Comunicación
El futuro del planeta también se escribe en español
Casi 600 millones de usuarios, una creciente influencia económica y el reto de ganar terreno en la ciencia y la tecnología sitúan al castellano una nueva etapa y ahora el libro ‘Geopolítica del español’ analiza este fenómeno

El futuro del planeta también se escribe en español / La Provincia
El pasado 19 de julio, en el minuto 106 del partido que enfrentó a España y Argentina, Ferran Torres marcó un gol que pasará a la historia por regalar a la Selección, y a todo un país, una segunda estrella para su camiseta. Ese día, el mundo entero miró hacia Estados Unidos –donde se celebró buena parte del Mundial– pero la historia se contó en español. Un relato internacional que también suena en castellano gracias a artistas como Bad Bunny, Rosalía o Quevedo, que no solo llenan estadios en sus lugares de origen, sino que triunfan en espacios hasta hace poco vetados para los hispanohablantes como las grandes ciudades de habla inglesa.
El español está de moda y ese auge no se queda en una mera anécdota. Hablar el mismo idioma y poder comunicarse en cualquier continente es una ventaja que va más allá de lo cultural y alcanza ámbitos estratégicos como el económico o el geopolítico. Durante mucho tiempo la lengua se ha entendido únicamente como un medio para entenderse. Pero el idioma es más que eso. Es también una forma de pensamiento, una expresión cultural, un elemento de identidad y, en el escenario internacional, un instrumento de influencia.
Muchas más que una lengua
Las lenguas no solo sirven para hablar, sino que proyectan comunidades, generan oportunidades económicas, construyen imaginarios colectivos y determinan la capacidad de un país para participar en el mundo. Esa dimensión estratégica del idioma es el punto de partida de Geopolítica del español, una obra impulsada por la Real Academia Española (RAE) y el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden) que analiza el papel del español en el nuevo escenario global. Coordinado por expertos de diferentes ámbitos, aborda cómo esta lengua con casi 600 millones de usuarios se ha convertido en un activo cultural, económico y político de primer orden y estudia sus retos frente al dominio del inglés, la transformación digital y los cambios demográficos. Desde el ámbito empresarial, la presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamericana (Ceapi), Núria Vilanova –quien ha escrito uno de los capítulos–, subraya que el español «permite compartir ideas de primera mano en áreas geográficas muy distantes», reforzando su papel como herramienta de integración.
El presidente de la Academia Canaria de la Lengua (ACL), Gonzalo Ortega, resume la importancia del español al recordar que actualmente cuenta con unos 520 millones de hablantes nativos, a los que habría que sumar entre 60 y 80 millones de personas que lo utilizan como segunda lengua. Esa cifra la sitúa como una de las grandes lenguas del planeta porque entre un 7 y un 8% de los seres humanos se expresan en español.
Valor geopolítico
Ese peso demográfico es, precisamente, una de las claves de su valor geopolítico, puesto que una lengua hablada por cientos de millones de personas permite crear redes de comunicación, facilitar intercambios comerciales y culturales y generar un espacio común que atraviesa continentes. En ese terreno, Vilanova añade que el idioma «ha sido clave en la internacionalización de la empresa española» y lo está siendo también en el crecimiento de las compañías latinoamericanas.
La Academia Canaria de la Lengua destaca el papel del español atlántico y de Canarias en la expansión de una forma de expresión que crece con fuerza en un mundo que, no obstante, sigue bajo la hegemonía del inglés
Sin embargo, Ortega advierte de que la dimensión cuantitativa no debe confundirse con una posición dominante en todos los ámbitos. «El inglés sigue teniendo una ventaja clara», especialmente en campos como la ciencia, la tecnología, internet o la diplomacia internacional. El español, no obstante, mantiene una tendencia ascendente. «Va ganando peso poco a poco», señala Ortega al referirse a su presencia en el ámbito digital, un espacio decisivo para el futuro de cualquier idioma. La expansión de las redes sociales, el crecimiento de los contenidos audiovisuales en español y el desarrollo de herramientas tecnológicas adaptadas a esta lengua están modificando un escenario en el que durante décadas el inglés parecía tener una posición incontestable.
Instrumento de poder
Por su parte, la profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y miembro de la ACL, Marta Samper, coincide en que la lengua debe analizarse como un instrumento de poder cultural: «No se trata solo de identidad». En paralelo, Vilanova recalca que ese poder también se traduce en influencia directa en la toma de decisiones económicas y estratégicas. «Está cogiendo carrerilla», explica Samper al referirse al momento actual, especialmente por el crecimiento del español en territorios donde históricamente no había tenido una presencia mayoritaria. Entre ellos destaca, por encima de todos, Estados Unidos, un país que podría convertirse en las próximas décadas en uno de los principales centros del español en el mundo y un destino que, según Vilanova, se ha convertido ya en uno de los nuevos focos de expansión para las empresas.
Este fenómeno es uno de los ejemplos más claros de cómo la geopolítica y la demografía condicionan el futuro de las lenguas. La población hispana de Estados Unidos continúa creciendo y, con ella, el número de hablantes de español. El académico canario Gonzalo Ortega indica que este proceso modifica la tradicional visión del idioma como una lengua vinculada únicamente a España y América Latina porque «nueve de cada diez usuarios del español está hoy en día en América». Ese dato provoca que, en la actualidad, la lengua española sea, en realidad, una lengua americana.
Diferentes comunidades
Ese aspecto resulta fundamental para entender su evolución. La lengua que nació y se desarrolló históricamente en diferentes territorios del mundo hispánico ya no puede interpretarse desde una única perspectiva nacional. Su fuerza procede de su capacidad para integrar variedades y comunidades diferentes y por eso Samper habla de «una lengua pluricéntrica», una característica que no la debilita, sino que constituye una de sus grandes fortalezas.
«La unidad del español está en que lo que compartimos es mucho más que lo que nos separa», señala la profesora de la ULPGC. Frente a quienes plantean que la expansión geográfica podría conducir a una fragmentación similar a la que sufrió el latín, la lingüista defiende que la historia del español demuestra una gran capacidad de cohesión, puesto que las diferencias léxicas, fonéticas o gramaticales entre países no impiden que sus hablantes puedan comunicarse con normalidad entre ellos.
Fortaleza comunicativa
Esta capacidad de entendimiento es uno de los elementos diferenciales del español dentro del panorama lingüístico mundial y su gran baza frente a otros como el inglés o el árabe. Ortega subraya que cualquier hispanohablante puede comprender a otro independientemente de su procedencia, una ventaja que no siempre se produce en otras grandes lenguas internacionales.
Así, la fortaleza comunicativa de la lengua de Miguel de Cervantes radica en que mantiene una comunidad global sin renunciar a su diversidad interna. Es la cuadratura perfecta de un círculo. En este sentido, Vilanova apunta que esa cohesión también «facilita las relaciones comerciales y genera confianza» entre empresas de distintos países.
Pensamiento
El también miembro de la Academia Canaria de la Lengua Humberto Hernández introduce una perspectiva más profunda sobre el valor del idioma, ya que considera que analizar una lengua únicamente como vehículo de comunicación supone reducir su verdadero significado y habla de que se trata también de un «vehículo de pensamiento y de expresión de nuestros sentimientos más íntimos», así como soporte de la creación artística y cultural. Para Hernández, el idioma forma parte de la propia construcción de la identidad personal y colectiva y por eso considera que el crecimiento del español no debe medirse únicamente en términos numéricos. «Cualquier aumento en el número de hablantes es una buena noticia», aunque advierte que la verdadera fortaleza aparece cuando «cantidad y calidad van unidas, como en el caso del español».
Esa combinación entre número de hablantes, tradición cultural y capacidad de adaptación tecnológica es uno de los elementos que explican el interés creciente por el español en el ámbito internacional. Pero su futuro no dependerá únicamente del número de personas que lo hablen. También estará condicionado por su capacidad para adaptarse a los nuevos entornos tecnológicos. Marta Samper considera que «el futuro del español está en las redes e internet», un espacio donde la lengua ya ocupa una posición destacada, aunque todavía necesita avanzar.
En este contexto, Vilanova introduce además nuevas dinámicas económicas vinculadas al idioma, como el fenómeno de las «empresas trampolín», que utilizan España como base para expandirse hacia otros mercados internacionales, reforzando el papel estratégico del español. En este sentido, la creación de corpus lingüísticos –bases de datos que permiten estudiar el uso real del idioma y desarrollar aplicaciones tecnológicas– será uno de los factores determinantes en los próximos años, y las lenguas que tengan una fuerte presencia en estos sistemas tendrán más posibilidades de mantenerse competitivas en un escenario dominado por herramientas digitales.
Prestigio social
Pero la expansión del español tampoco está exenta de desafíos. Uno de ellos es garantizar que el crecimiento del idioma vaya acompañado de prestigio social. Samper señala especialmente el caso de Estados Unidos, donde muchos hablantes de origen hispano pueden abandonar progresivamente este idioma si lo perciben como una lengua secundaria. Por ello, considera fundamental reforzar la valoración cultural del español y evitar que su uso quede limitado al ámbito familiar. Así, la lengua no solo sobrevive porque tenga millones de hablantes, sino porque quienes la utilizan sienten que representa una oportunidad, una riqueza y una forma válida de participar en la sociedad. Hablar español debe ser, además, motivo de orgullo.
En ese mapa internacional, Canarias ocupa una posición singular. La historia del idioma no puede entenderse sin el papel desempeñado por el Archipiélago como territorio de tránsito entre Europa y América. Su situación geográfica convirtió a las Islas en un espacio de contacto, intercambio y transformación lingüística, hasta el punto de que muchos de los rasgos del español americano guardan una estrecha relación con las variedades habladas en Canarias. Como recuerda Vilanova, ese papel histórico puede proyectarse hacia el presente y Canarias tiene la capacidad de seguir actuando como puente entre regiones.
El español de Canarias
El español de Canarias se encuentra dentro del denominado español meridional o atlántico, una modalidad que hoy representa a la mayoría de los hablantes del idioma. «Está más próximo a las variedades americanas que a las peninsulares», explica Gonzalo Ortega, mientras que para Humberto Hernández el papel del habla canaria trasciende la dimensión local y posee una proyección internacional poco conocida. El que fuera profesor de la Universidad de La Laguna (ULL) recuerda que Canarias fue una de las puertas de entrada del español al continente americano y que muchas características compartidas entre las variedades atlánticas tienen su origen en ese intercambio histórico. La lengua, en este sentido, funciona como un archivo de movimientos humanos, relaciones culturales y procesos históricos.
La relevancia del español canario conecta con una idea central de Geopolítica del español: las lenguas no son estructuras estáticas, sino organismos en constante evolución que se transforman con las sociedades que las utilizan. La fortaleza de un idioma no depende de que todos sus hablantes empleen exactamente las mismas formas, sino de la capacidad para mantener una comprensión compartida. Hernández insiste en que esa diversidad interna constituye una riqueza y no una amenaza. La expansión demográfica, por tanto, debe ir acompañada de una defensa del conocimiento, la educación, la creación literaria y la presencia del idioma en los ámbitos donde se decide buena parte del futuro global, es decir, en la ciencia, la tecnología y la economía.
Palabras prestadas
Uno de los debates asociados al crecimiento del español es su relación con otras lenguas, especialmente con el inglés. El auge de los préstamos lingüísticos y de los anglicismos genera periódicamente discusiones sobre la posible pérdida de identidad del idioma. Sin embargo, Marta Samper rechaza las visiones alarmistas y considera que las lenguas siempre han evolucionado mediante el contacto. La clave, señala, está en utilizar los recursos propios cuando existan alternativas adecuadas, pero sin frenar la evolución natural.
Precisamente, la convivencia entre lenguas será uno de los grandes retos del siglo XXI. Con el paso de las décadas, unas pocas lenguas concentrarán buena parte de la comunicación internacional, por lo que desaparecerán numerosos idiomas minoritarios. Gonzalo Ortega alerta de este fenómeno y lo define como «una pérdida irreparable para la humanidad» porque cada lengua representa una manera particular de interpretar la realidad. «La riqueza es la suma de todas ellas», resume.
El futuro del español aparece, por tanto, condicionado por múltiples factores, como la evolución demográfica, la influencia económica de los países hispanohablantes, su presencia en internet, la capacidad de adaptación tecnológica y la transmisión generacional. Ortega considera que el escenario es positivo, aunque recuerda que las lenguas no avanzan únicamente por razones lingüísticas, ya que el equilibrio de poder entre países, los movimientos migratorios y la posición internacional de las comunidades hispanohablantes serán determinantes para su evolución. En ese escenario, Vilanova sitúa a Iberoamérica en un momento estratégico por su peso económico y demográfico, lo que refuerza el papel del español en el contexto global.
La forma escrita
Hoy en día hablar español significa formar parte de una red que conecta territorios separados geográficamente, pero unidos por una tradición literaria, artística y comunicativa común. Los académicos recuerdan que grandes escritores en español han expresado esa sensación de pertenencia compartida más allá de las fronteras políticas y, en todo ello, la tradición escrita también es determinante. A ello se suma, como apunta Vilanova, una nueva generación de líderes formados en entornos hispanohablantes que están configurando una «nueva red de influencia global». «Solo el 4% de las lenguas se escribe», apunta Gonzalo Ortega, quien recuerda que la literatura, el cine, la música y la creación audiovisual forman parte también de la proyección internacional del idioma. En este sentido, el español no solo se estudia por razones prácticas o económicas, sino también por el interés que despierta una cultura con una producción artística de alcance mundial.
Así pues, la enseñanza del español como lengua extranjera es otro de los ámbitos donde se refleja ese crecimiento. Estados Unidos, Brasil y numerosos países europeos y asiáticos mantienen una demanda creciente de aprendizaje del español. Con todo ello, el auge de este idioma en el mundo se refleja hoy en escenarios que trascienden las estadísticas: desde la presencia de artistas como Bad Bunny en los grandes escaparates de la cultura global hasta el impacto internacional de fenómenos musicales como Quevedo, pasando por el creciente interés por aprender el idioma en plataformas digitales o por acontecimientos deportivos que sitúan a comunidades hispanohablantes en el centro de la atención mundial. Son señales de que el español ya no es solo una lengua de comunicación, sino también una herramienta de identidad, influencia cultural y proyección internacional. Como resume Vilanova, el idioma «está teniendo un impacto muy relevante en la economía y en la conexión entre regiones».
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