Día Internacional de la Mujer
De las huelgas de trabajadoras a los feminismos críticos: el 8M, un día nacido de las manos gastadas y los puños en alto
El Día Internacional de la Mujer, gestado entre movimientos sufragistas y obreros del siglo XX, pone el foco en las luchas que aún quedan pendientes: desde la brecha salarial hasta la violencia sexual, pasando por el crecimiento de la manosfera

Manifestación 8M en Las Palmas de Gran Canaria / Andrés Cruz / LPR

Año tras año, al llegar el mes de marzo, las calles y las redes se empapelan de violeta. El propio 8M, ese día en que los focos apuntan a las mujeres, revela con una ironía punzante que seguimos estando infrarrepresentadas, viviendo entre violencias patriarcales. Este es un día que no se celebra: se conmemora a las que lucharon para llegar donde estamos y se alza la voz por todas las que todavía se encuentran en los márgenes. Porque el resto del año no hay Día de la Mujer que valga; regresamos a nuestro sitio de cuota ocasional mientras el machismo incide con normalidad.
La pregunta no es qué debemos hacer con el 8M o si el feminismo está en decadencia. Siempre ha habido corrientes que quieren anclarse en otro siglo, hundiendo las ganancias de este movimiento por los derechos y las libertades. El quiste que debemos extirpar se expande durante todo el año: los feminicidios, la desigualdad en los cuidados, la violencia sexual, la brecha salarial, y podemos seguir.
Un feminismo interseccional
Los logros históricos que se han conseguido hasta la fecha no son fruto de las concesiones por simpatía o amabilidad, sino de una lucha constante. Así lo demuestra la memoria de un 8M nacido entre huelgas de trabajadoras, manos gastadas y puños en alto.
A partir de ahí, se sigue escribiendo la historia. Surgen retos nuevos, corrientes alternativas y mentalidades viejas que quieren echar por tierra todo lo conseguido, pero el feminismo también continúa remando. Y debe hacerlo de manera interseccional, para que todas estemos incluidas: las que no tienen papeles, las que no tienen dinero, las que han sido invisibilizadas y las que nunca serán víctimas ejemplares (porque eso no existe).
Declaración oficial del 8M
Fue en 1977 cuando Naciones Unidas estableció lo que hoy conocemos como el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, es necesario retroceder más aún para escarbar en los orígenes del 8M.
Su raíz viene creciendo desde principios del siglo XX en Europa y Estados Unidos a través de diversos movimientos feministas históricamente ligados al sufragismo y el movimiento obrero. Es decir, que el 8M no nació a partir de un único hecho aislado, sino de una lucha continua a lo largo del tiempo.
Con el paso de los años y la evolución de los estudios de género, el feminismo ha experimentado múltiples ramificaciones, añadiendo un número creciente voces al relato colectivo. Como es natural, entre ellas también emergen las críticas, algunas de las cuales sí tienen fundamentos sólidos, mientras que otras solo pretenden desprestigiar el movimiento.
Las trabajadoras textiles en huelga
En marzo de 1857, las trabajadoras textiles neoyorkinas tomaron las calles para protestar por sus duras condiciones de trabajo. La precariedad, los salarios bajos y las extensas jornadas eran habituales en aquella época, aunque se cebaban especialmente con las mujeres: podían cobrar menos de la mitad que los hombres.
Las manifestaciones se repitieron medio siglo después, también en Nueva York, con la marcha de miles de obreras para exigir la mejora de sus condiciones laborales, así como el voto femenino. La leyenda más conocida sobre los orígenes del 8M está arraigada en esta fecha.
A raíz de la huelga de trabajadoras, se extendió la noción falsa de que el empresario dueño de la fábrica las encerró en el recinto, el 8 marzo de 1908, donde se produjo un incendio en el que murieron 129 mujeres que portaban telas de color violeta. Sin embargo, ese día era domingo –por tanto, día de descanso– y no se produjo tal incendio.
Las luchas en Estados Unidos y Rusia
Sí ocurrió algunos años más tarde, el 25 de marzo de 1911, en la fábrica textil Triangle Shirtwaist Company. En ese incidente murieron 146 personas, la mayoría mujeres jóvenes migrantes, que se quedaron atrapadas por el mal estado de las escaleras y la deficiencia de la seguridad. Así, este hecho se convirtió en el desastre industrial con mayor número de víctimas mortales en la ciudad de Nueva York.
Hay diversas teorías que especulan sobre los motivos por los que se ha hecho una vinculación errónea con marzo de 1908 y el 8M. Una de ellas pone el foco en la Guerra Fría y el intento de Estados Unidos por desmitificar los movimientos feministas de la Revolución Rusa en 1917. Y es que fue el 8 de marzo de ese año cuando las mujeres rusas declararon una huelga bajo el lema 'Pan y paz' que inspiró, de acuerdo con Naciones Unidas, la instauración del Día de la Mujer.
Olympe de Gouges, las suffragettes y Simone de Beauvoir
Sea de un modo u otro, las reivindicaciones de todas las mujeres que participaron en huelgas, sindicatos y movimientos obreros marcaron hitos en la lucha feminista, sentando las bases del 8M. Pero ya sea en el mes de marzo o en cualquier otro momento del año, también nos debemos al legado que dejaron muchas otras mujeres.
Algunos de los ejemplos más destacados de la historia occidental son los de la francesa Olympe de Gouges, con la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, o las activistas británicas por el voto de las mujeres, conocidas como las suffragettes. Un puñado de décadas después, Simone de Beauvoir redactó el Manifiesto de las 343 guarras, firmado por cientos de mujeres que declaraban haber abortado, exponiéndose al peligro penal que ello suponía.
Del 'We Can Do It' al 'Me Too'
Estos tres hitos demuestran que el feminismo es maleable y adapta sus principales consignas a las exigencias de sus tiempos. Todas recordamos el mítico 'We Can Do It', que reivindicaba el papel de las mujeres en el espacio laboral, y también el poderoso Me Too, que surgió hace unos años para poner el foco en la violencia sexual y los abusos de poder.
Al igual que se adapta a los tiempos, el feminismo también entiende de territorios. De ahí surge el feminismo decolonial, una corriente crítica nacida en Abya Yala (nombre indígena del continente americano) para cuestionar el feminismo hegemónico occidental, señalando la interseccionalidad entre raza, clase, país o género.
Los feminismos decoloniales
Algunos de los grandes retos del presente que escapan al feminismo occidental son cuestiones tan fundamentales como el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, el acceso universal a la educación o la lucha contra la pobreza menstrual, agudizada por la sequía.
Si tiramos de ese hilo, este último ejemplo ilustra algunos de los efectos que puede tener el colonialismo sobre las mujeres. La contaminación de las aguas y la escasez hídrica van de la mano con el calentamiento del planeta, que es consecuencia directa del crecimiento de las grandes potencias mundiales a expensas de los sures globales.
Wangari Maathai y Oyèrónkẹ Oyěwùmí
Una de las grandes referentes en este sentido es la ecologista keniana Wangari Maathai. Su extenso trabajo vinculó la conservación medioambiental con los derechos de las mujeres, combatiendo al mismo tiempo la degradación medioambiental –causada en gran medida por la colonización europea– y las estructuras patriarcales en zonas rurales.
Tampoco se debe pasar por alto a la nigeriana Oyèrónkẹ Oyěwùmí, una brillante académica que utiliza el género para relatar el impacto de la colonización. Y es que, en la actualidad, Occidente se proyecta como un gran exportador de derechos, a pesar de que sus naciones son responsables de haber transmitido valores patriarcales en sus excolonias.
La división en las corrientes feministas
Además del feminismo decolonial, existen muchas otras corrientes que han tomado fuerza y que, en algunos casos, han causado grandes divisiones de pensamiento. Aquí destaca el encontronazo entre el feminismo radical y los feminismos queer o transfeminismos, pero otros temas como la prostitución o la gestación subrogada también son motivo de acalorada disputa. De hecho, han llegado al punto de convocar marchas separadas para fechas como el 8M.
Esa es una cuestión que toca resolver, no de cara a las manifestaciones, sino para seguir avanzando hacia la adquisición y consolidación de derechos. Mientras exista el odio visceral, la falta de escucha o la comercialización de cuerpos, todas seremos susceptibles de convertirnos en carne de cañón.
Superar los retos del presente
El panorama no es favorable, y así lo muestran la manosfera y las tendencias en redes sociales: gurús de la seducción, incels, trad wives, hombres que niegan o normalizan la violencia y otros que presentan el feminismo como una amenaza, bajo un halo tóxico de 'energía masculina'.
No caigamos en el engaño de que esto es algo nuevo, porque el machismo y el patriarcado también tienen la capacidad de transformarse. Tampoco caigamos en la desesperanza, porque el feminismo, por mucho que lo quieran negar, está fuerte todo el año, y no solo el 8M. Al igual que se hizo frente a los retos del pasado, también es posible hacer frente a los que se plantean en el presente.
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