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José Carlos Mauricio Político

«Repetían que no estábamos preparados para la democracia»

José Carlos Mauricio, durante una entrevista.

José Carlos Mauricio, durante una entrevista.

El político José Carlos Mauricio, exdirigente del Partido Comunista de Canarias antes de su legalización en 1977, fundó ICAN en 1991, formación nacionalista que se integró en Coalición Canaria. Ha sido consejero de Economía y Hacienda, diputado en el Congreso y concejal.

¿Cómo se viven en Canarias las primeras elecciones democráticas? ¿Qué recuerda?

Recuerdo el lógico sentimiento de alegría en las largas colas de votantes. Se cerraba un tiempo histórico y se abría uno nuevo, lleno de incertidumbres, ilusión y esperanza. Pero también de inquietud, preocupación y miedo. Las dictaduras logran mantenerse creando en los ciudadanos un profundo miedo al cambio; miedo a ser libres. Nos repitieron mil veces: «Los españoles no estamos preparados para la democracia. Siembre acaba en enfrentamiento entre españoles», decían. Sin embargo, 50 años después, hemos comprobado que, con todas sus imperfecciones, los españoles supimos construir nuestra democracia.

¿Tenía alguna peculiaridad el Archipiélago con respecto al resto del país?

Los canarios hemos vivido los acontecimientos históricos que sucedían en España siempre desde la lejanía. Con algunas excepciones, una de ellas fue la lucha del pueblo canario contra la dictadura. Aquí se produjeron movilizaciones sociales y políticas que tuvieron un gran eco en la España peninsular. Canarias Libre, Latitud-28, las luchas de los aparceros, las grandes huelgas del transporte o los puertos, que se convirtieron en políticas. Las movilizaciones de los abogados, los enseñantes, los curas jóvenes, etcétera. 

Y, algo muy significativo y original: el apoyo constante de los medios de comunicación canarios, prensa y radio, a las luchas democráticas. No por casualidad, Canarias fue pionera en la lucha por la Autonomía y el REF, que pusieron el cimiento de la posterior construcción de la democracia y el Autogobierno de Canarias.

¿Se percibirá satisfacción por parte de la ciudadanía? Se lo pregunto porque habría mucho demócrata convencido, pero también mucha rémora fascista contraria a la nueva situación.

En mi opinión, la transición de la dictadura a la democracia fue un proceso largo, complicado y original. Más largo de lo que algunos dicen. En realidad, duró toda una década. Empezó con la muerte de Carrero Blanco, luego la de Franco y, tres años después, se aprobó la Constitución; pero la democracia nació rodeada de enemigos. Los poderes de la dictadura no habían sido totalmente derrotados hasta el golpe fracasado del 23-F.

 ¿Están a la altura de aquellos primeros candidatos los actuales políticos de nuestras islas?

Cada tiempo histórico suele tener los políticos que le corresponden. Los políticos no caen del cielo, ni salen del infierno. Nacen de la sociedad en la que viven. Y representan, por tanto, sus grandezas y miserias. Es verdad que la generación de los políticos que lucharon contra Franco e iniciaron la democracia, lo hicieron por defender derechos ciudadanos y valores democráticos y no por el poder. No les quedó más remedio. Y eso saca de dentro lo mejor de cada uno. Ahora, por el contrario, el interés general ha pasado a segundo plano. Es más importante la lucha por el poder y cómo conservarlo. Y eso suele sacar, aunque no siempre, lo peor de cada uno.

¿Hemos aprendido algo en estos casi 50 años de democracia?

Para aprender las lecciones de la historia es necesario que las sociedades alcancen un nivel alto de madurez democrática. Y la democracia española es aún demasiado joven, demasiado reciente. 50 años es poco en relación con las otras democracias europeas. Y así resulta que el debate político de los últimos años está ausente de propuestas constructivas e interesantes; y se ha llenado de descalificaciones, insultos y brillantes naderías. 

Todo se mueve alrededor de un forcejeo por el poder; y el uso de los nuevos y viejos medios de comunicación para la propaganda y manipulación: un discurso vacío y sin solución. Lo peor es que una parte importante de los ciudadanos se deja arrastrar por el discurso de la confrontación. El debate político español de los últimos años ha resultado tan ridículo como penoso. Pero el de estas últimas semanas, el de las elecciones en la Comunidad de Madrid, ha alcanzado cotas no imaginables. Aunque hay que seguir confiando: quizás cansados de tanta estupidez, les llegue la lucidez.

Por último, ¿se entiende el boom de los partidos de extrema derecha en el espectro político? ¿Y la extrema izquierda?

En tiempos de crisis, la sociedad se fractura en dos bloques. Ya ha ocurrido en diversos momentos del siglo XX, el bloque conservador contra los frentes populares. Se enfrentan y luchan entre sí. Sus sectarismos se alimentan mutuamente, y cada vez se radicalizan más. En tiempos críticos, ese enfrentamiento lleva al desastre. Pero ahora no estamos en la crisis de los años 30 del siglo pasado. La crisis actual es distinta. Eso sí, estamos viviendo una crisis profunda de sociedad. Los jóvenes, y no tan jóvenes, creen haber perdido el futuro, piensan que vamos camino de un mundo que cada día se hace peor. Y, por otro lado, enfrente, otra parte de la sociedad cree que está perdiendo el pasado: sus raíces, sus costumbres, sus códigos familiares, sienten amenazados sus propiedades y negocios.

Los dos bloques se enfrentan con virulencia y, a veces, con violencia. Pero la solución no es ni fascismo, ni revolución. La solución vuelve a ser más y mejor democracia. Aprender una enseñanza histórica: la peor de las democracias es siempre mucho mejor que la mejor de las dictaduras. Y, aunque los tiempos sean oscuros y te sientas perdido, lo importante, lo decisivo, es volver a encontrar los caminos del futuro.

¿Y cómo encontrar esos caminos del futuro?

No es fácil, desde luego. El nuevo tiempo que está naciendo presenta muchos y difíciles retos y ofrece, de momento, pocas respuestas. Terminaremos por encontrar el camino si partimos de la idea de que el futuro no existe de antemano. No es un bello y plácido lugar detrás del horizonte. El futuro lo hacemos nosotros, se construye con nuestras decisiones, las acertadas y las equivocadas.  

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