8M | Día Internacional de la Mujer
Quince mujeres rompen barreras en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria: así es su día a día en la estiba
Carla Nuez Santana y Graciela Pérez Déniz, dos de las nuevas estibadoras, destacan el apoyo de sus compañeros y la importancia de la actitud frente a la fuerza física en el trabajo portuario

José Pérez Curbelo

El muelle nunca se detiene. Los barcos llegan a cualquier hora, las operaciones continúan de madrugada y los turnos se suceden durante todo el día. En ese ritmo constante del Puerto de Las Palmas, en donde tradicionalmente la estiba ha sido un trabajo masculino, un grupo de mujeres comenzó hace apenas un año a abrirse camino. Son 15. Entre ellas están Carla Nuez Santana y Graciela Pérez Déniz, dos de las nuevas estibadoras que hoy forman parte de una plantilla acostumbrada al esfuerzo físico, a los turnos cambiantes y al trabajo en equipo.
«Realmente fuimos un grupo. Hemos entrado 15 en total», explica Nuez. Primero accedió una tanda de nueve personas, entre las que se encontraba ella, y posteriormente otra de seis en la que entró Pérez. «Nuestra llegada es reciente», afirman con orgullo.

Mujeres estibadoras / José Pérez Curbelo
Su incorporación supuso un cambio tanto para el sector como para ellas mismas. «Siempre te genera una incertidumbre de cómo va a ser», recuerda Nuez. Para muchas era la primera vez que entraban en un entorno laboral tradicionalmente masculino y, en su caso, también su primer empleo. «Tenía muchos nervios a la hora de entrar». Sin embargo, asegura que la acogida fue inmediata: «Nuestros compañeros en todo momento nos han respetado, nos han apoyado y nos han acogido muy bien».
Pérez vivió una experiencia similar. Procedía de otro trabajo cuando recibió la llamada para incorporarse al Puerto. «Desde el minuto uno, no hubo diferencias, trabajamos de igual a igual», afirma. «Sentí muchísimo apoyo y respeto», expresa.
El proceso de selección
El acceso a la estiba exige superar un proceso de selección exigente. Quienes aspiran a entrar deben contar previamente con el carné de camión y superar diferentes pruebas físicas, médicas y psicotécnicas. «Hay mucha gente que se presenta y no todo el mundo puede acceder», dice Nuez, que considera «un privilegio poder entrar».

Mujeres estibadoras en el puerto de Las Palmas / José Perez Curbelo
Una vez dentro, la realidad del trabajo sorprende. Durante la formación reciben clases teóricas sobre el funcionamiento del Puerto y las distintas especialidades, pero el verdadero aprendizaje llega en el muelle. «Cuando entras y te ves con la realidad de frente, te impacta», reconoce Nuez. Aun así, asegura que el trabajo engancha: «No es nada monótono y eso ayuda mucho a venir al trabajo».
Los primeros días pueden ser duros. Pérez recuerda el esfuerzo físico inicial: «Al principio te dolían los dedos o los brazos». Sin embargo, el cuerpo se adapta. «Con el tiempo y con la práctica el cuerpo se hace impresionantemente».
Más allá de la fuerza: la actitud es clave
En contra de los estereotipos, ambas coinciden en que la fuerza no es el único factor determinante en el trabajo. «Aquí lo que cuenta es la actitud», afirma Nuez. «Yo creo que es un trabajo para todo el mundo. Ni hombres ni mujeres: cualquier persona que tenga ganas puede hacerlo y llegar hasta aquí, como nosotras».
Más allá de la dureza del trabajo, lo que más destacan es el ambiente dentro del Puerto. Nuez describe el momento de entrar a trabajar como un cambio de ánimo inmediato: «Te encuentras con compañeros que están entrando o saliendo del turno, saludas a la gente y entras con otra actitud».
Compañerismo
Pérez coincide en esa percepción. «Hay mucho compañerismo, somos como una gran familia aquí», explica. Incluso después de jornadas largas, los trabajadores suelen quedarse hablando un rato más antes de marcharse. «A veces salimos cansadas del turno y nos quedamos media hora más hablando con la gente», cuentan. Ese ambiente ha facilitado la integración de las nuevas estibadoras. «Gracias a ellos ha sido todo mucho mejor», afirma Nuez al referirse a sus compañeros.
El funcionamiento del Puerto exige flexibilidad. Los estibadores trabajan en cuatro turnos que cubren las 24 horas del día y en ocasiones conocen su horario el mismo día. «El Puerto es impredecible», explica Nuez. «Tenemos una previsión del trabajo, pero puede cambiar». Eso significa que un barco puede retrasarse o que la actividad aumente de forma inesperada. En esos casos, los turnos se ajustan a las necesidades del momento. «Te pueden anular el turno o cambiarlo», asevera. Aun así, existen periodos de descanso obligatorios para garantizar la seguridad en un trabajo donde la concentración es fundamental.
Desafíos emocionales y laborales
Antes de empezar, ambas reconocen que sentían cierta presión. Nuez admite que al principio se autoexigía más de lo habitual. «Quería demostrar que sí valemos», explica. Sin embargo, esa sensación desapareció con el tiempo. «Te das cuenta de que nadie te está juzgando ni señalando», expresan las jóvenes.

Graciela Pérez, estibadora del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. / José Pérez Curbelo
Pérez también recuerda esos primeros nervios, aunque su experiencia previa en ambientes masculinos, como el ejército, le ayudó a adaptarse. «Después de varios turnos y ver que todo sale bien, se te quitan los nervios», comparte. En ningún momento se han sentido cuestionadas por su condición de mujeres. «Para nada, nos han tratado igual que a cualquier compañero», asegura Nuez.
Como en otros trabajos portuarios, los horarios pueden complicar la conciliación. Las jornadas y los turnos hacen que, en ocasiones, tengan que renunciar a planes familiares o sociales. «A lo mejor tus amigos hacen una quedada y tú tienes que ir a trabajar», reconoce.
Sin embargo, considera que con el tiempo uno aprende a adaptarse. «Encuentras la manera de hacer planes cuando puedes», explica. Pérez resume el principal reto en pocas palabras: «Sobre todo la conciliación familiar y de pareja, es lo más complejo».
Un año después: cambio de percepción
Apenas un año después de su incorporación, ambas creen que su presencia ya está contribuyendo a cambiar la percepción del trabajo en el Puerto. Muchas tareas que desde fuera se consideraban inaccesibles para las mujeres han demostrado no serlo. «Cualquier especialidad dura, como el trincaje o subirte a un barco, también podemos hacerla», afirma Pérez.
Por eso, cuando piensan en las nuevas generaciones, su mensaje es claro. «Si nosotras pudimos, cualquiera que tenga ganas puede», expresa Nuez. Pérez coincide en la idea: «Tienes que ser una persona centrada y responsable con tu trabajo. Si tienes eso, adelante».
En el muelle, donde el trabajo no se detiene y los turnos cambian a cualquier hora, estas quince mujeres han empezado a escribir una nueva página en la historia de la estiba del Puerto de Las Palmas. Y lo hacen con la misma convicción con la que entran cada día al turno: con ganas de trabajar y mucha pasión por lo que hacen.
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