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El Everest de un viñetista

El reconocimiento a Padylla no solo certifica que es un genio en lo que hace -que lo es-, sino que refuerza el papel de la viñeta de prensa como género periodístico

El Everest de un viñetista

El Everest de un viñetista

Lucas Morales

Padylla será reconocido con el Premio Canarias 2026 de Comunicación, un anuncio que no sorprende a los que conocen su trayectoria, su obra y un poquito de su vida. A pesar de que compatibilizar su trabajo en el Cabildo de Gran Canaria con la crianza de tres hijos ya suena agotador, José Luis Padilla Morilla todavía tiene tiempo para analizar la actualidad y encontrar un detalle, idea o personaje que le permite inventar una situación disparatada y arrancar una carcajada a los lectores de EL DÍA y La Provincia con una viñeta de prensa. El colmo es que repite este ritual todos los días del año, salvo en Navidad, Año Nuevo y Viernes Santo.

Lo más fascinante de la fórmula Padylla es que José Luis es tan generoso -¿tendrá algo que ver con su extensa prole?- que ha satirizado sobre los políticos más relevantes de Canarias, sin poner asunto en su color político. Incluso podría afirmarse que la mordacidad de su crítica es directamente proporcional al cargo que ocupa el aludido. Por eso, no es de extrañar que Fernando Clavijo, presidente de Canarias y admirador confeso del humorista gráfico, le llamase con la excusa de pedirle explicaciones sobre una de sus viñetas para ponerle en un aprieto y terminar confesando que era una broma y que su objetivo era felicitarle por el premio que le entregarán el 30 de mayo.

La anécdota, que está a la altura o incluso supera a la inventiva del mismísimo Padylla, demuestra que las emociones que despierta su obra no son de «usar y tirar». Es asombroso que sus bromas produzcan el mismo impacto en cualquier persona, incluso entre las que son cuestionadas desde la falsa amabilidad de la viñeta de prensa. Por eso, nunca me ha extrañado ver cómo aquellos sobre los que satiriza por vez primera comparten y presumen en sus círculos sociales: «por fin aparezco en una de sus viñetas», suele escucharse.

Una de las cosas más bonitas que ha traído este premio es un consenso que se traduce en vítores que llegan desde el mundo de la cultura y el periodismo canario en general, pero sobre todo entre sus compañeros de profesión en particular. En ese sentido, es realmente emocionante ver todos los dibujos que sus amigos y amigas de la asociación «Se nos fue el baifo» han compartido para felicitarle, aunque si nos ponemos pragmáticos la trascendencia de todo esto es mayor. Mucho mayor.

El reconocimiento a Padylla no solo certifica que es un genio en lo que hace -que lo es-, sino que refuerza el papel de la viñeta de prensa como género periodístico. Este impulso al sector nunca viene mal, porque a pesar de que hoy el cómic goza de cierta aceptación -me atrevería a decir, incluso, que también de relativa popularidad-, es un medio que siempre ha tenido problemas para moverse en entornos institucionales. Para entender esta resistencia, solo tenemos que viajar hasta 1981 -fue hace poco más de cuarenta años- y ver el dolor de muelas que le supuso a Antonio Altarriba escribir una tesis doctoral basada en el noveno arte. Ninguno de sus profesores y compañeros pareció entenderlo. Ahora es catedrático de la Universidad del País Vasco, Premio Nacional del Cómic por El arte de volar, le invitan a dar conferencias a centros de estudio y convenciones de todo el mundo y su obra ha sido traducida a muchos idiomas, pero todo esto no llegó sin sudor y lágrimas.

La viñeta de prensa tampoco es que haya tenido mejor suerte en España. Mientras que en el mundo anglosajón se le conoce como political cartoon -podría traducirse como dibujo o caricatura política- y goza de gran prestigio, en nuestro país siempre se le ha llamado «chiste». Sin ponernos excesivamente pedantes, el término no le hace justicia a la viñeta de prensa, una compleja combinación de elementos verbo-pictóricos que necesita de un contexto compartido entre el autor y su público para que tenga sentido pleno y alcance el objetivo que persigue como recurso periodístico: fiscalizar y denunciar situaciones complejas en una pieza que puede asimilarse en cuestión de minutos. Mientras que en países como Reino Unido han creado los Political Cartoon of the Year Award, premios organizados por The Cartoon Museum con la participación de cabeceras como The Guardian, The Times y The Daily Telegraph, aquí nos hemos referido históricamente a estas obras como «chiste.

El reconocimiento a Padylla era un secreto a voces -no sé cómo pudo ocultarse cuando se sabía por periodistas cotillas como el que firma este texto- y, ahora que es público, solo podemos deshojar el calendario hasta que llegue el 30 de mayo y se haga historia. Pero haciendo un ejercicio de adivinación, es probable que ese día José Luis salga al escenario con la misma humildad que le caracteriza cuando relata una historia tan interesante como la llamada de Clavijo. También lo hará disimulando el rubor con su sempiterna sonrisa; le he visto hacerlo cuando comenta que algunas de sus viñetas sobre inmigración han sido utilizadas en estudios académicos de la Universidad de Pittsburgh. Seguramente lleve traje y puede que corbata. No tengo certezas pero tampoco dudas de que cuando diga «gracias» después de mirar con incredulidad su trofeo hará algún chascarrillo que provocará una explosión de risas y aplausos en el gallinero. Todo esto lo tengo tan claro como que este humorista gráfico no es consciente de que con su esfuerzo, tesón y una impronta personal inimitable ha logrado un hito inmedible para el periodismo y la viñeta de prensa de Canarias.

Este es tu Everest, Padylla. Felicidades y gracias por invitarnos a vivirlo.

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