El cansancio acumulado, la constante repetición de documentos y la extrema minuciosidad de los interrogatorios que practica la acusación, especialmente la fiscalía, están empezando a pasar factura tanto entre las partes como en el público, que por momentos se quedan dormidos.

La única cámara de televisión presente en la sala de vistas ha mostrado en varias ocasiones rostros somnolientos, bostezos y ojos cerrados tanto en las bancadas de público como en el mismo estrado, a excepción de los miembros del jurado, cuyas caras permanecen en el anonimato.

Así, en los esporádicos "barridos" de cámara se ha podido ver en varias ocasiones al fiscal anticorrupción de Valencia, Jesús Carrasco, realizar esfuerzos para mantenerse despierto, como le pasó ayer al concejal de Seguridad Ciudadana, Miquel Domínguez.

También varios integrantes del público, de los habituales que acuden a apoyar a los imputados prácticamente desde el pasado día 12, están acusando el cansancio acumulado y se les ha podido ver dormidos en la sala.

En una sala anexa, los cerca de cuarenta periodistas que siguen el juicio reciben esta particular "realización" con sonrisas y chascarrillos.

Mientras, en el interior de la sala el letrado de Francisco Camps, Javier Boix, trata de dar celeridad al interrogatorio reclamando al juez, Juan Climent, que la fiscal limite sus interrogatorios a aquellas cuestiones que conoce el testigo.

"Se le está pidiendo que interprete papeles", ha argumentado Boix, quien no ha logrado imponer su criterio hasta el momento.

Durante el interrogatorio que dirige la fiscal Miriam Segura, pautado y minucioso hasta el extremo, con decenas de documentos sobre los que requiere comprobación, está dispersando la atención de los asistentes, a los que Climent ha pedido silencio en varias ocasiones.