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‘La Provincia’ en tiempos del Covid

Con la inesperada llegada en marzo de 2020 de la pandemia y sus restricciones de movilidad y reunión, el bullicio de la redacción se traslada en apenas 72 horas a las pantallas de los móviles y ordenadores personales: estrenábamos el teletrabajo

Antonio Cacereño, director de LA PROVINCIA/DLP, habla por vídeoconferencia con las y los redactores jefes y jefes de sección durante la pandemia. J. C. Guerra.

Antonio Cacereño, director de LA PROVINCIA/DLP, habla por vídeoconferencia con las y los redactores jefes y jefes de sección durante la pandemia. J. C. Guerra.

La redacción de un periódico siempre se ha caracterizado por el bullicio. Por ser un lugar donde las numerosas conversaciones telefónicas conviven con el intercambio más sosegado de opiniones y noticias entre los integrantes de cada sección y sus respectivos jefes. Por vivir con normalidad la llegada de una información que todos y todas sabemos que, tras su publicación, marcará al día siguiente la jornada convertida en el gran tema de conversación. Una redacción refleja a pequeña escala el latir de la vida, con más de 70 profesionales en el caso de LA PROVINCIA/DLP entre periodistas, fotógrafos, maquetadores, comerciales o administrativos, entre otros, trabajando en el mismo edificio, todos desarrollando su labor contra reloj para lograr cerrar antes de la medianoche los contenidos que incluirá la edición en papel del diario y que enriquecerían también la web del periódico. 

Así había ocurrido durante los más de 100 años de historia de esta cabecera (salvo en el asunto de los contenidos digitales, claro está, que se asumen durante los últimos lustros) pero el viernes 13 de marzo de 2020, con el anuncio de la entrada en vigor del estado de alarma a raíz de la pandemia de la Covid 19, todo cambió. El lunes siguiente, día 16, nadie era consciente en la redacción de LA PROVINCIA/DLP, ya casi vacía, de que comenzaba una nueva época, una nueva manera de abordar esta profesión.

Como respuesta a los cambios que las y los lectores iban demandando en el consumo de la prensa diaria, los periódicos se habían ido adaptando en los últimos quince años para potenciar las ediciones digitales y aprovechar las posibilidades que ofrecían los avances tecnológicos pero la inesperada llegada del coronavirus lo trastocó todo radicalmente obligando a acelerar los cambios ya previstos reinventando en tiempo récord la manera de trabajar. 

Para empezar, Gustavo Barrera y Yoel Castellano, los técnicos de LA PROVINCIA/DLP, tuvieron que instalar en cada terminal de la redacción el programa que permitía a los periodistas escribir en sus casas, en modo remoto, desde sus ordenadores personales. El mismo método se empleó para los imprescindibles departamentos de publicidad y contabilidad.

Raquel Villalobos entrega un ejemplar de LA PROVINCIA/DLP a un cliente.

Se estrenaba así el teletrabajo puro y duro, entendido como una solución para continuar haciendo periodismo sin contar físicamente con los y las redactoras y el resto de la plantilla en las instalaciones del diario en la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria. El embrollo era mayúsculo pero en sólo 72 horas se logró adaptar todo y a todos a la nueva realidad derivada de la pandemia. Y la cosa funcionó.

Con la intención de evitar riesgos innecesarios entre la plantilla se limitó al mínimo la presencia en la redacción. Además de los técnicos, en los primeros meses de la crisis sanitaria sólo acudían al periódico el director de LA PROVINCIA/DLP, Antonio Cacereño; el Jefe de Contabilidad de Prensa Canaria, José Uría; los fotógrafos Andrés Cruz y Juan Carlos Castro; el equipo de diseño, maquetación y producción, con el jefe de dichas secciones al frente, Misraim Rodríguez, quien contó asimismo en redacción con Maica Meneses, María del Mar Santana y Bárbara Reyes. Todos con mascarillas, guantes, respetando la distancia de seguridad... Asustados pero conscientes de que no había otra manera de trabajar para continuar publicando cada día LA PROVINCIA/DLP. 

Esther Quintana y Alba Rodríguez -sentada- en el departamento de Administración.

Se crearon cerca de una decena de grupos de whatsaap, uno por cada sección; otro compuesto únicamente por los jefes y redactores jefes y, otro más, que incluía a toda la plantilla del periódico. El histórico bullicio de la redacción se trasladaba a las pantallas de los teléfonos móviles. 

Gloria Santana (de pie) chequea materiales junto a Bárbara Reyes.

Obligados por la crisis sanitaria, la imprescindible reunión “de Primera”, que diariamente desde hacía décadas se realizaba a las doce de la mañana en el despacho del director para conocer los temas en los cuales trabaja cada periodista y valorar así qué espacio ocuparía en el periódico del día siguiente, pasó a celebrarse de modo telemático. Durante semanas el asunto principal, lógicamente, fue informar sobre la pandemia y sus consecuencias en Canarias y el resto del país y el mundo. En aquellos primeros momentos no había nada más que contar en unas islas aisladas a cal y canto por mar y aire, sin turistas, con los comercios cerrados, las playas clausuradas y millones de canarios confinados en sus casas... El conteo de fallecidos y contagiados era la única noticia y pese a que los redactores de LA PROVINCIA/DLP podíamos salir durante el confinamiento para desempeñar nuestro trabajo buscando nuevos temas, estar en la calle durante los dos primeros meses de encierro, entre marzo y mayo, se convirtió en una tarea casi surrealista con las calles vacías, sin un coche circulando salvo en el caso de las ambulancias, los vehículos militares y los coches de la policía y la Guardia Civil. A las siete de la tarde únicamente los aplausos desde los balcones rompían el silencio de la capital grancanaria y demás localidades de la Isla, la provincia y el resto de Canarias.

Mª del Mar Santana (de dcha. a izq.), Ana Rojas y Marcos Giner.

Seleccionados los temas y decidido cuánto espacio ocuparían en las páginas del periódico dichas noticias, los redactores comenzaban a enviar al correo electrónico de diseño y maquetación fotografías de los bocetos de las páginas que ellos mismos pintaban en casa para que los diseñadores trasladaran después esas necesidades de espacio al sistema de edición al cual todos tenían acceso desde sus domicilios para poder escribir.

Para quienes desconocen los métodos habituales de trabajar en un periódico, maquetar es el proceso de trasladar al sistema de edición de una publicación cada una de las piezas que componen una página. Diseñadores y maquetadores trasladan a páginas en blanco el dibujo que les ha llegado por correo -antes del Covid y con la plantilla en la redación se entregaba físicamente ese boceto directamente a los maquetadores- creando los huecos o cajas de texto y fotografías donde luego los redactores deben escribir titulares, subtítulos, destacados, redaccionales y despieces o colocar las imágenes que corresponden a dicha información. El resultado final de dicho proceso es lo que el lector se encuentra al día siguiente en cada una de las páginas de la edición en papel del periódico.

Los diseñadores Bárbara Reyes y Marcos Giner seleccionan fotografías.

Cuando en junio del pasado año la situación sanitaria dio cierta tregua en Canarias, con un descenso de los contagios y, sobre todo, con un mayor conocimiento de cómo se comportaba el coronavirus y cuál era la mejor manera para evitarlo, se incorporan a la redacción de LA PROVINCIA/DLP el resto de maquetadores (Bárbara Reyes, Paco Rivero, Marcos Giner y Ana Rojas). Fernando Canellada, subdirector del periódico, también vuelve a su despacho de la Avenida Marítima, y ya en septiembre y octubre regresan los redactores jefe Javier Durán y Dunia Torres.

La idea de que el resto de la plantilla se reincorporara asimismo a la redacción estuvo a cada rato sobre la mesa de la dirección de la empresa pero los constantes repuntes del coronavirus, que se tradujeron en las sucesivas olas -vamos por la quinta-, obligó a retrasar esa medida al menos de una forma masiva, porque sí comenzaron a trabajar físicamente en el periódico el personal de administración y, por turnos, el equipo de publicidad con la directora comercial de LA PROVINCIA/DLP, Vanesa Merino, al frente.

Maica Meneses corrige en papel los contenidos de las páginas del periódico.

La llegada de las vacunas ya en 2021 y, sobre todo, la sensación de que se comienza a vislumbrar un poco de luz al final de ese túnel al que nos arrastró la pandemia ha permitido que a los hombres y mujeres que hacemos LA PROVINCIA/DLP nos deje de parecer un imposible que la redacción del periódico vuelva a recuperar su bullicio aunque sea con las mascarillas puestas. 

A la izquierda, Vanesa Merino, directora comercial de LA PROVINCIA/DLP, con parte de su departamento. A su lado, Siomara González. En frente, Ilenia Suárez (de pie) y Sara Lorenzo.

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