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Cambio elevado al cubo

La carrera de esta empresa en internet se inició cuando aún teníamos el alma desdoblada en un diario de mañana y otro de tarde

Miembros de la redacción de la edición digital de LA PROVINCIA durante una reunión con Soraya Déniz –de pie al fondo–. José Carlos Guerra

Araceli Pérez ocupa el honor de haber sido la primera teletrabajadora que tuvo LA PROVINCIA / DLP. Fue a finales de los años 80. Era la corresponsal de Telde y el periódico le sustituyó el fax por un ordenador que retiró. No piensen que era un ordenador personal como los que tenemos hoy. Se trataba más bien de un terminal bastante rudimentario que recaló en el diario con motivo del Mundial España 82. El script -así se llamaba- mostraba una letras diminutas de fósforo verde sobre una pequeña pantalla, grababa lo escrito en una cinta magnética y tenía un módem que, muchas veces con fallos, transmitía los textos mediante llamada telefónica hasta otro terminal que había en la redacción. Pese a lo rudimentario que nos parece hoy, para Araceli fue un avance que le permitía trabajar con un ordenador desde su casa en Telde. Me tocó sustituir a Araceli en 1991, pero preferí desplazarme todos los días a escribir al diario. Todos los periodistas que después que ella hicimos información del segundo municipio más importante de Gran Canaria -Pedro Hernández, Pepe Naranjo, Belinda G. Mireles, Antonio J. Fernández, Amparo R. Montero, Patricia Felipe, Brenda Saavedra, Claudia Demetrio o Judith Pulido- hemos acudido al periódico, aunque ya hace tiempo que, gracias a internet, teletrabajar desde casa era una opción técnicamente posible de forma tan cómoda como si estuviéramos en la misma redacción. Para Judith Pulido esto fue así hasta mediados de marzo de 2020, en que el coronavirus la mandó a su casa en Telde. Como ella, todos los periodistas nos fuimos a teletrabajar a nuestros hogares y hasta hoy.

Las palabras coronavirus y covid llevan un año entre nosotros impregnándolo todo y obligándonos a adoptar nuevas costumbres, propiciando un cambio al que no ha sido ajeno el periódico LA PROVINCIA / DLP. El teletrabajo se ha normalizado en una redacción con personal acostumbrado al trabajo presencial y que se resistía a perder ese contacto entre colegas. Además, impulsado por la pandemia y el estado de alarma, el diario ha alcanzado las mayores cotas de audiencia de su historia, mientras experimentaba una aceleración de la transformación digital que cada vez come más terreno al soporte papel en beneficio de las pantallas alimentadas por internet. El domingo 5 de abril de 2020, con el país confinado, la mayoría de sus periodistas en ERTE de reducción de jornada trabajando desde casa y los lectores cautivos en sus hogares, rozó el medio millón de usuarios únicos. La cifra supera los 458.719 habitantes que tenía Canarias según el censo de 1910, cuando se gestaba la creación de la publicación. Hoy somos 2.236.992 residentes.

Ayoze García, Diego Rodríguez (de espaldas) y Eva de Léon.

Hablo de números porque dan la medida del cambio. En 110 años, la población, los lectores, han cambiado y el periódico se ha ido adaptando a ellos. Diez céntimos de peseta fue el precio de venta del primer número de LA PROVINCIA que salió a la calle el 1 de mayo de 1911. Eran cuatro páginas plegadas en un formato asabanado que planteaba varias ofertas de suscripción, entre ellas la anual, de 20,10 pesetas, cantidad que traducida a euros y teniendo en cuenta la evolución del coste de la vida desde entonces hasta hoy equivale a 83,54 euros. Mucho menos cuesta este 2021 leer durante todo un año los contenidos de la edición digital del periódico: 34,99 euros sin ofertas de descuento, una cantidad que supone un desembolso diario inferior a los diez céntimos de euro. Salvando las distancias entre monedas, todo parece girar en torno al diez en este 110 aniversario, aunque aquellos diez céntimos de peseta traídos a la actualidad serían 0,42 euros en nuestra cartera.

La evolución en los lectores y en los precios ilustra un cambio económico y social que va más allá de la sociedad canaria. Tiene mucho que ver con eso que llamamos globalización y que implica una apertura al mundo a la que las Islas nunca fueron ajenas, dada su posición geográfica en el mundo, lugar de paso entre tres continentes, algo que además de propiciar su desarrollo ha marcado el carácter cosmopolita de los canarios. La geografía también ha determinado este clima que a partir de la segunda mitad del siglo XX convirtió Canarias en el centro de vacaciones de Europa. Imposible e impensable hubiera sido llegar a ese punto sin los avances tecnológicos de la aviación y la desalación, como imposible e impensable sería hoy teletrabajar en LA PROVINCIA / DLP y llegar a los lectores sin los ordenadores e internet.

Diego Rodríguez y Laura Morant (de espaldas).

El teletrabajo, que ya forma parte de nuestro día a día, ha llegado en un momento en que la tecnología estaba madura para ello y nosotros para usarla. Con las videoconferencias, sobre todo a la hora de organizarnos, hemos superado el principal inconveniente, la falta del contacto presencial entre los compañeros. Sin embargo, las ventajas son muchas: desde el ahorro de tiempo en desplazamientos a la facilidad para conciliar, pasando por la recualificación profesional que supone la adquisición de nuevas habilidades digitales. Antes de la pandemia, los periodistas de LA PROVINCIA / DLP estábamos inmersos en un proceso de transformación digital que iniciamos en octubre de 2014, un viaje ahora completado que emprendimos con el objetivo de reconvertir una redacción tradicional enfocada en publicar en un diario impreso en una redacción multiplataforma con la web como centro de su producción.

Con la transformación digital quisimos renovar nuestro compromiso con unos lectores interesados no solo en recibir las noticias por el canal tradicional del periódico impreso, sino también a través de internet, ya sea en su ordenador, tableta o teléfono móvil. Ahora la información no fluye en una sola dirección hacia el soporte de papel sino que es multicanal y bidireccional, al tiempo que tiene un poder de expansión que crece en progresión geométrica conforme se va distribuyendo a través de las redes sociales, donde los propios lectores han adquirido un nuevo papel de intermediarios y prescriptores de noticias. A su vez, las noticias no son solo texto y fotos o gráficos. También son audiovisuales.

Pero estos cambios que se han visto acelerados por la pandemia del coronavirus no comenzaron con el proceso de transformación digital que emprendimos a finales de 2014, sino mucho antes. La preimpresión e impresión comenzaron a informatizarse antes, en los años 80, y a incorporar el color a nuestras páginas. Al mismo tiempo, los redactores dimos el salto de la máquina de escribir, el télex y el fax al ordenador. Desde entonces, nuestras computadoras y programas de edición han ido evolucionando, mientras que a mediados de los años 90 empezamos a usar internet como fuente de información y el correo electrónico como vía de comunicación con nuestras fuentes. Los últimos en transformarse fueron los fotógrafos, que con el cambio de siglo sustituyeron las cámaras analógicas y los laboratorios de revelado por las cámaras digitales y el ordenador. Por el camino también nos dejamos las cintas de grabadora y las agendas de papel, sustituidas por las grabadoras digitales y las agendas electrónicas, a su vez reemplazadas por las sucesivas generaciones de teléfonos móviles, que hoy en su versión inteligente y conectada a internet constituyen una suerte de navaja suiza para el periodista, con todo lo que necesitamos para trabajar, desde teclado a cámara de fotos o vídeo y capaz de transmitir textos e imágenes en tiempo real. 

La carrera de esta empresa en internet se inició cuatro años antes del 2000, cuando aún teníamos el alma desdoblada en un diario de mañana y otro de tarde. Coincidiendo con el nacimiento de Google, abrimos nuestras primeras páginas en internet, una de LA PROVINCIA y otra del Diario de Las Palmas, como simples tarjetas de presentación en esa ventana al mundo que se nos abría. En el cuarto de siglo transcurrido desde entonces aquella página web escaparate de LA PROVINCIA fue evolucionando hasta lo que es hoy, un producto digital digno de la cabecera a la que representa, con contenidos informativos inmediatos en abierto, gratis sin límites, y con trabajos más reposados, entrevistas y análisis ofrecidos solo a suscriptores. Así, el conjunto del periódico, web y papel, nunca tuvo tantos lectores dentro y fuera de las Islas; nunca sirvió tanta información como en la actualidad; y nunca conoció como hoy la aceptación de sus contenidos por la audiencia.

Cerramos 2020 con medias de 198.273 usuarios únicos diarios, 2.956.750 usuarios únicos mensuales y 15.360.000 páginas vistas al mes. Los meses del confinamiento marcaron un hito de audiencia y, en atención a la difícil situación de nuestros lectores, abrimos nuestro muro de pago. Sin parar, pese a la situación, a finales de septiembre cambiamos de diseño, tal y como teníamos previsto antes de que se declarara la pandemia. Lo hicimos no solo por actualizar la web con una estética más atractiva, sino también para facilitar al lector una mejor experiencia al visitarla desde distintos dispositivos, poniendo especial énfasis en la navegación móvil. Para hacer los cambios, hemos tenido en cuenta el conocimiento de la audiencia adquirido en los trece años transcurridos desde que LA PROVINCIA creó un equipo estable para internet con cuatro personas.

El conocimiento de la audiencia ha sido vital para comprender los intereses de nuestros lectores y poder ofrecerles más de lo que demandan, siempre sin perder de vista que existen factores de distorsión de la audiencia que convierten lo curioso en trending topic aunque no se pueda considerar información trascendente en el devenir de nuestra sociedad. Antes de disponer de medidores de audiencia tan precisos como los que tenemos hoy especulábamos sobre lo que interesaba a nuestros lectores y sospechábamos que el tiempo y los sucesos estaban entre los temas más demandados. Los indicadores han corroborado que efectivamente el tiempo y los sucesos interesan, por lo que hemos redoblado esfuerzos para hacer un mejor trabajo en estos aspectos. Pero también hemos descubierto el poder de los obituarios, de la crónica política y de la información cultural. Antes de la pandemia, nuestros lectores querían saber qué podían hacer en su tiempo libre y demandaban sugerencias, esto sigue siendo así en parte, solo que ahora tienen más interés en saber qué ver en las plataformas de televisión. Por supuesto, lo que más les interesa es la evolución del coronavirus en Canarias y las restricciones impuestas para frenarlo. Y desde el verano pasado la crisis migratoria es otro de los puntos de interés.

Otro aspecto que hemos comprobado es que hay lectores dispuestos a pagar por nuestros contenidos en internet. La aventura de ofrecer contenidos premium, especiales para suscriptores, desafiando al todo gratis de internet, arrancó con 2015 y tuvo detrás meses de análisis para dar con la fórmula equilibrada y establecer un precio justo que no hemos modificado desde entonces. Bajo la etiqueta suscriptor mostramos aquellos trabajos más elaborados por nuestros periodistas, así como las entrevistas, la opinión y el análisis que ayuda a comprender mejor la realidad que vivimos, todo ello enriquecido la mayoría de las veces con tratamientos gráficos adaptados para web y móvil. El servicio de suscripción digital da acceso a ver sin publicidad todos los contenidos del periódico, abiertos y cerrados. Existen diferentes tarifas, entre las que la más ventajosa es la de los 34,99 euros al mes porque sale a 0,096 euros al día. De tanto en tanto, sacamos ofertas de descuentos sobre esa tarifa, tratando de mejorar el atractivo de un producto que ya no puede ser gratis porque de ello depende nuestro medio de vida y que un periódico con 110 años de historia pueda seguir fiel a la cita diaria con el lector.  

Soraya Déniz habla con Aránzazu Fernández y Julián Yanes.

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