Hace cuatro décadas, cuando era un adolescente de apenas quince años, comenzó realmente mi fascinación por la historia del arte, algo en lo que tuvo mucho que ver una excelente profesora, la muy respetada y querida Ángeles Sanabria. Aquella fascinación devino con los años en los estudios de Historia del Arte en la Universidad de Granada junto a una posterior formación en museografía que concluyó con la contratación en junio de 1989 como conservador, en el aún no inaugurado Centro Atlántico de Arte Moderno. En aquellos inolvidables e intensos meses previos a su inauguración nos incorporamos un grupo de jóvenes junto a profesionales experimentados, unidos todos por un enorme entusiasmo. Bajo las coordenadas de Martín Chirino, artista canario de proyección internacional, figura clave en la fundación del CAAM, se hacía realidad una demanda durante años de artistas, sector cultural y sociedad civil. El CAAM se inaugura pues el 4 de diciembre de 1989 siendo una de los proyectos culturales más relevantes e ilusionantes de aquellos años, tan solo unos meses después de la inauguración del IVAM de Valencia. Era la década de los 80, años de puesta al día de tantos aspectos de la realidad.

La visibilidad, la posibilidad de que las actividades de una institución cultural puedan llegar a la ciudadanía es de enorme relevancia, y en eso los medios de comunicación, y especialmente la prensa escrita – hoy con internet y redes sociales – han contribuido y contribuyen enormemente tanto a nivel informativo como siendo igualmente un necesario espacio crítico. La lectura de las páginas culturales de la prensa, como el caso de LA PROVINCIA, han sido y son una fuente fundamental de información de lo que acontece en la esfera de la cultura.

El CAAM se acerca a su treinta aniversario. Un considerable arco temporal en el que se ha intentado visibilizar la creación contemporánea de las Islas Canarias desde comienzos del XX hasta la actualidad, y sus conexiones y diálogos con los espacios de creación nacionales e internacionales. Desde su fundación se definió igualmente como un espacio de trabajo Tricontinental con especial atención a los contextos europeos, americanos y africanos. Esta definición y el posterior trabajo relacionado con la misma le ha conferido una identidad propia. Lógicamente con todas las observaciones y críticas que se puedan y deban hacer a un programa que se desarrolla en un contexto ya de por sí controvertido, crítico y no menos simbólico, como es el de la creación contemporánea. Poder analizar el conjunto de su programa expositivo, sus cientos de publicaciones, su revista, y sus ya miles de actividades, puede ir conectándonos – en algunos momentos más acertados que otros – con realidades y cuestiones que han sido y son fundamentales en la evolución de la cultura y del pensamiento contemporáneo. Un programa que desde una perspectiva progresivamente más transversal y multidisciplinar, y por supuesto de la mano imprescindible de los y las artistas , y de la aportación de intelectuales, no ha quedado ajeno a los cambios sociales y a las transformaciones permanentes de un mundo que se enfrenta a la violencia, desigualdades y a su propia supervivencia. Son muchos los retos que nos quedan a todos por abordar y mejorar, sin apartar nunca de nuestro horizonte a la sociedad civil, a creadores y creadoras, en un marco irrenunciable de libertad.

La lucha feminista y la incorporación de la perspectiva de género ha hecho que la Igualdad no solo sea un derecho recogido en un ley imprescindible, sino que su cumplimiento y normalización es y debe ser una inaplazable contribución a la construcción de una sociedad más justa y mejor, y en esto debemos contribuir sin fisuras las instituciones culturales.