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Arantza Pérez: «Por un año en una secta hacen falta siete para recuperar la salud mental»

Los familiares y amigos de las víctimas de grupos que instrumentalizan la santería para que sus líderes saquen beneficio propio son quienes más buscan ayuda para resolver la situación. El primer obstáculo que hallan es la falta de formación en el personal de las administraciones para afrontar esta realidad y no existe percepción de riesgo. Para caer en estas redes sólo hace falta pasar por un momento de vulnerabilidad, pues da igual el nivel de formación intelectual o la situación socioeconómica.

Arantza Pérez, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Santería (Afesan), en un parque de Santa Cruz de Tenerife.

Arantza Pérez, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Santería (Afesan), en un parque de Santa Cruz de Tenerife. / María Pisaca

Santa Cruz de Tenerife

¿A qué se dedica la Plataforma de Afectados por la Santería?

Tiene varias líneas de trabajo. Ofrecemos apoyo a víctimas directas de quienes utilizan los ritos de la santería en beneficio propio. Y también asistimos a familiares y el entorno de los afectados. Nosotros no vamos en contra de nadie. Ayudamos a los perjudicados. Y, cuando conocemos de alguna captación, avisamos a las autoridades.

¿Y cómo lo hacen y por qué?

Están los santeros de toda la vida y los que quieren coaccionar o meter miedo por un asunto económico, por ejemplo. Existen otros casos en los que el líder no busca obtener sólo dinero, sino más bien lo hace por un motivo narcisista, para lograr poder. No entramos a valorar por qué una persona practica la santería y capta gente. Tratamos de sacar a la víctima o, al menos, acercarnos y trabajar con ella.

¿Cómo surgió la idea de formar este colectivo?

Me surgió al ver que había muchas víctimas, que Canarias es una zona donde se practica muchísimo la santería. No sé si se debe a que es un puente de culturas. Las personas afectadas están esparcidas en la geografía. Se trataba de crear un espacio común, donde compartir los problemas de cada uno y, sobre todo, intentar dar una salida. En Afesan estamos en contacto con especialistas de toda España en abusos a víctimas de debilidad. Y los casos los derivamos a cada experto, en función de la atención que precisen. Se ofrece apoyo legal, médico, psicológico o psiquiátrico, de todo. Me percaté de esa necesidad de abrir puertas, tender lazos y poder ayudar. Mientras tanto, la Plataforma mantiene el apoyo y hace el seguimiento de cada usuario.

¿Cómo descubrió esta realidad?

Por el caso de una familiar directa mía. Entonces no tenía ni idea de todo este asunto. Se destapa y, a partir de ahí, lo que hago es recopilar información para intentar entender qué pasa, cómo es este mundo. El objetivo era tener respuestas ante algo que me resultaba incomprensible. Con quien primero tropiezo es Redune, que es una asociación a nivel nacional, que se dedica a ayudar a familiares de víctimas de grupos coercitivos. Y, a partir de ahí, ellos me informan. Hay una persona en dicho colectivo, Luis Santamaría, que me dio toda la información en los comienzos. De eso hace poco más de seis años.

¿Qué sentimientos tuvo en aquel momento?

Estaba perdida. Como familiar, no entendía qué pasaba. Me preguntaba: ‘¿Qué ocurre?, ¿de qué va esto?, ¿por qué?’ Lo primero que hice fue ir por las instituciones, preguntando para saber cómo podía arreglarlo. Me di cuenta de que en las administraciones no hay formación de lo que son las sectas. No te pueden ayudar porque no saben. Ahora empiezan a darse algunos pasos. La Policía Nacional ha creado ya un correo y una unidad de atención para víctimas. Aquí, en Tenerife, hay un psicólogo, Manuel Pérez, que ha dado formación a los alumnos de Psicología. Todo eso suma, evidentemente. Pero en los primeros momentos, nadie te entiende. Te decían: ‘Yo no sé, ah, pues vete al edificio tal, pues sube a la planta cual, bájate al sótano, vete a Fiscalía, ah, pues no..., al edificio tal’. Y, después de tres días caminando por todo Santa Cruz, me dije que nadie sabía nada.

¿Encontró carencias, entonces?

En el sistema público, todas las del mundo. Hay desinformación. No tienen nada para poder atenderte. A nivel judicial, cero. De Servicios Sociales, de defensa del menor, cero. Otro problema es que se confunde la actividad de las sectas con las religiones. Me decían que intentaba atentar contra la libertad religiosa.

¿Y sabría explicar la diferencia entre una secta y una religión?

Sí. Hay un número determinado de religiones. Tú eres libre de elegir una u otra, o ninguna. Como ejemplo, está la mayoritaria aquí, con la iglesia católica. Uno va a las misas o celebraciones y vuelve a su casa, sin ningún problema, tras escuchar las ideas o mensajes para seguir a Dios. Aquí no se sigue la religión yoruba. En Cuba es otra historia, tienen sus creencias, celebran sus ritos. Aquí no se practica nada de eso. Se usa la santería, se camufla, se blanquea como religión para captar a las personas. La diferencia es que uno entra bajo el yugo de un santero, que dice ser babalao y, a partir de ahí, estás absolutamente condicionado en tu vida diaria. Te dice lo que puedes hacer, lo que no, a qué hora puedes salir, qué puedes comer, qué no, qué te va a pasar si no le haces caso. Esa es una gran diferencia con cualquier religión que elijas. No puedes hacer tu vida diaria básica sin pedir permiso a tu santero. Desde que te consagras, es tu padrino y guía tu vida, hasta en tu salud. Cuidadito con ir al hospital, que está vetado, o a los cementerios. Eso no es libertad. Se trata de un relato común de cualquier víctima.

¿Y también aíslan al adepto?

Después van a atacar al entorno de la víctima. Familiares o amigos ven que el adepto hace cosas raras, que ya no vive como antes. Y, aunque no sepa mucho, se da cuenta que está metido en algo raro. Cuando el ahijado le cuenta al babalao que sus padres, hermanos o un amigo le han dicho algo contrario a sus directrices, el padrino le indica que debe apartarse de ellos.

¿Quiénes se acercan más a la Plataforma, las víctimas directas o sus familiares?

Los familiares. Víctimas directas, pocas. Cuesta muchos meses obtener información de ellas. A veces, las personas afectadas te envían un primer correo y se les responde. Pero tardan un mes y medio o dos meses en volver a contactar. Los pasos son muy lentos. Cuando ven que las cosas no cuadran, están muy hundidas y te lanzan un mensaje. Pero no van a salir de ese hoyo. En la santería tienen el agravante del miedo. Los padrinos les plantean que, si no hacen lo que les dicen, igual que tienen la capacidad de hacer el bien, la poseen para provocar el mal y el adepto morirá.

¿Cuáles son las necesidades de quienes acuden a la Plataforma?

Sobre todo ayuda y atención psicológica. Y ya luego, en menor medida, asistencia legal. Sufren estafas también, pero ese delito hay que demostrarlo y no es sencillo. El abuso de debilidad ya se puede intentar pelear, pues hay jurisprudencia y fue reconocido por un juez. Los familiares te dicen: ‘He observado esto, le pasa esto, se comporta de esta manera o de la otra’. Le sacan fotos, por ejemplo, a un objeto. Comentan: ‘Y me metí en Google y la respuesta es que es de santería. Y casi no tenemos contacto con él o con ella. No sabemos qué pasa’. Los familiares están muy perdidos, como me sentí yo al principio, y eso es lo que intentamos que no ocurra. Poder informar para que el entorno sepa qué pasa. Eso ya es un avance.

¿A cuántas personas ha atendido la plataforma en estos años?

A más de un centenar.

¿Qué factores llevan a entrar en una secta?

El nexo común es la vulnerabilidad. Son personas que, en un momento dado necesitan algo, tienen problemas económicos, de amor, laborales, pérdida de un familiar. Se ven desorientados. A lo mejor un amigo les dice: ‘Yo conozco a alguien que te puede ayudar’. O lo buscan por redes sociales o internet. Tenemos casos de ciudadanos que han acudido de forma directa ante un anuncio de santería. Pero también hay otros que, ante sus problemas, son aconsejados por su entorno para que vayan al típico curandero de aquí, quien los capta con las prácticas de la santería.

¿Qué les prometen los líderes?

Todo. Ellos tienen capacidad para todo. Se presentan como un intermediario entre su dios y el hombre. Y reflejan la imagen de que son seres superiores. Sólo hay que entrar en internet y ver sus anuncios para apreciar que ofrecen curarlo todo. Si no, no se venderían.

¿Falta información preventiva?

Sí.

¿No hay percepción de riesgo?

No. Si hubiera, muchas personas no caerían. No existe un perfil concreto para ser víctima. No son sólo personas de ámbitos rurales o con pocos ingresos. De hecho, para poderte sacar dinero, cuanto más alto sea tu estatus, mejor, más ganan. La creencia de que la víctima es de nivel cultural bajo no es real. Hay personas cultas, con un nivel medio-alto, y caen. Ellos tienen que asegurarse de que te van a sacar dinero y someter lo máximo posible.

¿Y qué pierden las víctimas en esos seguimientos a los líderes?

Se pierde salud. Todas necesitan muchísimo trabajo de ayuda psicológica y psiquiátrica. La salud mental queda absolutamente mermada. Por un año que lleves en la secta o siguiendo a un santero, puedes necesitar otros seis o siete para que te saquen del atolladero y puedas reconducir tu vida. Tenemos a varias personas que, cuando llegaron a la Plataforma, no pisaban la calle, vivían encerradas en su casa por miedo a encontrarse con el santero o con que éste estuviera en la puerta de su casa, porque las tienen amenazadas. Después pierden dinero, su vida, sus hábitos diarios. Dejan de ir a trabajar, pierden el empleo. La vida social se acaba.

¿Es difícil el proceso para sacar a alguien de esa situación?

Bastante. Porque dejan de ser las personas que eran antes.

¿Y cómo percibe la evolución de quienes usan la santería para su beneficio particular?

En Canarias hay muchos santeros. Das una patada a una piedra y salen veinte, por decirlo de alguna manera. Y, si cae uno, aparecen muchos más. Es un tipo de grupo coercitivo muy difícil de localizar. Es un señor en su casa, que atiende a las personas de una en una. No llaman la atención e intentan pasar desapercibidos. Yo los identifico por la calle y conozco su simbología. Pero la mayoría de gente no los detecta.

¿Y esos santeros se dedican sólo a esa actividad?

Hay unos que sí y otros que no. Algunos tienen su trabajo y, como otra vía de ingresos, cuentan con la santería. Hay funcionarios o personal del ámbito sanitario. Muchos son latinoamericanos, pero también los hay nacidos en Canarias, y sin ascendencia en América. Para controlar a un grupo, tener poder y ganar dinero, no hace falta proceder de un lugar concreto, sino poseer capacidad de convicción. Entro a internet, me informo y ya está.

¿Algunos buscan placer sexual?

Por supuesto. Por un aspecto narcisista, se creen dueños de las personas y buscan tener placer sexual con quien les plazca. De hecho, en la plataforma también tenemos este perfil de víctimas. Les hacen creer que van a conectar con su dios. Los babalaos son siempre hombres, las mujeres no pueden serlo y tienen un rango muy inferior.

¿Las sectas no están en la agenda social de las administraciones?

En septiembre del 2024 se presentaron en el Congreso de los Diputados las 300.000 firmas necesarias para pedir una modificación de la Ley de Persuasión Coercitiva, de amparo a la vulnerabilidad, y así intentar dar un poco de apoyo a las víctimas. En principio, en las reuniones mantenidas por Redune con grupos políticos, todos estuvieron conformes con la iniciativa. Pero eso va caminando, a ver si sale. Está hecho el trabajo. Y estamos a la espera de que nos den una respuesta.

¿También se capta a menores?

En los últimos dos o tres años, se ha registrado en Afesan un incremento significativo de casos de menores que son captados. Por lo general, se debe a que uno de sus progenitores está ya en esos círculos. Además, es una de las obligaciones a la que están sometidos por parte de los padrinos, que no conciben que el padre o la madre esté en el grupo y sus hijos no, con los consiguientes problemas que se generan con el otro progenitor.

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