Las infraestructuras son causa y consecuencia de la sociedad a la que sirven y tienen una potente capacidad de transformación del territorio. Nunca deben ser un fin en sí mismas. Retratar la evolución de las infraestructuras en Canarias forzosamente debe llevarnos a 1960. En 50 años pasamos de 1.553 plazas hoteleras a 400.000, y de 404.581 habitantes a más de dos millones de isleños.

Estos incrementos, unidos a cambios de hábito en la demanda y a la llegada de recursos europeos, justifican la apuesta de las autoridades canarias por las grandes infraestructuras que transformaron el archipiélago el cual, por otra parte, es uno de los lugares del mundo con mayor proporción de espacios naturales protegidos. Las infraestructuras se han hecho (salvo las presas) en el entorno en el que los canarios realizan su actividad económica.

Una de las mayores transformaciones se refiere al agua. En los años 60 la captación de recursos hidráulicos sólo tenía dos posibilidades: presas y embalses o pozos y galerías, y la dotación era de 50 litros por habitante y día. En aquellos años el nivel de los acuíferos disminuía de forma alarmante. La instalación de desaladoras y depuradoras invierte la tendencia -hoy se están recuperando-, pero traslada el problema del agua a la energía. En el mismo período, las dotaciones se cuadruplican con el turismo como protagonista.

Hoy el 25% de las aguas en Canarias (el 50% en la provincia de Las Palmas) son desaladas o depuradas. Las infraestructuras del agua, a pesar de su enorme impacto económico, no tienen repercusión en la sociedad, salvo que no funcionen o molesten a los vecinos.

Son las infraestructuras del transporte las que tienen una mayor percepción de incidencia en el medio ambiente y las que generan un mayor posicionamiento de la opinión pública.

La densidad de carreteras en Canarias es muy superior (0,83 km/km2) a la media europea (0,303) y a la africana (0,09) y responde a una tasa de motorización entre las mayores del mundo (670 vehículos por cada 1.000 habitantes cuando la media mundial es de 140), con un 40% de la población trabajando en un municipio diferente al de residencia.

El desarrollo del turismo internacional impulsa las infraestructuras aeroportuarias mientras el comercio de mercancías se sigue realizando (más de un 95%) por barco. El Puerto de Las Palmas está reconocido como Hub marítimo por la UNCTAD Maritime.

En cuanto a la movilidad interinsular, una política integradora en apoyo al tráfico aéreo y marítimo, entendiéndolo como servicio público, ve reconocido su éxito con más de 6,5 millones de viajeros anuales, el 25% entre Gran Canaria y Tenerife.

El futuro de las infraestructuras en Canarias pasará, de nuevo, por los requerimientos de la sociedad. El buscado cambio en el modelo energético y los principios en los que se basa la “movilidad sostenible” auguran mejoras en lo ya construido, con una necesaria recualificación del espacio viario.