La Ciudad de la “piedra y la flor” ha ido evolucionando a diferentes ritmos en estas cuatro décadas, en la década de los ochenta sus inicios fueron esperanzadores con mucho camino por recorrer en materia de infraestructuras viarias y de desarrollo económico, iniciando un periodo de transición democrática que conllevó un compromiso de todos y todas por salir del letargo sufrido en los cuarenta años de dictadura, su monocultivo en el sector del plátano tuvo un desarrollo empresarial muy sinuoso debido a los diferentes ciclos económicos durante estos cuarenta años.

La crisis internacional del capitalismo de los años 1973-1976, coincidió en las Islas con una terrible sequía y con las lógicas tensiones de la transición política española. Estos tres hechos, como en muchas otras partes del Estado, sirvieron de excusa y de coartada acrítica, extrapolándose a cualquier problema en una indecorosa instrumentalización política, para responsabilizarlas de todos los males del municipio, incluso de los correspondientes a negligencias y errores exclusivos del ámbito de decisión local, como fue, entre otros aspectos, el exceso de confianza en el ciclo platanero. No obstante, las crisis enumeradas se han empezado a remontar en lo esencial gracias sobre todo a los impulsos externos, sin desdoro del esfuerzo desplegado en los noventa. En efecto, los recientes avances en materia de comunicaciones (todavía insuficientes) y la creciente movilidad de las personas, junto a la plena escolarización, acceso a la educación y a la sanidad, meritorios han supuesto también los logros obtenidos en formación profesional reglada y no reglada, y la accesibilidad a todo tipo de mercancías, tecnologías y capitales, unido al esfuerzo en infraestructuras y dotaciones, están en conjunto propiciando en el municipio cambios profundos y, especialmente, nuevos impulsos renovadores.

Los años noventa se producen unos cambios importantes de modernización aunque sigue adoleciendo de conexiones y mejoras de infraestructuras y mirando de espaldas a su costa, la gran olvidada en varios años. La crisis del comienzo de los años noventa lleva a la Ciudad a reinventarse y el empuje de empresas familiares, muchos autónomos/as, pequeños y medianos comerciantes hacen que se mantenga un municipio conectado como principal fuente económica de la comarca norte. se empieza a superar en buena parte debido a la decidida apuesta de los dirigentes sociales, económicos y políticos por un modelo económico que orienta sus energías en el mejor aprovechamiento de todas las potencialidades disponibles en el espacio aruquense, siendo sin duda la población uno de los recursos más decisivos.

Como se puede comprobar el municipio ha ido superando la desorientación pretérita con la recuperación del pulso en estas dos última décadas, hecho que se percibe en la capacidad de atracción de aruquenses que regresan, bien desde otros espacios insulares o de la península. Se ha acentuado también el número de familias capitalinas de clase media que utilizan nuestro territorio para descansar en segundas viviendas durante «los puentes*, festividades, fines de semana y períodos vacacionales. Algo parecido se reproduce en relación con jóvenes parejas de las medianías y cumbres de Gran Canaria que se sienten atraídas por la oferta variada de ocio, cultura, etc. que ofrece nuestro municipio.

En suma, los beneficios del ciclo expansivo ya se están materializando en un aumento de la población que al 31 de diciembre de 2001 se cerró con un récord histórico: 33.015 habitantes. Los datos más recientes población de Arucas señalan que actualmente el municipio ha pasado rápidamente de los 30.673 habitantes de derecho en 1997 a 37.367 personas al comenzar el año 2018, acelerando el ritmo medio anual de crecimiento. El aumento de los efectivos demográficos del último recuento viene a significar en términos comparativos casi un dos por ciento de la población canaria; el 3,7 por ciento de la población total de la provincia de Las Palmas y el 4,3 por ciento del conjunto de la población de la isla de Gran Canaria. Arucas es, además, el décimo municipio de Canarias en cuanto al número de habitantes de derecho se refiere. De acuerdo con esta somera aproximación debe resaltarse el dato de que es la primera vez que esta demarcación municipal, creada al amparo de la Constitución de 1812, obtiene un guarismo demográfico tan notable.

Una costa prácticamente en ciernes y sus núcleos poblacionales muy diseminados que poco a poco se han ido conectando y mejorando en sus entornos y sus correspondientes servicios. La primera década del 2000 sigue creciendo con un desarrollo sostenible y controlado, donde el Casco histórico se consolida como uno de los más importantes de Canarias y los proyectos iniciados en los años noventa van siendo una realidad palpable. Por primera vez y después de muchos años se empieza a notar un cambio de sensibilidad y de visión a la Costa que disfrutan incluso los/as vecinos/as de municipios limítrofes.

En esta última década Arucas afronta un futuro esperanzador con el cierre del anillo insular a su paso por nuestro municipio con la IV fase de la Circunvalación (GC-3) y con los proyectos de mejora de entrada de la GC-20 y el futuro del PTP-15 que permitirá mejorar las infraestructuras y servicios en el litoral aruquense, siendo clave también del desarrollo de estos 40 años el aumento de visitantes- Para concluir Arucas ha ido avanzando cada década y poniendo los pilares para seguir siendo cabecera de la comarca norte y el quinto municipio de Gran Canaria.