Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Formar, informar y entretener

«Somos una especie inasequible al desaliento, resiliente, dispuesta a perseverar contra viento y marea para salvar lo nuestro»

Formar, informar y entretener. Tal es el desafío que afrontan cada mañana nuestros medios de comunicación. Y digo nuestros porque pocos servicios públicos garantes de derechos fundamentales, consagrados en la Constitución, nos son tan cercanos e indispensables.

Formar, informar y entretener. En ese orden. Así se aprende en las facultades, aunque en ocasiones, la realidad de un mercado competitivo y voraz o el complejo escenario sociopolítico obliguen a modificar la prelación.

La prensa es hoy, como siempre ha sido, fedataria de cuanto acontece, defensora de las prerrogativas ciudadanas y contrapeso a los poderes del modelo democrático. Actúa como vigilante de la transparencia en la gestión pública y guía sus pasos a la luz del derecho colectivo a recibir información rigurosa y veraz.

Parece una misión imposible, heroica en los tiempos que corren. Y en cierto modo lo es. Frente a la industria del espectáculo, la venta de morbo y la manipulación interesada, frente a quienes priorizan la estrategia hearsteriana del no permitir que la verdad estropee un buen titular, sobreviven cabeceras con una dignidad que sobrecoge, que se han adaptado al siglo de la tecnología y la velocidad con equipos de valor asentado en la veteranía y la experiencia.

¿Quién nos iba a decir que una buena crónica podría ser barrida por un twitt de no más de 280 caracteres? ¿Hubiéramos acaso imaginado que un acelerado repaso de titulares electrónicos sustituiría a la despaciosa lectura dominical, de café humeante y volteo de páginas entintadas? ¿Y que todo esto sucedería en apenas un par de generaciones?

Si una industria se ha visto sometida a la transformación más radical, esa ha sido la de los medios de comunicación; y de entre ellos, el periódico en soporte papel se ha llevado la palma. Y de entre su abanico de formatos, el diario de las humildes cien pesetas, luego el euro, luego el euro y medio, luego… arremetió el torpedo directo a su línea de flotación con la irrupción de la prensa digital de acceso gratuito.

De ahí la grandeza de su resistencia, que da cobijo aún a miles de lectores y lectoras que quieren mantener en sus vidas el ritual de la salida al kiosco, camino del trabajo o a la compra, con parada o no en el bar de siempre donde apurar un cortado y comentar las noticias y el cómo anda el mundo.

Por si fuera poco, a la revolución TIC se ha sumado la pandemia de Covid, que cierra negocios, acaba con empresas y paraliza la vida económica del país, retrayendo a los anunciantes, que han sido el balón de oxígeno de las grandes cabeceras de la prensa convencional.

Y en medio del caos, la fiesta, la celebración de 110 años de vida. Así somos, una especie inasequible al desaliento, resiliente, dispuesta a perseverar contra viento y marea para salvar lo nuestro.

Dijo el maestro de maestros, Ryszard Kapuscinski: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Hermosa profesión la que centra sus esfuerzos en la empatía con el otro.

Por su trabajo centenario, por su celebración de vida y resistencia, por su misión que cualifica nuestra Democracia, felicidades y gracias.

Compartir el artículo

stats