo Torrijos, nadador presente en Moscú 80 (en tres distancias) y que también preparó de pleno la cita de Los Ángeles 84. «Tenía las marcas, pero unas desavenencias con la Federación Española hicieron que me quedara fuera; desde ahí me vine abajo y lo dejé todo», recuerda el deportista isleño de lo vivido hace ya cuatro décadas.
Ahora, como a la mayoría de afectados, les une una aplicación de móvil. «Estoy en un grupo de whatsapp de los olímpicos de esa época y hace unos meses nos mandaron un formulario del CSD para rellenarlo y enviarlo», afirma el chicharrero, otro más de los que se encuentra sumido «en la pelea» para que a los que estuvieron «unos años en la élite, pero sin cotizar, se les compense».
«Si es verdad que estuve un tiempo becado y hasta en una ocasión, en los Juegos Mediterráneos de Casablanca, en 1983, los nadadores nos plantamos y exigimos más dinero por las medallas; yo me llevé 60.000 pesetas por la plata. Pero nunca recibí dinero por parte de la Federación Española ni coticé», se lamenta Gustavo, que también llegó a ser mundialista.
Pese a su juventud (cumplió los 18 tres semanas después de acudir a Moscú), la dedicación de Torrijos por su deporte fue exclusiva –«entre ocho y diez horas diarias», aclara–, pero sin remunerar, desde 1977, cuando empezó su concentración en un Centro de Alto Rendimiento en Izarra (País Vaco), y donde permaneció casi cuatro años antes de pasar a otro CAR de Málaga.
Desde la capital de la Costa del Sol dio el salto a Estados Unidos, donde cursó el equivalente a Educación Física. Allí también siguió nadando y ratificó las marcas necesarias para estar en Los Ángeles 84, pero además pudo palpar la diferencia entre cómo se ha mimado siempre en Estados Unidos a un deportista de élite en comparación al trato que recibían estos en países como España.
«Antes era otro mundo. Allí tienes todas las facilidades que puedas imaginar, y no es solo por las becas universitarias. Ser un buen deportista hace que entres en una especie de bolsa de valores, gracias a la cual cotizas o bien te buscan un empleo», señala Torrijos, que en su periplo estadounidense llegó a ser entrenador «asistente en su universidad» y incluso fundó «un club de verano». Solo la repentina muerte de su hermano y la obligación luego de «hacer el servicio militar» le obligaron a su vuelta a España antes de un regreso al continente americano –ya sin pasaporte y tremendamente costoso en la parte económica»– que ya le fue inviable.
Desde ese retorno a casa Torrijos se ha buscado la vida como mejor ha podido. Desde controlador de pista en el Aeropuerto Tenerife Sur, hasta varias etapas relacionadas con su deporte, caso de su vinculación con el CN Teneteide. «Pero ahora estoy en el paro», lamenta. Cerca de cumplir los 63 (lo hará el 23 de septiembre), Gustavo es otro de los que se quedaría sin una pensión máxima si no se soluciona el citado limbo.
«No se está pidiendo dinero, solo que se reconozcan los años de alto rendimiento que estuvimos defendiendo al equipo nacional. Espero que todo se resuelva, aunque tengo la sensación de que irá para largo. Si no es para mí, que sea para los que vengan detrás», concluye Gustavo Torrijos con un discurso entre la resignación y la esperanza.
Juan Carlos Javier
Un caso prácticamente idéntico al de Torrijos lo representa Juan Carlos Javier, haltera que defendió la bandera de España, entre otras competiciones internacionales, en los Juegos de Barcelona 92. En su hoja de servicio también aparecen un par de presencias mundialistas, varias más en Campeonatos de Europa, y algunos Juegos Mediterráneos, al margen de «nueve récords de España y seis o siete títulos nacionales».
Como Gustavo, este teguestero vio, administrativamente hablando, «perder cinco años» en los que se dedicó casi por completo a su deporte. Y como el propio Torrijos se enteró de esta posible solución retroactiva «gracias a que contactaron» con él «por whatsapp otros halteras de toda España que también estuvieron en Barcelona y antes en Seúl».
En ese lustro, en concreto desde 1988 hasta 1993, Javier «estuvo concentrado en la Residencia Joaquín Blume de Madrid». Allí, recuerda, «recibía una especie de beca de 25.000 pesetas, pero que solo daba para los gastos mínimos. La espuma de afeitar y poco más», señala con ironía. Compensación a sesiones de trabajo «de más de ocho horas al día, y desde el lunes hasta el sábado».
Afortunadamente, Juan Carlos pudo escapar entonces porque «en los meses más flojos de entreno podía regresar a casa» y compaginar la halterofilia con su otra pasión, la Lucha canaria. Bregador en equipos como Portezuelo, Campitos y Arafo, Javier recuerda como «un buen luchador de la época ganaba diez veces más de lo que se llevaba un deportista de élite a nivel nacional», como él.
En esa situación de desamparo, Juan Carlos Javier añade otro aspecto, el de la presión añadida «porque lo que importaban eran las marcas». «Si no las cumplías te ibas para casa», resalta de un escenario hasta paradójico: «No es que no cotizaras, es que si batías un récord de España tenías como premio 30.000 pesetas, pero luego solo recibías 25.000 porque el resto se iba para el IRPF».
Ante este panorama, Javier se plantó «casi en los 30 años [se retiró tras los Juegos Mediterráneos de 1996] y sin cotizar». Desde entonces ha estado «alternando diversos trabajos, gracias muchas veces a las amistades». Ayuda que no será suficiente, sin embargo, para una pensión plena. «Para ello tendría que seguir trabajando hasta los 73 o 74; por eso, cotizar aquellos cinco años sería muy importante para mí», expresa Javier, que también admite haberle estado dando vueltas a este asunto «desde hace mucho».
«Siempre lo pensé. Es verdad que en mi caso viajé a bastantes sitios y me lo pasé bien, pero no estamos hablando de alguien que, por ejemplo, luche en un pueblo, sino de deportistas que representan a una nación», argumenta Juan Carlos, que como Gustavo Torrijos aprecia una rendija «a la esperanza» de cara a un futuro no muy lejano.
«Veo que la gente se está moviendo, sobre todo los de los deportes pequeños, y están tocando muchos palos. Espero que esos compañeros que, geográficamente, están más cerca de las administraciones nacionales, puedan ser claves. Hay que ser optimistas», añade por último el olímpico tinerfeño en Barcelona’92.
Andrés Mata
Sin llegar a vivir en aquella época tan lejana, otro deportista isleño afectado por este vacío ha sido Andrés Mata, que llegó a estar presente en tres Juegos Olímpicos (Londrés 2012, Río 2016 y Tokio 2020). «El asunto de las cotizaciones a la Seguridad Social siempre ha sido un problema para nosotros, porque en España no había una forma en la que se nos reconociera como trabajadores», expresa el lagunero en un discurso global, pero con el añadido de poder hablar también en primera persona.
«Desgraciadamente la mayor parte de mi carrera [desde 2005 a 2022] estuve fuera del sistema de la Seguridad Social porque no podíamos cotizar, y solo desde 2017 se habilitó, por parte del Gobierno y auspiciado por los derechos de televisión de LaLiga, esa posibilidad de cotizar por medio de un régimen de autónomos que fueran deportistas de alto nivel», expresa Mata sobre «ese agujero está ahí y no sé cómo se resolverá».
Reconoce Mata que mientras se dedicó en cuerpo y alma a la halterofilia, pudo vivir sin apreturas gracias «a las subvenciones por resultados deportivos, tanto por parte de la Federación Española, como por la Asociación de Deportistas Olimpicos (ADO), así como las del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife». Pero a la vez, el tinerfeño recuerda que «el problema sigue ahí». «A mí, particularmente, me afecta bastante porque son bastantes años que estuve así», recalca.
Incapaz de pronunciarse con seguridad sobre si la cuestión llegará o no a buen puerto, para Mata que ahora se haya movido el avispero, en especial el mediático, ya es un gran paso adelante. «Es un tema muy importante que nunca ha tenido la visibilidad que se merece. Nos afectará al final de nuestra vida laboral y estaría bien resolverlo de alguna manera, o al menos ponerlo de manifiesto para que la gente conozca esta problemática», expresa Andrés, que no comprende como «deportistas profesionales, sobre todo los de deportes minoritarios», se encuentren «en una situación de vacío legal» que no les «permite desarrollar» su vida laboral». «Muchos lo verán como simples entrenamientos, pero nosotros lo consideramos un trabajo», concluye el tinerfeño.
Estatuto del Deportista
En definitiva, sigue existiendo un problema. Para empezar, la cotización sigue sin ser obligatoria para todos los deportistas, algo que se prevé que quede corregido una vez se apruebe el Estatuto del Deportista, un texto que desde el mes de noviembre se viene trabajando en una subcomisión del Congreso. La idea es obligar a que aquellos que no están trabajando por cuenta ajena, en nómina de un club o similar, tengan que cotizar como autónomos. Como cualquier otro trabajador, vaya. Otro debate, largo, será quién debe pagar esa cuota: el deportista, su club, su federación, el CSD...
«Cuando ganábamos una medalla, enseguida nos llevaban a una recepción en Moncloa o la Zarzuela. Y estaba muy bien, pero lo que queremos es que ese trabajo se nos reconozca en nuestras pensiones. No nos dejaban cotizar y ahora no nos da para una pensión digna en muchos casos», resume uno de los deportistas presentes en el grupo de Whatsapp Jubilación Justa. Ellos, representantes de muchos más compañeros, aguardan que llegue la solución que les permita jubilarse de una forma digna.
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