Detox digital | Cathaysa Fernández Psicóloga
Cathaysa Fernández, psicóloga: "El móvil es como el primer amor, parece la panacea y te destruye poco a poco"
La psicóloga afirma que el uso indiscriminado del móvil puede derivar en el desarrollo de problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión

La psicóloga Cathaysa Fernández, en su despacho en Santa Cruz de Tenerife / Andrés Gutiérrez

La psicóloga Cathaysa Fernández recibe cada semana a personas que no saben cómo volver a tomar el control de su tiempo y atención por el uso indiscriminado del móvil. Las redes sociales y el teléfono móvil se han convertido en parte del día a día de la población, pero su utilización está derivando en problemas de salud mental.
Y es que, tal y como ve a menudo en consulta, la población hiperestimulada confunde el aburrimiento con el vacío existencial, lo que puede derivar en problemas más graves como la ansiedad o la depresión.
Hay una tendencia social incipiente que tiende a la desconexión digital, ¿a qué cree que se debe?
Hay una necesidad de hacerlo, pero actualmente no se está llevando a cabo desde mi punto de vista. La necesidad surge porque el sistema nervioso de la fatiga y ha colapsado por estar todo el rato como hiperestimulado. Y eso nos lleva a querer quitar el estímulo más peligroso que tenemos que es el estar todo el día conectados con el dichoso teléfono y el email. La necesidad viene de la fatiga y de la hiperestimulación y de que obviamente se ha hecho un trabajo de psicoeducación ahí de hay que ir a ver las pantallas de noche… entonces de ahí yo creo que es donde viene la necesidad.
Dice que es algo que se tiene que hacer, pero no se está haciendo tanto por ello. ¿Una tarea pendiente?
Todo el mundo es consciente de que tenemos que hacerlo, pero creo que falta el modelo a seguir. Es decir, alguien que te diga, "Mira, yo lo hice de esta forma, la estrategia me ha funcionado y la he podido mantener en el tiempo". Yo creo que hoy en día todo el mundo intenta quitarse TikTok, Instagram y así…pero a la hora de la verdad sigue sin funcionar, te lo acabas descargando porque no sabes qué hacer con el aburrimiento.
¿Ya no sabemos aburrirnos?
Ni sabemos ni toleramos el aburrimiento, lo que es casi que peor. Esa sensación de aburrimiento la estamos confundiendo con vacío existencial.
¿Cómo afecta a nuestro cerebro el uso indiscriminado de redes sociales y pantallas?
Nos está haciendo que tengamos menos regulación emocional, somos más intolerantes a las emociones intensas porque vivimos todo el rato como enganchados a esas a ese refuerzo positivo inmediato que es el que te dan las redes sociales. ¿Qué significa eso? Que si tú tienes que esperar en la cola del supermercado, una mala noticia que te va a dar algún compañero o tu jefe, te da ansiedad. Vivimos con una ansiedad anticipatoria constante. Yo creo que en las redes sociales lo que nos ha dado es mucha anticipación negativa. Es decir, para mí se ha trasladado el no me responde rápido, a todos los contextos: “no me han mandado esto, no me respondieron el email”. Vivimos todo el rato angustiados, pero yo creo que es porque hemos generalizado una conducta en un entorno tecnológico a la vida real.
¿Cuándo diría que empezó este hartazgo?
Yo creo que va unido a esta moda del estilo de vida saludable y el deporte. Así que situaría el inicio hace dos o tres años. Ahí es donde los influencer fitness empezaron a alabar el descanso, el dormir, el dar los 8.000 pasos diarios. De ahí creo que se produce una conciencia colectiva, pero lo uno más a una moda.n
¿Acude mucha gente a consulta con esa fatiga o esos síntomas?
Sí, la gran mayoría. Me atrevería a decir que un 95% de la gente piensa que tiene un problema con el móvil. Además, a día de hoy casi todos los problemas de ansiedad vienen atados a las conductas que están propiamente asociadas a las tecnologías y las redes sociales. Aún sí, sigo creyendo que demonizar el móvil es un error, el problema es la relación psicológica y de dependencia que nosotros hemos desarrollado con él.
Tanto que hablamos de evitar las relaciones tóxicas, y al final la hemos desarrollado con nuestros móviles.
Exacto, yo siempre digo que el móvil es como el primer amor. Esa persona que te lleva a pensar que descubriste la panacea, y mientras tanto te va destruyendo poco a poco… Es una situación de la que todos somos conscientes, pero lo que nos falta es una estrategia. Necesitamos a alguien que nos diga cómo tenemos que hacerlo. En consulta veo jóvenes de 21 a 33 años que cuando miramos las horas que llevan dedicadas al móvil, a lo mejor llegan a 8 o 9 horas. Y es mucho. Para alguien que trabaja ya me parece impensable, pero para alguien que estudia significa que estás toda la tarde o toda tu mañana procrastinando. Son muchas horas de entrar y salir.
Sé a lo que se refiere, los continuos chequeos del móvil. Son la nueva normalidad, es casi un nuevo comportamiento común al ser humano.
Vivimos todo el rato en la urgencia de no perdernos nada. Te quedas una tarde sin entrar en una red social y de repente te enteras que la que estuve contigo está embarazada, el otro se está casando y no sé quién está en Jamaica. Y dices, "¿en qué momento? Si solo me he quitado dos horas el teléfono". Somos intolerantes a no estar presentes tecnológicamente en la vida de los demás.
Y esa presencia también se ha sutraído del entorno.
Si te enteras de absolutamente todo a través de las historias desde el Instagram, cuando te sientas con tu amiga ya no tienes nada de lo que hablar. Lo sabes todo. Ya no hay novedad y la vida aburre. Nuestra atención ahora es una moneda de cambio. Todo el mundo es consciente de que nuestra atención genera dinero. Lo sabemos, pero, por otro lado, el móvil es absolutamente toda nuestra vida: se trabaja con el móvil, mira los correos a través del móvil... Por esta razón, es injusto responsabilizar a todos los individuos de engancharse. No siempre lo hacen porque quieran, a veces es obligatorio hacerlo.
Cuesta creer que con la conciencia social que existe para evitar que los jóvenes caigan en las drogas, muchos padres opten por darles un móvil a los 12 o 14 años.
Todo el mundo es consciente de que se tiene que retrasar la llegada del móvil, al menos hasta los 14 años. Pero ¿qué es lo que sucede? Cuando vas a la clase de Tecnología, te hacen abrir una app desde el móvil, los coles e institutos se manejan desde el classroom…hay una doble moral en los centros educativos. Por un lado no dejan que haya móviles, pero luego tienen que hacer tareas a través del móvil o la tablet, y se tienen que comunicar por WhatsApp con el grupo de la clase. No es fácil salir de eso.
¿Es necesaria toda esta hiperconexión?
Está claro que no. Pero es un monstruo que creció y ahora nadie sabe cómo romperlo.
¿Qué les recomienda a los pacientes que acuden a su consulta con adicción y piden desengancharse?
Habitualmente debe pasar por un proceso de desintoxicación. Primero, hacemos una evaluación psicológica completa. El móvil no es tanto el problema principal, sino el medio para no prestarle atención. El paciente se nota fatigado, cansado, no duerme bien y procrastina y, de repente, vemos que el móvil es el medio por el cual se está zafando de solucionar sus verdaderos problemas. Por eso, al hacer la evaluación psicológica, tenemos en cuenta también el uso del móvil. Para deshabituamos de él, podemos poner los típicos límites horarios que te facilita el propio dispositivo, desinstalando durante un tiempo aquellas redes sociales que a lo mejor enganchan más y sobre todo, es importante respetar a la gente que trabaja y sus horarios laborales.
¿Existe el síndrome de abstinencia por dejar el móvil?
Sí, pero más que de abstinencia yo lo asocio otra cosa. Estar en silencio sin distraerte fácilmente con el móvil, de una sensación de vacío. De repente sientes que tu vida es miserable. Sin embargo, muchas veces es, sencillamente, porque estás aburrido. Nos desvirtuamos porque el móvil nos mantiene todo el rato distraídos de las cosas importantes de la vida y es durísimo enfrentarse a esa situación. El móvil es el método más fácil y más barato para evadir cualquier sensación de desagradable que podamos tener en un momento puntual.
¿Se suele recaer con facilidad?
Se recae, sí. Y ocurre porque no tenemos actualmente algo que refuerce positivamente tanto el comportamiento como lo hace un gag de humor o una receta de un muffin protéico en 30 segundos. No hemos encontrado nada se asemeje a esa sensación tan intensa y tan rápida.
¿Este hartazgo de la hiperconexión ocurre a todas las edades o es más común entre algún grupo concreto?
En todas, en absolutamente todas. Desde el más joven hasta la persona más mayor, lo único que cambia es el entorno. Mientras unos utilizan más el TikTok, habrá personas un poco más de edad que están enganchadas al Facebook. Pues ya tenemos aplicaciones para todo el abanico.
Una estrategia que siguen algunos de los que quieren desconectar es comprar un dumbphone, o movil tonto, en contraste a los smartphones o móviles inteligentes, ¿lo recomendaría?
Sí y no. Me parece que la estrategia es una muy buena idea, pero creo que es muy anti el mundo actual. Por ponerte un ejemplo: si tienes solo uno de esos teléfonos ya no podrás mirar tu aplicación del banco desde el móvil. ¿Irías físicamente hasta el banco, con lo que supone a nivel logístico? Es más sencillo tener la aplicación en tu móvil. Por eso creo que la estrategia es buena idea, pero no creo que se pueda mantener en el tiempo a largo plazo. Porque es que hasta la desconexión la hemos vuelto moda, la hemos hecho viral. Es una trampa.
¿Entonces hasta qué punto este detox digital es una moda o algo que realmente nos preocupa?
Desgraciadamente para nosotros como sociedad creo que es una moda más. Que si es una moda y la llevamos a cabo, chapó. Al final si nos movemos todos en masa y nos vamos enfocando hacia el sol que más calienta, podremos conseguir resultados. Pero parece que, incluso cuando decimos que estamos desconectando, tenemos la urgencia de postearlo. Ya sabemos ni lo que es estar en silencio.
¿Cree que en este caso pasará como ocurrió con el tabaco?
Ojalá. Sin embargo, creo que la única forma de que ocurra es que se consideren los problemas derivados de la adicción a las redes sociales o a la tecnología en general, como un problema de sanidad pública. En otras palabras, que sea un problema que cueste mucho dinero a los gobiernos. Ahí es cuando se empieza a pensar en tomar medidas. Ya hay jóvenes que, debido a la comparación constante, están teniendo más problemas de conducta alimentaria, de frustración, de ansiedad e incluso mayor ideación suicida. Es un monstruo gordo, grande y difícil de derribar.
¿Cree que se necesita una estrategia de Estado para afrontar la detox digital?
Sí, estoy de acuerdo. Debemos ser conscientes de las consecuencias que ya tenemos a día de hoy por el mal uso de la tecnología y que dejemos de acostumbrarnos a poner todas las tiritas. Es fácil pretender que los psicólogos se encarguen de la adicción a las redes sociales y de la ansiedad. Y para nosotros es estupendo porque tendremos trabajo para rato… pero la cuestión sería erradicarlo, no paliarlo de manera constante.
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