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Entrevista | Abdulah Arabi Delegado del Frente Polisario en España

Abdulah Arabi: «La ambición expansionista de Marruecos no termina en el Sáhara Occidental»

Abdulah Arabi advierte de que la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental está llena de contradicciones. Señala que el texto pide a las partes -Marruecos y el Frente Polisario- negociar sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía, pero al mismo tiempo reafirma el derecho del pueblo saharaui a un referéndum de autodeterminación. Por eso sostiene que la autonomía «es una opción más», y la consulta sigue siendo la única vía reconocida por el derecho internacional.

Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España.

Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España. / Andrés Cruz

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo valora que el Consejo de Seguridad de la ONU tome como base para la negociación el plan autonomista de Marruecos sobre el Sáhara Occidental?

Bueno, creo que hay que resaltar que no es la ONU, es el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero la ONU, como Asamblea General, hace mucho aprobó una resolución que defiende el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. En esta última resolución hay muchas contradicciones. Se pide a las partes, al Frente Polisario y al Reino de Marruecos, negociar sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía para llegar a un referéndum de autodeterminación. Eso es una contradicción enorme, porque se contradice con la naturaleza jurídica y política del Sáhara Occidental. La resolución, además, prorroga la presencia de la Minurso, la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental, y pide que se llegue a un acuerdo mutuamente aceptable que contemple la libre determinación del pueblo saharaui. Por tanto, entendemos, y así lo interpretamos, que para el Consejo de Seguridad la propuesta de autonomía de Marruecos es una opción más, no la única.

Pero por primera vez el Consejo de Seguridad incluye que se negocie en base al plan autonomista marroquí.

Sí, por primera vez se hace referencia expresa a esa propuesta, pero se considera como una opción. La resolución dice también que las demás partes pueden presentar sus propias propuestas. Nosotros lo hemos hecho: hace apenas unos días presentamos nuevamente nuestra propuesta, la misma que ya registramos en 2007, basada en el derecho a la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental. Queremos negociar con Marruecos, pero si hay dos propuestas, la de Marruecos y la del Frente Polisario, solo hay una fórmula, que es la del referéndum reconocida por el derecho internacional: la consulta al pueblo afectado, en este caso el pueblo saharaui, para decidir qué quiere ser. Si Marruecos propone la autonomía y las cancillerías europeas y Estados Unidos la consideran la mejor solución, y nosotros proponemos la independencia, el referéndum consiste precisamente en eso: que el pueblo saharaui elija entre una u otra opción.

Pero el problema siempre ha sido el censo para votar el referéndum. ¿Cómo está ese asunto?

Existe un censo elaborado por la Comisión de Identificación de las Naciones Unidas, que forma parte de la Minurso. Ese censo está en manos de la ONU desde hace más de 12 o 13 años. Cuando Marruecos se percató de que la inmensa mayoría de las 84.000 personas censadas eran saharauis, se desmarcó del referéndum y propuso la autonomía como única solución. Si se retomara el proceso, la ONU tiene mecanismos para actualizar el censo, pero la base ya existe y está archivada.

¿Qué opinión le merece la posición de Donald Trump a favor del plan de autonomía de Marruecos?

El borrador de resolución pasó por tres fases. En el borrador inicial, Estados Unidos intentó reflejar su postura, sin hacer referencia al referéndum, y pretendía que la autonomía fuera la única solución. Pero la amenaza de veto de Rusia y China obligó a modificarlo, introduciendo la ambigüedad. Esa ambigüedad, aunque contradictoria, no descarta el referéndum de autodeterminación.

¿Por qué ese apoyo tan fuerte de EEUU a Marruecos?

Porque Marruecos se ofrece como garante de estabilidad en el norte de África. Mohamed VI firmó los Acuerdos de Abraham con Israel y, a cambio, consiguió que Estados Unidos reconociera su soberanía sobre el Sáhara Occidental. En realidad, Marruecos siempre mantuvo relaciones con Israel, pero ahora las ha hecho públicas a cambio de ese reconocimiento.

En Marruecos hay euforia: muchos celebran que la ONU ha avalado la autonomía.

Sí, pero esa euforia demuestra inseguridad. Si Marruecos tuviera garantías, no haría falta celebrarlo así. Ellos querían que el primer borrador, el más favorable a sus intereses, se aprobara, pero el texto final les decepcionó. Que el Consejo de Seguridad prorrogue la misión de la Minurso significa que la responsabilidad sigue siendo suya y que el referéndum sigue sobre la mesa. Si la autonomía se impone, no sería una solución, sino una imposición. Marruecos quiere dar por resuelto el conflicto, pero para lograrlo tendría que enterrar no solo el referéndum, sino también al pueblo saharaui. Enterrar la autodeterminación es enterrar al pueblo saharaui.

¿Cuáles son ahora los pasos a seguir?

El Consejo de Seguridad tiene 15 miembros, cinco permanentes con derecho a veto. La Minurso se ha prorrogado un año. En seis meses, en abril, deberá informar de los avances y, en octubre, decidir si se renueva o no. El Frente Polisario no va a aceptar nada que no contemple el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

¿Se van a sentar a negociar?

Nosotros nunca nos hemos negado a negociar. Pero no podemos aceptar un marco contrario al derecho internacional. El enviado especial del secretario general de la ONU es quien debe convocar a las partes, pero el Frente Polisario no puede firmar en nombre del pueblo saharaui algo que viole sus derechos.

¿Qué opinión tiene de la postura de España?

España, hace tres años, se situó en el lado equivocado de la historia. Sigue siendo la potencia administradora del territorio, pero ha optado por desentenderse de sus responsabilidades y alinearse con Marruecos. El Gobierno español ha salido del marco legal internacional y se ha posicionado a favor de la ocupación. Sin embargo, la sociedad española sigue siendo enormemente solidaria con el pueblo saharaui.

¿Qué países apoyan hoy al pueblo saharaui?

Muchos países defienden el derecho internacional: Rusia, China, Dinamarca, Pakistán, Argelia... La resolución del Consejo de Seguridad no reconoce la autonomía como solución, solo la menciona como una opción. Y cuando se habla de una opción, quiere decir que hay otras. El derecho a la autodeterminación no es interpretable. Solo el pueblo saharaui puede decidir si quiere autonomía o independencia. Insisto: enterrar la autodeterminación es enterrar al pueblo saharaui.

¿Por qué Marruecos quiere tanto el Sáhara Occidental?

Por sus recursos naturales: fosfatos, pesca, agricultura. Todo ello entra en fricción con Canarias.

¿En qué sentido afecta a Canarias?

Porque todo lo que se haga fuera del marco legal en el Sáhara Occidental afecta inevitablemente a Canarias, y también a Ceuta y Melilla. Marruecos tiene una ambición expansionista que no termina en el Sáhara. Si el Sáhara logra su independencia, será un dique de contención; si no, las consecuencias afectarán a Canarias.

¿Ha explotado Marruecos los recursos saharauis?

Fundamentalmente los fosfatos, la pesca y la agricultura. La Unión Europea ha firmado acuerdos comerciales con Marruecos que incluyen recursos del Sáhara Occidental, a pesar de que el Tribunal de Justicia de la UE los ha declarado ilegales. Eso perjudica directamente a los agricultores y ganaderos europeos, especialmente a los españoles.

¿España trata igual al Sáhara que a Palestina?

Nosotros apoyamos la causa palestina, pero es una incoherencia que el Gobierno español condene la ocupación de Palestina y respalde la del Sáhara. La diferencia es que Marruecos chantajea y manipula, y muchos gobiernos prefieren evitar enfrentarse a él.

¿Siguen en guerra?

Sí. Llevamos cinco años de guerra contra el ejército marroquí. Es una guerra silenciada, sin imágenes. Marruecos impide que se conozca lo que ocurre, igual que oculta las protestas sociales que desde hace semanas se están produciendo en su territorio.

¿Cómo está la situación en los territorios ocupados?

Las ciudades ocupadas son una cárcel a cielo abierto para los saharauis. Marruecos reprime y viola los derechos humanos, impide la entrada de periodistas y expulsa a los observadores internacionales.

¿Y en los campamentos de Tinduf?

Allí está la infraestructura del Estado saharaui, miembro de la Unión Africana y reconocido por 84 países. Es una realidad política que Marruecos no puede eliminar. En los campamentos viven unas 250.000 personas. Sufren las limitaciones de la ayuda humanitaria, que últimamente ha disminuido, pero siguen siendo el corazón de la resistencia saharaui.

Usted vivió la Marcha Verde. ¿Cómo recuerda aquellos días?

Se habla mucho de la Marcha Verde, pero fue solo una cortina de humo para encubrir la invasión militar. Nosotros la llamábamos la marcha negra. Lo que vivimos quienes estábamos en las ciudades fue al ejército marroquí entrando casa por casa, expulsando, intimidando y reprimiendo. España, en lugar de defender al pueblo saharaui, se rindió y abandonó el territorio.

¿Y los Acuerdos de Madrid?

Fueron la consecuencia de aquella presión. España, con Franco agonizando, se retiró y dividió el territorio entre Marruecos y Mauritania, dejando al pueblo saharaui abandonado y dividido. Han pasado 50 años de ocupación y resistencia, y ahora se pretende imponer de nuevo una solución contraria al derecho internacional. Pero no lo van a conseguir.

¿Cómo describiría hoy la relación entre el pueblo saharaui y Canarias?

Canarias ha sido siempre una plataforma inmensa de solidaridad. Durante 50 años, los saharauis nos hemos sentido allí como en casa. La mayoría de los españoles que vivían en el Sáhara durante la etapa colonial eran canarios, y eso dejó un lazo muy fuerte. Canarias saldrá favorecida de la independencia del Sáhara, y nosotros seguiremos trabajando para consolidar los lazos con nuestros hermanos canarios.

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