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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista

Salvador Illa: "La ciudadanía pide lealtad, pero algunos no pierden ocasión de poner la zancadilla"

"Si hubiésemos tenido mejor información, tal vez habría ayudado adelantar las decisiones del confinamiento, pero hay que valorar las medidas según los datos que había en cada momento"

Miguel Ángel Revilla y Salvador Illa en el Descenso Internacional del Sella.

En el otoño de 2019, entre los rescoldos del proceso soberanista en Cataluña, Miquel Iceta, hoy ministro de Cultura y entonces primer secretario del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), pronunció en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, medio que pertenece al mismo grupo que este diario, una charla que trataba de encontrar "La España de todos". Le acompañaba el que era su secretario de Organización, Salvador Illa Roca (La Roca del Vallés, Barcelona, 1966), que en unos pocos meses pasaría a ser el ubicuo ministro de Sanidad que intentaba explicar la pandemia y ahora, después de una victoria sin gobierno en febrero de 2021, el líder del PSC y el jefe de la oposición en el Parlamento catalán. Aquel día de septiembre le entró el "gusanillo" de volver a Asturias con su mujer, pero todo lo que sucedió después pospuso la visita casi tres años, hasta este agosto en el que ha pasado una semana de descanso en el Principado con visitas Cangas de Onís, Llanes o los Picos de Europa, y hasta con un Descenso del Sella vivido entre Adrián Barbón y Miguel Ángel Revilla.

¿Todo bien en Asturias?

Desde luego. Estamos muy contentos con la experiencia. La naturaleza es espectacular; la gastronomía, excelente, y la gente, muy acogedora. Además, el clima es más fresco que el de Barcelona, así que hemos pasado unos días de descanso muy gratificantes.

Desde aquí ahora se oye hablar menos de Cataluña. ¿Buena señal?

La ciudadanía de Cataluña está experimentando un cambio de fondo hacia el realismo, hacia la aceptación del principio de realidad. Primero la pandemia y luego el ataque a los valores europeos en Ucrania nos han hecho ver a todos la necesidad de trabajar juntos, de fortalecer Europa y España como única forma de defender nuestro sistema de vida, reconociendo siempre la diversidad del país. Es la corriente de fondo que yo percibo en una sociedad que quiere reencontrarse consigo misma y con el resto de España. Se trata de un proceso que quisiéramos que fuera más rápido, sobre todo en su manifestación política, pero que se está produciendo. A eso han ayudado mucho los indultos parciales, que fueron un acto de futuro, de generosidad, de apuesta por el reencuentro y la concordia. Así lo leyó la mayoría de la sociedad.

¿El procés va siendo agua pasada o es un peligroso gigante dormido?

Todavía sigue habiendo una parte importante de la ciudadanía, cada vez menor, que tiene un sentimiento de secesión. El independentismo catalán es una manifestación de la oleada de populismos que tuvimos en la segunda década del siglo XXI y que pretendía ofrecer soluciones mágicas a situaciones complejas. Ahora hay una aceptación de que las situaciones complejas requieren respuestas complejas que debemos abordar conjuntamente en España y Europa, pero este es un proceso lento en el que la postura mayoritaria, y que cada vez va a serlo más, es la que pretende seguir trabajando para fortalecer una España plural y diversa y una Europa cada vez más federal.

Habla mucho del doble reencuentro pendiente de Cataluña con el resto de España y de los catalanes consigo mismos. ¿Cuál de las dos tareas cuesta más?

De momento, hay un diálogo abierto entre los gobiernos de España y Cataluña y está en funcionamiento la comisión bilateral. Son dos de la tres patas del diálogo que en su día se acordó con ERC. Lo que aún no se ha puesto en marcha es el diálogo entre catalanes. Hay una reticencia muy importante en el independentismo a reconocer que hay un problema entre catalanes, pero debemos abrir ese proceso y yo reclamo a Pere Aragonès que cumpla con la palabra dada y que se abra también la mesa de partidos para buscar el mínimo común denominador, ese punto de consenso en la sociedad catalana que a mí me parece que vamos a hallar en la mejora del autogobierno, no en la secesión ni en la recentralización.

Algunos gobiernos autonómicos, el catalán incluido, echan de menos diálogo y consenso sobre las medidas de ahorro energético. ¿En qué medida compromete eso los apoyos que necesita el Ejecutivo para convalidar el decreto en el Congreso, singularmente los de los independentistas?

El Gobierno de España ha hecho lo que tenía que hacer, tomar decisiones de sentido común que van en la línea de las que han adoptado otros gobiernos europeos. Es muy importante exigirnos todos lealtad en el ámbito de la Constitución y de las competencias que tenemos. El Gobierno ha pedido propuestas a todas las comunidades autónomas para que las hagan antes de finales de agosto. Su voluntad de consenso y diálogo está acreditada, pero hay que tomar decisiones. Lo que la ciudadanía pide ahora es lealtad, y algunos se llenan la boca de buenas palabras, pero no pierden ocasión de poner la zancadilla.

¿Esas zancadillas llegarán al punto del bloqueo del decreto en el Congreso?

Espero que no. Seguro que al final el sentido común se impondrá y habrá apoyos suficientes.

¿Cómo se ve desde Cataluña el cambio de ciclo que auguran las encuestas en España?

No veo ni doy por hecho esto que algunos dicen sobre el cambio de ciclo. Yo creo que el Gobierno está haciendo lo que tiene que hacer en un contexto muy complejo. Tiene que gobernar sin mirar las encuestas. Prestando atención a la realidad, contando a la ciudadanía lo que está ocurriendo y las medidas que hemos de adoptar en el ámbito de la Unión Europea, donde España está ejerciendo una influencia bastante positiva y el presidente del Gobierno ha conseguido cosas muy importantes. Está tomando decisiones y puede exhibir un conjunto de logros muy notables por ejemplo en materia laboral o de reformas sociales. Sirva como dato que nunca ha habido en España tantas personas con contrato de trabajo de larga duración.

¿Asturias quedará al margen de esa ola? ¿Qué le ha dicho estos días el presidente del Principado sobre sus expectativas electorales?

He tenido ocasión de departir con Adrián Barbón, compañero y amigo, y le veo como siempre, con mucha energía política, muy centrado en su comunidad, muy cercano. Me impresionó en Ribadesella la cercanía que él y Miguel Ángel Revilla tenían con la gente. Se está haciendo un magnífico trabajo en Asturias. Confío mucho en la ciudadanía, en que al final la gente ve la obra de gobierno. Hay que seguir trabajando, pero en el Principado se están haciendo las cosas muy correctamente.

Usted fue muy afectuoso con Adriana Lastra en su despedida. ¿Cómo se leen los últimos cambios en el PSOE, se está quedando sin sanchistas de primera hora?

A veces damos demasiadas vueltas a las cosas. Adriana Lastra contó los motivos por los que tomaba esta decisión. Ha hecho un magnífico trabajo y es una socialista de pura cepa. Nosotros formamos parte de un proyecto colectivo en el que en distintos momentos distintas personas asumimos distintas responsabilidades, pero la fortaleza del proyecto siempre está en su carácter colectivo. Los proyectos excesivamente personalistas acaban careciendo de la robustez que se requiere para hacer política en serio.

¿Qué nota le pone el paso del tiempo a su gestión de la pandemia?

Juzgarme a mí mismo sería un poco pretencioso. Creo que el paso del tiempo ha ido dejando la imagen de que España actuó con decencia ante una situación muy compleja. Lo hizo el conjunto de la ciudadanía española, con su sistema sanitario y los distintos niveles de gobierno. He hecho un relato de lo que viví ese año, tratando de sacar algunas lecciones, en un libro ("El año de la pandemia") que saldrá a la venta en septiembre. Ahí cuento más sosegadamente lo que viví y las lecciones que podríamos extraer.

¿Qué ha aprendido?

La importancia de la humildad, y lo digo como país, y la de lo colectivo frente a lo individual. También la de la generosidad, la de la ciencia, la necesidad de una industria farmacéutica y de una capacidad de fabricación nacional y europea importante, y de instituciones públicas robustas y de un sistema sanitario público universal. En definitiva, la importancia de la política, de que en un momento muy complejo, del que no hay escapatoria individual, del que no se evade el que tenga más dinero, estatus o influencia y del que todos teníamos que salir juntos, haya instituciones fuertes que toman decisiones sobre la base del interés general y las cuentan.

¿Pasó miedo?

No. Fueron días muy intensos, y lo más difícil fue tomar decisiones en un momento de incertidumbre, de no saber lo que va a pasar.

¿Qué habría hecho de otro modo?

Si hubiéramos tenido mejor información, tal vez habría ayudado haberse adelantado un poco en las decisiones del confinamiento, pero hay que valorar las medidas que tomamos sobre la base de la información que teníamos en cada momento.

¿Cuánto le inquietan las "incidencias" que ha detectado el Tribunal de Cuentas en algunas contrataciones del Ministerio en los meses duros de la pandemia?

El Tribunal de Cuentas ha dicho que se respetó el marco de decisión. Estábamos en un momento excepcional de estado de alarma que permitía cierta flexibilidad en contratación, absolutamente imprescindible para podernos proveer del material que necesitábamos. Certifica que todo se hizo de acuerdo con este marco. En materia de contratación, pero también de incorporación de recursos humanos, de personas jubiladas por ejemplo.

¿Entiende los problemas que se están investigando en la Comunidad de Madrid?

Nunca como ministro quise entrar en la brega más política y de confrontación. Son muy patentes, muy obvios, los comportamientos que ha habido al respecto y la ciudadanía los ha de valorar en su justa medida.

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