Pedro Sánchez aplica a rajatabla la hoja de ruta marcada. Marcada por el PP. Al felicitar expresamente al Gobierno por la recuperación económica, mostraba una adhesión a Rajoy superior a la tibieza de los irreductibles votantes populares. La decapitación del turbio Tomás Gómez baña en sangre un nuevo capítulo en las guerras intestinas del PSOE. El todavía secretario general socialista sacrifica un alfil sin contrapartida de sus socios populares. Cospedal sigue en los cargos pese a los claros manifiestos de Ruz, el inquilino de La Moncloa no purga sus sms de apoyo a Bárcenas ni sus presumibles sobresueldos.

Existe una notable diferencia entre hacer limpieza y provocar una desbandada. Por graves que sean los crímenes del atrabiliario Tomás Gómez, palidecen frente a un secretario general que ha sellado con Rajoy un pacto que convierte en terrorista a un ciudadano que participe en una cacerolada. La vergüenza histórica de la restauración de la cadena perpetua ha provocado el grito regenerador de Madina, una víctima real de ETA escandalizada por el regreso a una legislación autoritaria. Si la caída de Gómez se adjudica al "deterioro de su imagen", ¿por qué se mantiene Sánchez?

Personalizando, espero que nadie me obligue jamás a elegir entre Sánchez y Gómez, en el supuesto de que pueda distinguirlos. He compartido una tertulia televisiva con el excandidato por Madrid, una de las experiencias más rugosas de mi carrera. Rajoy exige al PSOE una pureza que no tiene ninguna pretensión de imponer en las filas populares, porque conllevaría la asunción de las responsabilidades propias. De hecho, los pecados mortales del presidente del Gobierno, ocultados en el oasis madrileño bajo cortinas de humo como Monedero, está en la raíz de la descomposición de la confianza de la política certificada por el CIS.

Rajoy le ha vaticinado hoy mismo a Sánchez en el Congreso que probablemente no sería presidente del Gobierno, aunque el actual líder del PP confirma que dicho cargo está al alcance de cualquiera. Rajoy se olvidó de añadir que Sánchez será un dócil vicepresidente de un ejecutivo PP/PSOE, por este orden. Ahora bien, si los populares insisten en estrangular a sus nuevos socios, pueden encontrarse con la sorpresa de que el hundimiento socialista les impida remendar la mayoría absoluta diseñada para el país por los integrantes de la lista Falciani.