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Especial #25N
Entrevista Yohanna Alonso Guardia Civil, campeona del mundo de “Muay Thai” (boxeo tailandés), instructora en defensa personal a mujeres

“Si huyes de un agresor nunca pidas auxilio, lo que hay que gritar es ¡fuego!”

Johanna Alonso, guardia civil y campeona del mundo de Muay Thai: "Les demuestro con lo que hago que no hace falta ser grande, ni ser hombre, para tener recursos de defensa”

Johanna Alonso.

Yohanna Alonso (Gijón, 1983) es “La leona”. Guardia Civil en ejercicio, campeona del mundo de Muay Thai (boxeo tailandés), con formación en Psicología, ha hecho televisión, modelaje y es una mujer implicada en la lucha por la igualdad y la erradicación de la violencia contra las mujeres. Su gran trayectoria deportiva no eclipsa su compromiso con las víctimas, a las que se dedica como mejor sabe: con cursos gratuitos de defensa personal que da en cualquier lugar de España y por los que ya han pasado más de un millar de alumnas. Tiene además la medalla al Mérito Policial a propuesta del colectivo de mujeres policías.

 

¿Cómo llega una campeona del mundo de “Muay Thai” (boxeo tailandés) a hacer, en su tiempo libre, cursos de defensa personal para mujeres?

Supongo que me llevó a eso la frustración que sentía en mi trabajo. Estuve una etapa laboral asistiendo a víctimas de violencia de género y aunque ahí las ayudábamos legalmente, yo siempre pensaba que ese apoyo se quedaba corto. Me iba para casa diciéndome: “con todo lo que yo sé de defensa personal, ¿cómo no las puedo ayudar más’”. Y así fue como acabé invirtiendo mi tiempo libre en dar clases gratuitas y creando una ONG.

 

¿Qué tal acogida tienen esos cursos?

En los primeros seminarios juntábamos a 10 o 12 mujeres; ahora se ha vuelto un boom del que me siento súper orgullosa. En Almería, en la última cita antes de la pandemia, llegamos a juntar a 220 mujeres en un polideportivo. Ahora hemos reducido el aforo a grupos de 50 personas y al aire libre.

 

¿Hace falta que las mujeres sepan defenderse?

Por desgracia, y esto lo digo como persona no como guardia civil, la justicia no funciona. Si funcionara no seguiríamos teniendo mujeres muertas. Así que mientras las cosas no cambien es bueno dotar a las mujeres de herramientas físicas y mentales para enfrentarse a una situación de violencia.

 

¿Que diría que lleva a una mujer a sus clases?

Unas llegan porque quieren aprender defensa personal para prevenir situaciones delicadas; otras están siendo víctimas y necesitan algo a lo que agarrarse.

 

¿Por qué a muchas mujeres no les sale como algo natural responder a los golpes con golpes?

Es una cuestión física; creemos que no podemos. En nuestro subconsciente está que tenemos menos fuerza, menos envergadura que un hombre y menos capacidad. Por eso no es lo mismo que un curso como este lo de un hombre a que lo de yo, que soy mujer. Les demuestro con lo que hago que no hace falta ser grande, ni ser hombre, para tener recursos de defensa. Ven que si yo puedo, ellas también. Eso les refuerza mucho. Además yo les hago muchas faenas en el adiestramiento, las tiro, las muerdo, las revuelco... no es lo mismo si eso se lo hace un hombre.

¿Qué hay que saber para defenderse?

A las mujeres yo no les enseño técnicas maravillosas porque nadie se va a acordar de ellas en el momento clave. Una agresión es una agresión, la adrenalina está a tope... así que lo que hay que tener claro es que hay que ser contundentes. Pero eso hay que trabajarlo muchas veces, entrenar el estrés, y reforzar ideas básicas como que hay que proteger la cabeza si te están golpeando...

 

Solo de pensarlo ya me bloqueo.

En una situación de estrés lo fácil es bloquearse. Por eso hay que aprender a gestionar ese estrés. No estamos acostumbrados a que nos arrinconen y nos den una paliza y no sabemos cómo se reacciona. Pero eso, insisto, se trabaja.

 

¿Cuál diría que es la mejor técnica de defensa?

Yo no les enseño una sino muchas. Porque hay que tener en cuenta que igual yo estoy comodísima tirando de puños, pero a tí sería la última opción que te saliera para defederte. Las mujeres deben saber que existen los puños, pero también los codos, las rodillas, los mordiscos... digamos que yo les abro una caja de herramientas y dejo que elijan con la que se sienten más cómodas.

 

¿Y cómo se trabaja la cabeza, la fortaleza mental si has sido una víctima?

Las clases empiezan con una charla en el que les explico lo que es la violancia de género, la violencia doméstica, los ciclos de la violencia de género... y conforme voy hablando veo las reacciones de las mujeres. Muchas empiezan a asentir, a abrir los ojos al reconocerse en esas descripciones... las que se ven identificadas se les nota en la cara. Yo huyo de los consejos; no los doy. Lo que doy es mi opinión sobre la cantidad de salidas que tienen las víctimas, pero las decisiones son de cada una.

 

¿Sabe si alguna alumna ha necesitado aplicar sus enseñanzas ?

Sí. Recién había empezado a dar estos cursos en León y tenía una alumna muy implicada, Laura. Se le daban muy bien las técnicas de codos y en las clases siempre me decía que quería probar más y más veces, algo que a mí me motivaba mucho porque es una técnica que me encanta. Resulta que al ir a cruzar un parque donde había un grupo de jóvenes extranjeros, varios de ellos la agredieron y la pudieron empujar hasta un coche. Cuando la habían tirado en los asientos de atrás, con toda seguridad para violarla o abusar de ella, por instinto sacó los codos para protegerse. Y lo hizo tan bien que le metió dos golpes secos en la mandíbula a dos de sus agresores. Les hizo dos KO y se pudo ir de allí corriendo, hasta que logró pedir ayuda en una parada de taxis.

 

Saldría corriendo y gritando auxilio...

No, mi consejo siempre es que cuando huyamos de alguien nunca gritemos ni auxilio, ni socorro; lo que hay que gritar siempre es ¡Fuego!

 

¡Fuego!, ¿Y eso?

Si estamos en apuros lo peor que podemos hacer es pedir ayuda o gritar socorro porque no te ayudará nadie. Al grito de fuego nadie le tiene miedo, y siempre saldrán curiosos a mirar qué ocurre y hasta a grabar con el móvil; pero una petición de auxilio solo hace que la gente evite meterse en líos y no intervenga. Es muy triste, pero está demostrado.

 

¿Cómo se lo tomó cuando supo de la experiencia de Laura?

Lo contó días después en la siguente clase que teníamos y fue increíble; ella se vio reforzada y siguió entrenando con el grupo y yo me sentí súper bien. Es un orgullo que llevo desde entonces.

 

Con la ONG que ha creado ha estado en la India y Nepal dando su testimonio de mujer a niñas y jóvenes. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Es increíble. Allí aún están en esa fase en la que una niña lo que espera del futuro es que con 14 años va a estar al servicio de un hombre, que puede ser su marido. Así que me ven a mí, que les digo que soy policía -porque allí no distinguen entre Guardia Civil o Policía-, que además soy luchadora deportiva, que soy monitora, que trabajo en la televisión, que he sido actriz... y no dan crédito. Poder dar ese testimonio allí es muy bonito.

 

¿Percibe en sus clases que las jóvenes españolas ya no tienen la mentalidad sufridora de sus abuelas o madres?

Lo que percibo es que hay una involución preocupante. En mis cursos hay muchas jovencitas y me sorprenden cada día con cosas que me cuentan y que se repiten con mucha frecuencia. Como que sus novios les piden la ubicación del móvil para saber dónde están; que les piden cuentas de con quién van; les piden fotos para saber qué visten y, de formas más o menos evidentes, les acaban obligando a cambiarse de ropa si no les gusta; que les reclaman si han dado ‘me gusta’ en alguna red social de algún otro chico... Y veo que lo tienen interiorizado como normal sin darse cuenta de que es una manipulación que no deberían tolerar. No me entra en la cabeza. Creíamos que habíamos avanzado, pero no era tanto.

 

¿Y cómo se aborda eso?

Solo puede hacerse desde la base, desde la educación, en las casas y en los colegios. Trabajando la ruptura de roles porque hay muchos que siguen ahí, bien marcados en el subconsciente.

 

Este año sus compañeras de la Policía Nacional pidieron para usted un premio a su esfuerzo altruista.

Sí, fue increíble. Que tus compañeras te apoyen, te reconozcan y te impulsen a seguir es muy importante para mí. Porque por mucho que te llene lo que haces, a veces las fuerzas flaquean. Lo que hago, lo hago en mi tiempo libre, me cuesta dinero y esfuerzo... así que les estoy tremendamente agradecida.

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