La brecha de género en la religión: la fe es cosa de mujeres
Un estudio realizado por investigadores canarios revela que las diferencias en la religiosidad de hombres y mujeres están directamente relacionadas con el nivel educativo y su posición social

Señor, ¿por qué ellos te han abandonado?
Este domingo arranca la Semana Santa. La popular procesión de la Burrita, una de las más entrañables de estas celebraciones religiosas, emulará en las iglesias canarias la entrada de Jesús en Jerusalén. Por delante quedan siete días de oficios y procesiones hasta culminar con el Domingo de Resurrección. Antes, durante la madrugada del viernes, llegará uno de los momentos más intensos de las festividades con la procesión de Madrugada y el recuerdo de las que son, según la religión católica, las últimas siete palabras pronunciadas por Jesús antes de morir crucificado. Algunas de las más conocidas son la cuarta -¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (Marcos 15:34)- o la última -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23:46)-.
Aunque evidentemente no es la única, la católica sigue siendo una de las religiones más importantes del mundo. Y lo es por varios motivos: su peso demográfico -dos mil cuatrocientos millones de fieles en todo el mundo en la actualidad-, su influencia histórica, un nada desdeñable papel social y el peso político y moral de sus representantes, con el Papa al frente. Todo eso la mantiene en el primer puesto del ranking internacional. En España, país de profundas tradiciones religiosas, los datos son aplastantes. Según el último barómetro del CIS, el 54,5% de la población adulta se define como católica.
Es una creencia antigua, de casi 2.000 años, que ha tendido siempre a dar la espalda a las mujeres. Desde el mismo momento en el que se acusó a Eva de tentar a Adán para que mordiera la manzana prohibida, la religión católica no solo ha excluido a las mujeres de sus jerarquías, sino que también promovió una imagen femenina ligada a roles machistas como los de la obediencia, el cuidado de la familia o la castidad. Es curioso que una estructura liderada por hombres se sostenga hoy en día sobre las espaldas de las mujeres, que son mayoría tanto en las celebraciones religiosas como en la infinidad de organizaciones voluntarias vinculadas a la iglesia.
¿Por qué me has abandonado?
Volvamos, pues, a las referidas siete palabras de Jesús. ¿Por qué los hombres han abandonado el culto y son las mujeres las que, en su mayoría, acuden a la Iglesia? Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) -titulado La brecha de género en la religiosidad en España: el papel del nivel educativo y la posición social- pone de relieve, precisamente, las diferencias de género a la hora de afrontar la religiosidad. El trabajo, basado en entrevistas a más de 114.000 personas, se enmarca en un contexto evidente: el claro y sostenido declive de la fe, en este caso cristiana, a lo largo de la última década. Los españoles, en general, son cada vez menos religiosos. En 2013, el 75% de la población se declaraba creyente. Ese porcentaje se redujo al 60% en 2024. Es un fenómeno común a todas las sociedades occidentales: la religión pierde peso a medida que más personas acceden al mercado laboral y encuentran condiciones de vida más favorables.
Otro aspecto a destacar es que las mujeres son mucho más creyentes que los hombres pero que esa brecha de género empieza a reducirse. Curiosamente, llega a incluso a revertirse entre la población más joven, donde los chicos toman la delantera a las chicas a la hora de declararse religiosos.
La investigación de la ULL, publicada en la Revista Española de Sociología (RES), lleva la firma de Daniel Bianchi y Leopoldo Cabrera, del Departamento de Sociología y Antropología de la institución académica lagunera, junto a la de Felipe Rosa González, del Departamento de Matemáticas, Estadística e Investigación Operativa. Ciencias puras e humanidades, juntas para abordar un análisis que espera ampliarse, pronto, a otras religiones. Los autores explican que los importantes flujos migratorios del país hacen necesario abrir la mirada hacia otras creencias cada vez más asentadas y profundizar en la radiografía completa de la fe en España. Los investigadores van más allá y proponen ahondar también en cómo las distintas situaciones vitales -como el matrimonio y la presencia de hijos o familiares en situación de dependencia en el hogar- influyen en los patrones de religiosidad por género.
Tengo sed
Leopoldo Cabrera y Felipe Rosa, sedientos de conocimiento, llevaban tiempo investigando sobre cuáles podían ser los factores que afectan a la hora de que la gente se sienta o no religiosa. Tienen a sus espaldas varias publicaciones sobre este asunto. Ese trabajo previo les puso sobre la pista: el género está entre los aspectos más determinantes para el sentir religioso. Otra de sus percepciones iniciales era que el nivel educativo, la ocupación, el puesto de trabajo o la forma de vida y, sobre todo, la edad, influyen también directamente sobre esta variable. «Las diferencias de género en la religiosidad son un hecho contrastado en numerosos países. Sin embargo, no es posible considerarlas un fenómeno universal. Se trata más bien de una tendencia asentada en el contexto cristiano, mientras que en torno a las otras grandes religiones monoteístas no se dispone de tanta evidencia, y la disponible no apunta en favor de una mayor religiosidad femenina como la imperante en las sociedades occidentales, predominantemente cristianas», se puede leer en este reciente estudio. Al incorporarse Bianchi al equipo, decidieron que era el momento perfecto para recopilar los datos de todos los barómetros y estudios disponibles del CIS (los más recientes datan de 2024) y empezar a trabajar para analizar el porqué de esa caída tan drástica de la fe durante la última década. No obstante, no es la primera vez que se investiga sobre el tema. Existen dos teorías sobre el asunto: la de origen biológico y la que otorga toda la responsabilidad al contexto. Las mujeres y los hombres han ocupado posiciones sociales opuestas a lo largo de la historia. Eso lo determina todo.
Ahí tienes a tu madre
¿Es innata la espiritualidad de la mujer? ¿Está el papel de madre y cuidadora predeterminando su sentir religioso?
Los resultados de este estudio muestran que, aunque las mujeres presentan en términos generales mayor probabilidad de declararse religiosas que los hombres, esa brecha de género tiende a reducirse cuando mejoran su posición social. Por este motivo, los investigadores consideraron importante analizar «el rol moderador» del nivel educativo, la ocupación o el tipo de actividad no remunerada.
Tras el análisis de estos datos, los investigadores de la ULL sentencian que el contexto social es lo primordial para decantar la balanza en cuanto a creencias religiosas y género. «El contexto social es importante», concluye Bianchi, quien añade que en los estratos «que se podrían considerar más vulnerables, como personas con estudios básicos, trabajadores no cualificados o mujeres que se dedican al trabajo doméstico no remunerado, la mujer muestra una creencia religiosa más arraigada y suponen casi el 95%». A eso hay que sumar a las personas mayores de 65 años, donde vuelve a haber mucha más presencia de mujeres que de hombres en lo que a práctica religiosa se refiere. Por ejemplo, ser mujer eleva en 1,51 veces la probabilidad de ser religiosa cuando la actividad principal es el trabajo doméstico.
No saben lo que hacen
La sorpresa llega cuando se analiza una franja de edad mucho menos elevada. En el caso de los jóvenes y los estudiantes, la brecha de género no solo se cierra, sino que se revierte: los hombres son un poco más religiosos que las mujeres, aunque la diferencia no es aún muy amplia. Los redactores del estudio coinciden en que, aunque no han podido determinar con claridad las causas que hay detrás de este sorprendente cambio de tendencia, puede deberse a un evidente giro de este segmento poblacional hacia posturas más conservadoras. «Eso se podría traducir en una inclinación hacia ideas de derechas, tradicionalmente más asociadas a la religiosidad». «Con nuestros datos, por ahora, no podemos concluir nada todavía», sentencia Bianchi. Por otro lado, los investigadores avanzan que es probable que esta reducción de las diferencias en esta franja de edad termine extrapolándose al resto de la sociedad en pocos años.
Encomiendo mi espíritu
Tradicionalmente, las mujeres han estado más expuestas a situaciones de carencia de recursos económicos, poder y estatus. Durante siglos, la fe ha jugado un papel «compensatorio y atenuante» ante situaciones adversas. Creer se convirtió en una fuente de seguridad vital para ellas, relegadas habitualmente a las posiciones más inseguras dentro de la estructura social. Es normal, por tanto, que muchas mujeres hayan decidido hacer suya la séptima palabra pronunciada por Jesús y se hayan encomendado a su dios para sostener la esperanza en un futuro mejor. La religión se convierte así en «una fuente alternativa de seguridad existencial e identidad» en los entornos con mayor precariedad laboral y vital en los que las mujeres tan solo cuentan con estudios secundarios e inferiores o son trabajadoras asalariadas en ocupaciones de menor estatus.
Bianchi apunta a que es en esos casos cuando la religión se convierte en la más importante fuente de identidad. Sin embargo, continúa, en la actualidad han surgido nuevos factores que rivalizan con el sentimiento religioso o que, al menos, coexisten con él. Los niveles de religiosidad entre hombres y mujeres se han ido equiparando a medida que las mujeres han ido accediendo a mejores posiciones sociales.
El estudio de la ULL desvela, además, que las diferencias en los niveles de religiosidad son mayores entre mujeres de distinto nivel de estudios, estatus ocupacional, tipo de actividad no remunerada o grupo de edad, que entre mujeres y hombres de la misma condición social. Por eso, las brechas de género son muy reducidas y hay diferencias más intensas dentro de cada género que entre hombres y mujeres. Por todo ello, concluyen, no se pueden asumir las diferencias de género en la religiosidad como una variable fija y natural, sino que dependen de la posición que los hombres y mujeres ocupan y es, por tanto, una cuestión social.
Todo está cumplido
¿Qué opinan las mujeres que participan activamente en la iglesia sobre esas diferencias por género y sobre su papel en las estructuras religiosas? Carmen Lourdes Parrilla es cofrade desde 1989 y miembro de la Junta de Hermandades y Cofradías (JHC) de La Laguna desde 2022, donde hoy en día desempeña el cargo de vicepresidenta. Tras jubilarse, creyó que podría aportar su granito de arena para «alentar, fomentar y esforzarme por actualizar el espíritu religioso de las 28 hermandades en sus actos de culto, promoviendo acciones que lleven a vivir y madurar la fe y el compromiso cristiano». Actualmente, en la JHC hay tres mujeres con edades comprendidas entre los 60 y los 70 años y que, curiosamente, se adecúan al perfil que creyente que esboza el informe realizado en la ULL. «Esta realidad refleja, en cierto modo, la implicación y el compromiso de mujeres con una larga trayectoria de servicio dentro de nuestras hermandades, así como la necesidad de seguir fomentando la participación de nuevas generaciones que aseguren la continuidad y renovación de nuestras instituciones», opina.
Aunque España ha experimentado un proceso de secularización en las últimas décadas y el estudio La brecha de género en la religiosidad en España: el papel del nivel educativo y la posición social ahonda en motivos como el nivel educativo, la ocupación y la posición social de la población, también existen otros factores que pueden influir, como «la falta de educación en valores en el ambiente familiar». Parrilla destaca, así, aspectos como la solidaridad o el compromiso, que «son esenciales en la vida diaria y pilares fundamentales para vivir también una fe auténtica y coherente».
A pesar de la tendencia a la baja de la religiosidad en España, Parrilla afirma que «todo resurge» y que hay cada vez más grupos de jóvenes que practican la religión a través de la música, la oración y la «adoración a la Eucaristía», en un momento en el que «pensábamos que ellos eran los que quizás estaban más alejados».
La irrupción de la pandemia también fue determinante. En el caso de La Laguna, se produjo un «bajón» importante en cuanto al número de participantes en las cofradías y hermandades de Semana Santa. Pero parece que todo ha vuelto a la normalidad. Parrilla lamenta no conocer «ningún método que sirva para atraer a más gente a nuestras cofradías».
Por eso, la JHC se centra en compartir sus vivencias para tratar de «contagiar» su forma de vivir la religión. Sostiene que tanto en las hermandades como en las cofradías laguneras hay «mujeres y hombres con diversos niveles académicos y situaciones sociales». «Todos somos hermanos, sin títulos; nos ayudamos mutuamente y vivimos la fe».
Estarás conmigo en el paraíso
Juan Carlos Arencibia Suárez es el rector del Seminario Diocesano de Canarias. Párroco e historiador, imparte clases de Historia de la Iglesia en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (Istic). La institución que dirige trata de tener en cuenta la realidad de cada momento histórico y abrirse, así, a las «necesidades generales y concretas de la Iglesia, de la sociedad y de cada ser humano». «Nuestra formación abarca campos como la Filosofía, la Psicología, la Sociología, y gran parte de las disciplinas humanísticas», puntualiza Arencibia, quien añade que desde el Seminario «nos interesamos mucho por las tendencias de nuestro tiempo». Celebra, asimismo, que en la actualidad existan toda una «serie de personas que, aunque no comparten la fe cristiana, aportan muchísimo al conocimiento y desafíos de nuestras sociedades y nos ayudan con las propuestas que hacen».
En lo que tiene que ver con esta brecha de género, el rector del Seminario Diocesano de Canarias insiste en que «la mujer tiene un papel importantísimo en la vida de la Iglesia». Pero no solo en esta institución, sino también en la familia, en las comunidades eclesiales y en la cultura cristiana.
Más allá de cualquier estudio -como el realizado ahora en el ámbito de la ULL- Arencibia dice que se puede «constatar la influenciaque ha tenido la mujer en la vida de tantos y tantos creyentes». En este sentido, llama la atención sobre el papel que juegan en los últimos años importantes mujeres teólogas, así como «otras» que sobresalen por su espiritualidad y su compromiso con la sociedad. No duda en reseñar nombres como los de Santa Mónica, Madeleine Delbrêl, la Madre Teresa de Calcuta, Verónica Berzosa o Núria Calduch. Son, destaca, mujeres que «me parecen colosales por lo que han aportado a nuestras comunidades cristianas». Recuerda además que, en el seno del Seminario, las «familias tienen un papel muy importante, especialmente las madres, abuelas y hermanas» y que varias «mujeres profesionales» también colaboran con la institución. «La vida consagrada femenina también es importante en el Seminario, ellas nos estimulan en el seguimiento de Cristo, nos hacen apreciar cada día más el papel de la mujer en la Iglesia y nos ayudan a descubrir los desafíos que tiene la Iglesia de nuestro tiempo».
Ahora que se acerca la Semana Santa, Juan Carlos Arencibia reflexiona también sobre la participación cada vez más activa de la población laica en las celebraciones. «Ha sido un cambio significativo», expresa el rector del Seminario, quien recuerda que el lavatorio de los pies, que en otro tiempo estuvo reservado a los varones, se ha abierto también a la participación femenina. Asimismo, hay una «proliferación» de cofradías o hermandades porque «cada vez hay más personas interesadas en formar parte de ellas y de las procesiones». «La Vigilia Pascual, la celebración más importante del año litúrgico, ha ido cobrando cada vez más importancia», apostilla.
Conocedora de la historia de la Semana Santa lagunera, Carmen Lourdes Parrilla explica que a finales de la década de 1980 se comenzaron a incorporar las mujeres a las cofradías y que en las últimas décadas su participación ha aumentado significativamente. Tal es así que alguno de esos grupos están hoy integrados por más mujeres que hombres. «Quizás, en momentos puntuales, las mujeres aportamos una perspectiva diferente que nos ayuda a enriquecernos como cofrades», aventura la vicepresidenta de la JHC, quien -no obstante- también habla de los desafíos y obstáculos que hay que superar, como la inclusión plena de la mujer en algunas de estas organizaciones.
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