El CIS acostumbra a equivocarse, y hoy asigna un voto de cada cuatro al PP y otro voto de cada cuatro al PSOE. Dado que no votan todos los ciudadanos con minúscula, uno de cada seis españoles apoya a los populares en las urnas, y otro hace lo propio con el PP. En estas condiciones, el colosal bipartidismo ha encogido a minibipartidismo, una manta que apenas si cubre a un tercio de la población.

PP y PSOE resisten, pero ahora como partidos minoritarios con sus escuálidos 26 y 24 por ciento de los sufragios. Hablar en estas condiciones del ganador de unas elecciones que además no se celebran hoy, suena rimbombante. En particular cuando los conservadores han perdido prácticamente la mitad de sus sufragios durante la legislatura. Con un centenar de diputados por barba, populares y socialistas tendrán un duro trabajo para redondear los 176. Lo cual obliga a considerar a las dos formaciones debutantes.

Podemos se desploma según el mismo CIS que le concedía de cero a un diputado en las europeas, pero su 17 por ciento decidiría ahora mismo el Gobierno del país. Guste o no, el impacto de la formación de Pablo Iglesias debe sumarse a las cifras de Ciudadanos. Los dos neonatos, sin un solo diputado en la actualidad, suman un 31 por ciento. En conjunto superan por tanto ampliamente a cualquiera de los teóricos gigantes.

La obsesión con la dialéctica PP/PSOE debe enfriarse, al recordar que el CIS controlado por el Gobierno otorga a ambos el peor resultado de sus respectivas historias electorales. Por debajo del treinta por ciento no hay partidos de Gobierno, sino opciones respetables a consolidar en arduas negociaciones. Véase como doloroso precedente el drama que protagoniza Susana Díaz con un 35 por ciento de los sufragios, más de la mitad de populares o socialistas a escala estatal.

Las posibilidades del PP se complican con la extinción que no crisis de su cabeza de cartel. Un presidente del Gobierno valorado en 2.4 sobre diez por un organismo poco sospechoso debería sopesar su continuidad. El CIS manipula la estimación de voto, pero la valoración de teóricos líderes no admite maquinaciones. Rajoy obtiene un punto menos que el portaestandarte de una Esquerra Republicana tradicionalmente vilipendiada fuera de Cataluña. Este dato supera en importancia a los porcentajes decrecientes del minibipartidismo.

Si desean consolarse, PP y PSOE pueden repasar la encuesta publicada el pasado domingo por ´La Vanguardia´ sobre las elecciones catalanas. CiU gana, por llamarlo de alguna manera, con un 23 por ciento. Para quienes prefieran culpar al mensajero, el CIS pronosticó la mayoría absoluta del PP en las penúltimas andaluzas, y situó a Artur Mas en la misma tesitura en 2012. Nadie es perfecto, pero España se zambulle en el bipartidismo más imperfecto de su historia.