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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Análisis El conflicto Cataluña-España

Duelo a garrotazos

La resolución del Parlamento catalán abre una nueva que algunos llaman "la gran colisión"

Duelo a garrotazos

En esta semana se presentó al Parlamento catalán una propuesta de resolución en que se declara, de forma solemne, "el inicio del proceso de creación de un Estado independiente en forma de República". A lo que se añade el no reconocimiento de ninguna autoridad al margen del Parlamento catalán, lo que significa la apertura de una nueva etapa en el conflicto Cataluña-España, la que algunos llaman ya "la gran colisión".

Se ha pasado de los amagos y declaraciones retóricas a una fase más concreta de clara secesión: "un proceso de desconexión democrática con el Estado español". Legitimado, según los independentistas, "por el mandato de las urnas y la mayoría alcanzada en las recientes elecciones autonómicas". Toda la prensa española y europea resalta la gravedad de estos acontecimientos y advierte de las peligrosas consecuencias que puede suponer para las dos partes en conflicto, Cataluña y España. El periódico francés Le Figaro, para calificar esta situación, echa mano del viejo tópico: "España, una vez más, repite sus viejos dramas históricos, el que pintó Goya con amarga lucidez en su cuadro duelo a garrotazos".

Montar el pollo

Sin embargo, los acontecimientos no deben sorprender: estaban anunciados de forma detallada en los programas presentados a las elecciones. Si algo sorprende es la rapidez y precipitación con que se han desencadenado. Con un Parlamento recién constituido y ni siquiera haber investido al nuevo presidente de la Generalitat, ya se ha propuesto una declaración que significa sin ninguna duda el principio de un proceso de secesión, que condena con claridad el Código Penal.

¿Qué ha podido provocar esta precipitada huida hacia delante, con la clara intención de provocar lo antes posible una colisión frontal? Lo explicaba la semana anterior el líder de la CUP, Antonio Baños, que representa un grupo radical y anti-sistema: "Tenemos una gran oportunidad para montar un pollo y desde luego que la vamos a aprovechar".

Efectivamente, ese grupo político que en el anterior Parlamento apenas contaba con tres diputados y jugaba un papel marginal, pasó de repente a diez diputados que se convirtieron en decisivos para formar una nueva mayoría. La lista independentista mayoritaria Junts per Si tiene 62 diputados y los constitucionalistas, 63. Evidentemente decide la izquierda anti-capitalista de Baños, que tiene en sus manos aceptar o rechazar al presidente que se les proponga. Esta imprevista situación desconcierta y llena de estupefacción al gran poder económico, financiero y editorial de "la Cataluña de siempre". Y no han tardado en pedir con evidente alarma y preocupación "una negociación urgente entre Cataluña y el Estado", para evitar lo que ahora llaman "el peligroso camino de la independencia".

Pero el que ahora no puede volver atrás porque rompió los puentes y quemó sus naves es Artur Mas. Que se encuentra, a su vez, perseguido y acorralado por las investigaciones sobre el 3% en que está especializado su partido. Si Mas renuncia ahora a la candidatura a la Presidencia, como le exige la CUP, se acabó Mas, su plataforma salta por los aires y la aventura secesionista acaba como el rosario de la aurora. Por eso Mas va a seguir adelante, de derrota en derrota, hasta la derrota final.

En este contexto político no sorprende que Mas se haya entrevistado el pasado lunes, secretamente, con los dirigentes de la CUP. A las pocas horas, el secreto era conocido en toda España: Mas aceptaba, de forma humillante, la declaración de nueve puntos que le presentaba Baños y le exigía que se votara en la próxima sesión del Parlamento catalán. Que está convocado el próximo lunes, día 9, para el debate de investidura de Mas. Pero la CUP ha exigido que previamente se vote los nueve puntos que inician el proceso hacia la independencia del Estado catalán.

Una vez formado el frente catalán, en el que se integran desde los sectores más conservadores a los más extremistas de la izquierda; la lógica frentista empuja a formar inmediatamente el frente españolista. Inicialmente, Rajoy quiso aprovechar a su favor la provocación catalana y salió con un declaración que garantizaba que "mientras yo siga en el cargo, España será un país unido. Los independentistas no van a conseguir su objetivo".

Por suerte, los editoriales de los principales periódicos de Madrid, Cataluña y eso que antes llamaban las fuerzas vivas, pronto le convencieron que el asunto era demasiado grave para afrontarlo solo con desplantes personales; por eso aceptó la propuesta de reunión urgente con Pedro Sánchez. Juntos se hicieron la foto en los jardines de la Moncloa y se comprometieron a actuar unidos en defensa de la Constitución y la integridad territorial de España. En la comida, Sánchez le convenció para que llamara y ampliara el acuerdo a Albert Rivera y a Pablo Iglesias. Sánchez dijo: "El desafío obliga a la unión de todos los demócratas". A Rajoy le resultó fácil entender la oportunidad de la reunión con Rivera, pero no con Iglesias. Después de las cosas que ha dicho de él durante estos últimos meses, le resultaba difícil aceptar que Iglesias estuviera incluido en el concepto "de todos los demócratas".

El pacto por España

La entrevista con el líder de Ciudadanos fue fácil. Rivera no estaba pensando en Cataluña, allí sus votos los tiene consolidados. Aprovechó el encuentro para presentarse como una alternativa creíble de gobierno en España en las próximas elecciones generales. Se envolvió en la bandera y exigió "un Pacto por España", tan retórico que dejaba a todos los demás fuera, incluida Cataluña, menos a él.

Por último, a Rajoy, siguiendo el guión, no le quedó más remedio que llamar a Pablo Iglesias. Antes de hacerlo, estuvo dudando; y todos los líderes de opinión de signo conservador le aconsejaron no recibir al líder de Podemos. Hasta que alguien debió recordarle que Podemos fue decisivo para cambiar el signo de la situación en Cataluña, cuando los constitucionalistas derrotaron a los independentistas en el plebiscito convocado por Mas. Si no se hubiera sumado el 8% de los votos de Podemos, los españolistas no habrían alcanzado el 52% que derrotó al 47% de los independentistas.

Muchos dicen que el encuentro Rajoy-Iglesias fue decepcionante, mientas otros opinan que fue importante e incluso decisivo. Iglesias se definió con claridad, dentro con Rajoy y fuera con los medios de comunicación: "Podemos es la mejor garantía de la unidad de España". Y añadió: "La mejor forma de hacerlo es darle a los catalanes el derecho a decidir".

Está claro que Iglesias está pensando en las elecciones generales en Cataluña, mientras Rivera piensa en las de España. Podemos acaba de pactar con Barcelona en Comú, de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona. Se presentarán juntos a las generales en Cataluña en la plataforma Podem en Comú, cuya exigencia principal es el derecho a decidir. Aunque saben perfectamente que ese derecho no se puede ejercer con la actual Constitución y que tampoco podrá ejercerse con la reforma constitucional que se espera. La pasarán a votación en el próximo Congreso de los Diputados y alcanzará 70-80 votos a favor, frente a 170-180 en contra.

Es decir, la oferta es un gesto que no es posible. Pero es también una forma de decir a los catalanes que Podemos, igual que el PSOE -es una pena que no lo haga también Ciudadanos-, defenderán reformas para que Cataluña siga formando parte de España, pero con un estatus nuevo que blinde competencias nuevas de autogobierno. En el marco de eso que llaman el Estado Federal. Esta es la única solución negociada posible para resolver el problema catalán. El Partido Popular se agarra a que los independentistas no la quieren. Y es verdad. Pero la cuestión es que los catalanes sí la quieren. En una encuesta de esta semana, el 45% de los catalanes se pronuncia a favor de un nuevo estatus de Cataluña dentro de España. Un 30% quiere la independencia. Y un 20% que todo siga igual.

Dos meses decisivos

Los independentistas saben que desde la derrota del plebiscito han empezado a perder la batalla política y van camino de ser derrotados en las próximas elecciones generales en Cataluña: no van a conseguir, para ganar, 24 de los 47 diputados. De ahí la fuga adelante y provocar al Estado para que se precipite y actúe desproporcionadamente. Generar un incidente grave y un clima emocional para escenificar un revival de 1714.

El día 9 pondrán en marcha la secesión con la declaración solemne del Parlamento de Cataluña. El Gobierno de España tendrá que recurrir al Constitucional, que se tomará su tiempo y resolverá. Los responsables políticos independentistas no obedecerán y se declararán en rebeldía. El Tribunal procederá a suspenderlos en sus funciones. Y volverán a declararse en rebeldía. Y entonces no habrá más remedio que, "para defender el interés general de España", aplicar las medidas necesarias para obligar a Cataluña "al cumplimiento forzoso de sus obligaciones".

La clave es el tiempo. Ganar el tiempo necesario para que las medidas sancionadoras se apliquen no cuando los independentistas quieran, sino cuando se hayan ganado las elecciones generales en Cataluña. Y se constituya un nuevo Gobierno de España que ofrezca respetar la singularidad catalana, y la de otras comunidades, en la reforma constitucional que no solo Cataluña sino toda España necesita.

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