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Las dos almas de Junts per Catalunya exhiben su división ante la consulta sobre el Govern

Borràs, presidenta de la formación, desoye a su sindicatura electoral y se manifiesta a favor del 'no', mientras Turull evita revelar su voto

La presidenta de Junts, Laura Borràs, y el secretario general del partido, Jordi Turull. EFE

La militancia posconvergente decidirá entre este jueves y viernes si la coalición entre ERC y Junts en el Govern ha llegado a su fin. El pulso interno corre el riesgo de acabar con la fractura de una formación que, tras dos ultimátum a Esquerra en apenas un mes, ha puesto una fecha de caducidad a su propia unidad. En este martes, ambos sectores se han prodigado en mostrar su apoyo a una u otra opción. Solo el secretario general, Jordi Turull, siguiendo las directrices de la sindicatura electoral del partido que pidió que las personas que ocupan cargos internos de la formación se abstuvieran de utilizarlos para favorecer una de las dos opciones de la consulta. mantuvo su silencio público. Decidan lo que decidan sus 6.465 militantes, es decir, si optan por abandonar el Consell Executiu, o bien por permanecer en él, uno de los dos sectores mayoritarios -el de la gobernabilidad o el de la ruptura- ganará o perderá la votación, imponiéndose una de las dos tesis.

Por un lado, si como viene promoviendo el sector afín a la presidenta de la formación Laura Borràs (Jaume Alonso Cuevillas, Aurora Madaula, Quim Torra y Francesc de Dalmases) y a su predecesor, además de ‘expresident’, Carles Puigdemont (Josep Rius y Toni Comín), las bases optan por romper con ERC, el futuro que le espera a Junts es una oposición directa al ‘president’ Pere Aragonès, en el relato, y una pérdida de influencia, poder y cargos, en lo práctico.

Si, por el contrario, se impone el ala que defiende la mayoría de los ahora titulares de Junts –además de Giró, Victòria Alsina, Lourdes Ciuró y Violant Cervera-, los que tienen antecedentes en Convergència y el PDECat (Xavier Trias, Joaquim Forn, Damià Calvet y Josep Rull), buena parte de los alcaldes, Jordi Sànchez y los cercanos al secretario general, Jordi Turull, la formación deberá arremangarse para explicar su permanencia tras meses afeando carencias a Aragonès. En concreto, tres: la falta de unidad en Madrid, la no aceptación de su delegación a la mesa de diálogo y la ausencia de una dirección estratégica del ‘procés’.

Peticiones de neutralidad

Si bien Turull negó que hubiera riesgo de ruptura, la beligerancia entre unos y otros ha ido a más durante la campaña interna, con recelos que se arrastran desde que Borràs empezó a encadenar hasta cuatro derrotas en un año: primero, quedando por detrás de Turull y de Anna Erra en la votación de la dirección; después, con sus candidatos a la ejecutiva –David Torrents y Ester Vallès- incorporados en la cúpula pese a no haber recabado los apoyos necesarios; en tercer lugar, perdiendo competencias en materia municipal en el congreso de julio; y, por último, perdiendo ante su ‘número dos’ en las elecciones territoriales. 

Y es que el choque interno es tal, que tuvo que intervenir la sindicatura electoral interna. La propia Borràs, presidenta del partido para más inri, desoyó tal instrucción, blandiendo su 'no' a continuar en el Govern en Twitter, lo que propició un nuevo comunicado del órgano interno en el que recordaban su petición de neutralidad y afeaban a algunos dirigentes el uso de imágenes y simbología oficial del partido. Extramuros del partido, es obvio que el resultado de la consulta, sea cual sea, impactará en la Generalitat, porque quedará sometida a una inevitable tensión.

Si se activa la ruptura, Junts se disputará con la CUP la silla de la jefatura de la oposición independentista e implicará que Aragonès tenga que gobernar en solitario con alianzas puntuales con los ‘comuns’ y, por aritmética, con el PSC. Todo esto requerirá de una remodelación del Govern, con la entrada de nuevos ‘consellers’ para ocupar los siete departamentos que quedarían vacíos y con unos presupuestos para 2023 pendientes –ahora en manos del ‘conseller’ Jaume Giró, partidario de la gobernabilidad–, indispensables para que ERC pueda sacar adelante el paquete anticrisis que prometió el ‘president’ ante la elevada inflación en Cataluña.

Pero tampoco se presume paz, en el caso que las bases posconvergentes opten por mantenerse en el Executiu. Lo señaló el propio Aragonès, el martes, en la sesión de control del Parlament, cuando reclamó, si ello sucede, "lealtad" por que "al cabo de 15 días no se puede estar otra vez igual". No se descarta que, de quedarse, se lleve a cabo una remodelación interna del Consell Executiu. En parte, es obligada, como mínimo, debido a la elección de un nuevo ‘vicepresident’, porque pese a que JxCat trató de negociar la restitución de Jordi Puigneró, él mismo pidió que se le apartara de las condiciones. Y se abre la puerta también a que 'consellers' ya desgastados por la gestión, decidan dar un paso al lado.

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