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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Estamos aquí para contárselo

«La fidelidad de lectores y anunciantes nos permite conservar la joven veteranía de más de un siglo»

LA PROVINCIA está de cumpleaños. Ya van 110. Parece que fue ayer cuando componíamos el centenario. Aunque las restricciones sanitarias impidan conmemorarlos con las habituales costumbres, aquí estamos, en plena pandemia, para recordar aquel 1 de mayo de 1911. Esta publicación es nuestra manera de celebrarlo con Canarias. Seguir en la cita diaria desde aquel lejano inicio del siglo XX es un éxito de generaciones de periodistas, gestores y técnicos, pero, cómo no decirlo, de lectores y anunciantes canarios que con su fidelidad nos han permitido conservar la joven veteranía de más de un siglo de quehacer informativo.

«El placer y la actividad hacen que el tiempo sea breve», decía Shakespeare. Un abrir y cerrar de ojos es una vida profesional bajo esta cabecera que ha visto pasar 34.641 números. Estos últimos años vividos en la redacción de la Avenida Marítima han sido vertiginosos y apasionantes.

Afortunadamente para todos José Luis Martínez Albertos, que inició la andadura de la segunda etapa de LA PROVINCIA como director, se equivocó en su pronóstico académico en El ocaso del periodismo cuando vaticinó para 2020 la extinción de los diarios impresos en papel. No solo estamos aquí en 2021 celebrando los 110 años del periódico con este extraordinario número en papel sino que, incluso, el catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, a sus 90 años, nos honra en estas mismas páginas con su entusiasta y esperanzadora previsión de Larga vida al periodismo responsable. Todo un desafío para construir nuestro porvenir.

Celebrar los números redondos forma parte de la condición humana. Los 110 años de LA PROVINCIA/DLP, esa veteranía excepcional en el sector periodístico grancanario, que tantos hombres y mujeres han contribuido a forjar, sigue construyéndose día a día, noche a noche, con el entusiasmo que transmitieron quienes nos han precedido y con la vocación por la modernidad de un periódico que cree en su misión y otea todos los días el futuro.

La memoria y la experiencia son valores que ofrecen sabiduría y calidad. Un diario como LA PROVINCIA/DLP en este siglo XXI en papel, en tableta, en el PC o en el móvil, tiene destino y biografía. Me parece por tanto un elemental deber de gratitud y justicia decir que el periódico cuya historia y avatares humanos se recogen en estas páginas debe su vitalidad, como escribió Melchor Fernández Díaz, al «inaudito coraje» de Francisco Javier Moll de Miguel, aquel joven empresario que con 28 años compró Editorial Prensa Canaria.

Gracias a un profesional equipo de periodistas, directivos y colaboradores, y a la brillante gestión de la familia editora Moll Sarasola, LA PROVINCIA/DLP lleva la matriz de Prensa Ibérica en su ADN, ahora reforzada con la incorporación del Grupo Zeta, y mantiene el impulso permanente del mejor periodismo y una indiscutible vocación de servicio a la sociedad canaria.

Ser más que centenario hace que el periódico se mire en su pasado también para reconocer un mundo cambiante. Muchos lectores y colegas evocan al hilo de esta conmemoración su historia del periódico.

La historia ha querido que LA PROVINCIA/DLP celebre este aniversario en medio de una pandemia y con España inmersa en una crisis económica tan aguda como la que dejó la Guerra Civil.

Las vacunas han devuelto la esperanza. No cabe mayor estímulo al soplar 110 velas. Y la esperanza, como la luz, no hace ruido. Los periodistas de LA PROVINCIA/DLP que seguimos la vida del alma de los canarios registramos que bajo la piel de estas islas fluyen corrientes de progreso y de futuro que mantienen viva la esperanza.

A lo largo de su existencia LA PROVINCIA/DLP conoció tiempos difíciles y dio cuenta de guerras, civiles y mundiales, revoluciones, golpes de estado, pestes y todo tipo de catástrofes humanas y naturales. Como cada generación tiende a pensar que está viviendo tiempos excepcionales, que carecen de precedente, no temo pecar de aventurado si digo que el periódico se ha enfrentado a una circunstancia inédita con el estado de alarma y el confinamiento.

En esta etapa hemos respondido con ilusión y profesionalidad, con nuestros lectores siempre en el horizonte. Aciertos hubo, y cómo no, dificultades de todo tipo. Y errores, muchos, tal vez, aunque siempre hemos trabajado por corregirlos y mejorarlos.

Zarandeados por los virus no han sido fáciles los tiempos. Hemos vivido muchas cosas estos años. La teletransformación ha conquistado la tierra. El mundo digiere el impulso digital apresurado por el malvado Covid 19.

Los periódicos nunca volverán a ser lo que fueron en la manera que lo fueron, pero continuaremos materializando los valores de un oficio que aún hoy, más si cabe, consideramos imprescindible para garantizar el derecho a la información de los canarios. Aunque todo ha cambiado, seguimos siendo sustancialmente lo mismo. Ahora, creo, más necesarios que nunca en este tiempo de intoxicación informativa.

Si como decía el exdirector de The New York Times Bill Keller, los periódicos ayudan a definir el significado del lugar donde se escriben, LA PROVINCIA/DLP contribuye a formar la idea de Canarias. Es el periódico de referencia en las Islas. Ha alcanzado la plena madurez al servicio de un proyecto entrañado socialmente y con potencial para innovar y regenerarse. Así hemos llegado aquí. Maduros, centenarios. Sin nostalgia del pasado ni miedo al futuro.

No hay nueva ni vieja comunicación, hay buena y mala comunicación. Prueba son estos 110 años. El éxito está en ser una referencia útil y necesaria en una sociedad abierta como este archipiélago en medio del Atlántico.

En las actuales circunstancias, emprendemos el desafiante camino hacia los 111 años en la Canarias de la inmigración y del turismo cero, con el deseo inagotable de una más larga y fecunda vida, y con la mirada puesta en el final de la pandemia. ¿Dentro de 110 años qué periódico tendremos? ¿Cómo será entonces la comunicación? Si resulta atrevido adelantar lo que va a ocurrir en unas horas, aventurar el porvenir resulta imposible. Pero cuando llegue el futuro, que ya está aquí, estamos para contárselo.

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