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Alejandro del Castillo Conde de la Vega Grande y empresario

«El rápido crecimiento fue como un tsunami urbanístico»

Alejandro del Castillo, en la charca de Maspalomas. José Carlos Guerra

Alejandro del Castillo, empresario y conde de la Vega Grande, es miembro de una de las estirpes más nobles de las Islas. Su familia era propietaria de los terrenos de San Bartolomé de Tirajana donde se inicia el desarrollo turístico como lo conocemos hoy en día, proceso del que fue testigo.

¿Cuál fue el germen para la reconversión de las Islas en destino turístico?

El excelente clima, la pertenencia y cercanía a Europa, la calidad humana de sus gentes... todo ello unido a su calidad paisajística y sus singulares playas. Concretamente, al sur de Gran Canaria los extranjeros, mayormente escandinavos, que pasaban sus vacaciones en la Playa de las Canteras, iban en unos microbuses con chófer a pasar el día en la Playa de Maspalomas, huyendo de la panza de burro, lo que animó al desarrollo turístico del sur de la isla de Gran Canaria.

¿Cómo era el modelo inicial de la oferta en Gran Canaria?

Era de unos pocos hoteles, algunos en la Playa de Las Canteras, escasas pensiones, y pisos o apartamentos de particulares que los alquilaban a los turoperadores. En 1958, la capital de la provincia tenía aproximadamente 150.000 habitantes, la capacidad que había para alojar a nuestros clientes foráneos era de unas 2.500 camas en hoteles y pensiones, y 1.500 más que se situaron en apartamentos, que en aquella época aún no estaban regulados.

¿Qué importancia tuvo el proyecto Maspalomas Costa Canarias en el desarrollo turístico de la Isla?

Tuvo una enorme importancia. Tras el proyecto ganador del Concurso Internacional, realizado por el estudio francés Setap, para el desarrollo turístico en unos terrenos de mi familia, de una extensión aproximada de 2.000 hectáreas y diecisiete kilómetros de costa, con sus mejores playas, se crea la infraestructura necesaria que va a permitir levantar las instalaciones turísticas que prácticamente existen hoy día en el municipio de San Bartolomé de Tirajana y a su vez generar un crecimiento exponencial en la Isla, en unos pocos años.

¿Recordaría la evolución de cifras de los primeros años y cuándo se convirtió en turismo de masas?

En 1958 visitaron Gran Canaria 23.000 personas. A comienzos de los 80, la capacidad de alojamiento de toda la provincia es de unas 115.000 a 120.000 plazas, de las cuales el 30% son hoteleras y el resto extrahoteleras. En 1983 ya nos visitaban 1.700.000 y en 2019 Gran Canaria recibía a 4.000.000 turistas. El rápido crecimiento fue como un tsunami imparable en materia urbanística; en 1964 se abría el primer hotel y diez años después el sur recibía más turistas que Las Palmas de Gran Canaria.

Dice usted que el rápido crecimiento fue como un tsunami imparable en materia urbanística. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

Lo recuerdo paradisíaco en la época que solo existían unos bungalow en San Agustín y unos pocos apartamentos en Maspalomas y a mi padre muy ilusionado con el proyecto. Yo era muy joven en aquellos tiempos, pero tengo el recuerdo de los veranos que pasábamos en el sur de la Isla y el rápido crecimiento que se producía de un año a otro. Pasábamos la estancia cambiando de una a otra urbanización en función de lo que se iba construyendo y acompañaba a veces a mi padre a ver las obras, como por ejemplo la del hotel Maspalomas Oasis. También le acompañé en la inauguración de algunas infraestructuras, como la guardería Los Dados o el cuartel de la Guardia Civil en San Fernando, etcétera. 

¿Cuándo comienzan a construirse los hoteles frente a los apartamentos de antaño?

Una vez que se obtiene la financiación necesaria para poner en marcha los primeros apartamentos y el éxito de estos, anima el interés de los inversores, principalmente locales, que levantaron los hoteles Folias, Costa Canarias y Tamarindos en la urbanización de San Agustín. Más tarde, nuestra familia apostó por crear un hotel singular en un espacio único, el palmeral y la charca de Maspalomas, por lo que se le pide al arquitecto Manuel de la Peña que se ponga en contacto con los mejores arquitectos del momento en España, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, para levantar un gran hotel y se construyó el Hotel Maspalomas Oasis. Estos hoteles y el éxito de los bungalós provocaron un rápido crecimiento de las urbanizaciones de San Agustín y Playa del Inglés.

¿En qué momento se revierte la influencia económica de los extranjeros y la actividad turística en el resto de los sectores de la Isla?

Desde el primer momento, cuando se ponen en funcionamiento los primeros apartamentos e instalaciones hoteleras, el subsector turístico comienza a demandar servicios de otros subsectores como el comercio, servicios financieros, jurídicos, sanidad, transporte, ocio, telecomunicaciones, etcétera, todos ellos integrados dentro del sector terciario. Por tanto, en la Isla se pasa muy rápido de una economía basada principalmente en el sector primario a otra en la que predomina el sector terciario o servicios.

¿Cree que se hicieron las cosas debidamente?  

Todo es mejorable, pero creo que en aquel momento las cosas se hicieron bien. No obstante, a pesar de que es fácil criticar a posteriori, yo hubiera apostado por más calidad y menos densidad.

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