La elección de Juan Manuel Moreno Bonilla como nuevo líder del PP andaluz pone punto final a la etapa de transición que la formación ha vivido durante la presidencia de Juan Ignacio Zoido, quien aceptó capitanear el barco popular después de que Javier Arenas decidiera abandonarlo en julio de 2012. Bonilla ha sido elegido con un apoyo del 98,54% de los votos emitidos (1.447). Ha habido 21 votos en blanco y diez nulos.

La renovación del partido, con Moreno al frente de una ejecutiva en la que se plasma un relevo generacional, deja así atrás el periplo que el partido ha llevado a cabo en un mar de dudas desde la amarga victoria de Arenas en las pasadas elecciones autonómicas, en las que consiguió romper con la hegemonía de treinta años de victorias socialistas, pero quedó a un paso de la mayoría absoluta.

Moreno sucede a Zoido, un presidente que dejó claro desde hace muchos meses su preferencia por su cargo como alcalde de Sevilla y que no ocultó la temporalidad de la responsabilidad que tomaba.

De Arenas a Moreno ha transcurrido un año y ocho meses en los que los populares parecen haber perdido parte de la ventaja que consiguieron en la comunidad, la única que no ha cambiado de color político en España, por lo que parte del trabajo ahora será recuperar la confianza del electorado que les llevó a ganar.

El importante trabajo de Zoido para compaginar la presidencia del partido con la alcaldía de Sevilla, apoyado en el que ha sido su "número dos", José Luis Sanz, no ha evitado que en algunos sectores del partido existiera una sensación de "vacío de poder" sin un claro referente en el que basar el discurso.

Desde que Zoido hizo público que no continuaría al frente del partido, las quinielas para sucederle surgieron con nombres como el de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, el del ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, el propio Moreno o José Luis Sanz, quien siempre partía como favorito, al parecer respaldado por Zoido y por la "número dos" del PP, María Dolores de Cospedal.

Con varios ademanes de inicio de la sucesión, parados al parecer por el presidente del PP y del Gobierno, Mariano Rajoy, el paso de los meses aumentaba la zozobra del partido, a la que no estaba acostumbrado el PP-A bajo la dirección de Javier Arenas, y salió a la luz el rechazo de algunas provincias a la candidatura de Sanz.

Pugna entre Arenas y Cospedal

Las reticencias planteadas por algunos territorios a la candidatura de Sanz elevaron un debate que se suponía como de mera representación en la futura ejecutiva regional a la máxima dirección nacional, escenificando una pugna entre Arenas y Cospedal más allá de quién debería ser el candidato andaluz.

El respaldo de la dirección nacional del partido llevó a Moreno a dar el paso de presentar su candidatura, y esa misma postura hizo que Sanz decidiera apartarse de la carrera sucesoria.

La nueva cara del PP andaluz se presentó ante los medios de comunicación con más de 9.000 avales conseguidos en apenas un día y escoltado por los ocho presidentes provinciales, que parecen haber aparcado las disputas para cerrar filas en torno al proyecto de renovación, en lo que supuso la primera escenificación de la unidad que busca Moreno para el partido en esta nueva etapa.

Durante este periodo, los populares se han encontrado con la irrupción de Susana Díaz al frente del PSOE andaluz y de la Junta, y con su creciente popularidad a nivel regional y nacional, que le da una ventaja de partida de seis meses frente a Moreno.

El nuevo presidente popular deberá repetir lo que ya hizo Arenas y recorrer todos los rincones de Andalucía, con lo que ha denominado una "micropolítica", en la que dará un papel importante a la igualdad y al ámbito rural.

Para ello, en su nueva andadura estará acompañado como número dos de Dolores López Gabarro, de 37 años, alcaldesa de Valverde del Camino, un municipio de 13.000 habitantes de la sierra de Huelva, la primera mujer que se ocupará de este cargo en el PP-A, y con la sevillana Virginia Pérez, de 34 años, diputada provincial y portavoz del PP en La Rinconada.