Ars longa, vita brevis,” escribió Zoroastro-Zaratustra. En la alta edad, por no concretar demasiado, es inevitable ver la existencia como una ráfaga suave y amable, acuciada y tormentosa, o ambas a la vez. Brevísima, en todo caso. Esta es la categoría dominante en el cúmulo de memorias, emociones, tristezas, euforias, logros y frustraciones que genera el hecho inevitable de mirar atrás. Pero la retromirada es estimulante cuando la imagen del tiempo pasado se reduce a una constatación de lo efímero, sin contaminar al afán de seguir haciendo. Un afán que puede ser insensatamente ilimitado, pero de ello nace la constante recarga de energía moral, incluso biológica. El “ars”, el oficio en acepción clásica, no tiene final. La pasión por el oficio no cede si ha estado animada por el espíritu de emprendimiento -y de aventura, por qué no- que un jefe y amigo como Javier Moll de Miguel ha inspirado e inspira a cuantos, poseídos por el oficio periodístico, hemos podido ejercerlo con libertad, honradez y respeto a nosotros mismos en el prioritario servicio a los lectores. Cuarenta años de experiencia, y los muchos que vendrán, son la savia de los equipos de mujeres y hombres que hoy celebramos el aniversario.

Cuatro décadas así vividas bien merecen permanecer en la memoria, pero lo que ahora importa es la pasión del futuro. Como “pasión siempre futura” definió Paul Valery a la criatura humana. Frustrada, quizás, en algunos oficios, u olvidada desde la hora jubilar, pero poderosa en el espacio de Prensa Ibérica. En este momento de celebración necesito, aunque parezca innecesario, dejar constancia de mi leal admiración a Iavier y su esposa, Arantza Sarasola, que animan la pasión periodística desde una fe irreductible en la comunicación y el diálogo. Y también expresar la confianza en su hijo grancanario, Aitor, que perfila a conciencia el futuro de esa pasión. Gracias sean dadas a esta muy querida familia.

No menor es mi impulso de celebrar y dar gracias a los numerosos equipos de periodistas con los que he vivido el oficio a fondo. Su relación nominal sería interminable, además de injusta por involuntarios olvidos u omisiones. Con respeto y afecto los agasajo mentalmente en la figura y la personalidad de los sucesivos directores de LA PROVINCIA, Diario de Las Palmas, La Opinión de Tenerife y Radio Canarias, los medios que dan presencia en el Archipiélago a los ideales y procedimientos de Prensa Ibérica, así como la planta impresora Artes Gráficas del Atlántico, la distribuidora Totaldis y el Club LA PROVINCIA. Una presencia inseparable del acontecer histórico y actual de Canarias, compañera de muchas existencias y más amada por unos que por otros, en prueba de un infatigable servicio a la verdad. Como representante y mediador del día a día entre los profesionales y el consejo de administración, he vivido lo mejor de mi vida.

“El ‘ars’, el oficio en acepción clásica, no tiene final. La pasión por el oficio no cede si ha estado animada por el espíritu de emprendimiento y de aventura que un jefe como Javier Moll ha inspirado”

Empezando por LA PROVINCIA, agradezco a Francisco de la Iglesia, primer director del matutino nombrado en esta etapa, su envidiable instinto de lo noticiable, su acierto en la selección de nuevos profesionales, su independencia como glosador y crítico del acontecer político, económico y social, su exigencia en el trabajo y el ejemplo de su entrega. De Melchor Fernández recibimos todos, generosamente, la reflexividad y el rigor de cada una de sus decisiones, la calidad cultural del estilo, la entrañable relación con todas y cada una de las personas de su equipo periodístico y técnico, y el sentimiento con que hubo de finalizar su ejercicio por razones ajenas al mismo. De Diego Talavera, toda una década en la dirección, la perspicacia, el conocimiento profundo del alma canaria, el dinamismo coordinador, la creatividad cultural, el saber del equilibrio entre responsabilidad y compañerismo. Julio Puente trajo al matutino su fecunda experiencia en la dirección de equipos profesionales, el talante paternal sin paternalismo, la custodia del liderazgo, la finura irónica en la corrección de fallos y la alegría contagiosa en el premio de los aciertos. Luchó con bravura con la dolencia que le llevó a una muerte temprana, ignorándola en su ejemplar dedicación. Es profunda la memoria que ha dejado en todos. Ángel Tristán, nacido periodista y trabajador del matutino desde que era un muchacho, impulsó la imaginación que él mismo había desarrollado como redactor, jefe de sección, redactor jefe y subdirector, dominando todos los registros de la profesión y fecundando los resultados desde la vocación y el rigor. Teresa Cárdenes, primera directora y una de las primeras de la prensa diaria española, supeditó su gran clase en el articulismo al exhaustivo proyecto innovador de formas y contenidos. El director en ejercicio, Antonio Cacereño, prioriza el exigente propósito de hacer atractivas todas y cada y una de las páginas, con inteligente asunción del futuro que aguarda a la prensa escrita y la digital -diferentes pero no excluyentes- con ágiles pero muy trabajadas señas de identidad en ambos soportes, y un potente presencia de opinión interpretativa en el de papel. Junto a él, un subdirector excelente, Fernando Canellada.

Después de que Juan Ignacio Jiménez Mesa fuese promovido por Javier Moll a la dirección general de gestión en Canarias, el vespertino Diario de las Palmas tuvo dos grandes directores. Batallaron ambos por la audiencia de la tarde hasta que la irresistible desaparición de ese segmento de mercado aconsejó la fusión con la cabecera hermana, 107 años después de su fundación. El primero, Amado El Mir, teórico y práctico a la vez, compactó el equipo y cualificó la presentación gráfica, desdoblando su tarea en la coordinación de las primeras promociones de la empresa, aquellas Historia de Canarias y Geografía de Canarias en fascículos de las que siempre nos sentimos orgullosos; e hizo posibles los dos masters de Periodismo para titulados superiores, realizados con enorme atractivo bajo la tutela de las universidades Complutense de Madrid y de Las Palmas de Gran Canaria. El último director hasta la fusión fue Santiago Betancort Brito, inolvidable gladiador por la noticia exclusiva más allá de la prensa de la mañana, dinamizador del lenguaje, maestro de jóvenes informadores y cultivador de la libertad de expresión con un plantel de colaboradores de prestigio. Su temprana muerte fue muy dolorosa para todos. Y es justo citar en la inmediata proximidad de ambos, las aportaciones del extraordinartio periodista que fue y es Amado Moreno.

El creativo, polifacético y admirable profesional que es Francisco Pomares, primer director de La Opinión de Tenerife, y el actual, Joaquín Catalán, excelente continuador de las mejores experiencias acumuladas durante los “años de galeras” de todo medio nuevo, explican la penetración social y el respeto ganado por el hermano tinerfeño, así como la posibilidad de editar cabeceras atractivas para el lectorado específico de ambas provincias, sin menoscabo de la coherencia editorial. Radio Canarias ha tenido en sus dos etapas sendos directores enamorados del medio e inspiradores de su lenguaje: Laly Sánchez e Ignacio Moll de Alba. El Club LA PROVINCIA, que Javier Moll creó hace 38 años con el nombre de Club Prensa Canaria, ha tenido directores periodistas con perfiles de gran relieve, como Luis León BarretoLaureano Pérez y Angel Tristán. El actual, Javier Durán, alterna la tarea con el trabajo de redactor-jefe del periódico, ambas marcadas por la excelencia y por su bagaje cultural predominante. Por la gerencia de Artes Gráficas del Altántico han pasado técnicos y gerentes idóneos para la absorción cualitativa de las cabeceras propias y ajenas que imprime a diario y los servicios de impresión comercial: José María Mateos, Alexis Lozano -después gerente del periódico- y el actual, Juan Bajo -ex gerente del periódico- todos ellos con la sabia colaboración técnica de Rafael Hernández.

La estructura administrativa general de este conjunto de empresas ha tenido profesionales cualificados, y, muy especialmente, el que hasta hace poco fue director general de Gestión del grupo en Canarias, Carlos Fernández, figura fundamental en el rigor, los controles y las ideas, tanto en los años de sus prestaciones en Faro de Vigo, La Opinión de Zamora y la experiencia portuguesa como en los primeros años de la crisis económica española, en fueron esenciales su entrega y capacidad de adaptación.

Hoy en día, el director general de contenidos de Prensa Ibérica en Canarias, Francisco Orsini Ruiz, anteriormente en Faro de Vigo y en la dirección de La Opinión a Coruña, es el periodista y gestor entusiasta, creador, y en plenitud de energías, que necesita la empresa en el Archipiélago para la constante innovación, la fluida relación con los estamentos sociales y ciudadanos, el éxito de los “foros” presenciales con primeras figuras de todos los sectores, estimulador de suplementos y revistas complementarias y maestro de las nuevas generaciones profesionales.

Dejo el cierre de esta evocación para Juan Ignacio Jiménez Mesa, inseparable del presidente en la mayor parte de la expansión periodística y hombre de cultura, ideas e impulsos que están y estarán por mucho tiempo en el código genético de Prensa Ibérica. Hace ya 13 años de su imprevisible fallecimiento, rodeado de su esposa y amigos durante unas vacaciones. Su recuerdo no solo está en el pasado sino en muchas de las previsiones de futuro. Le evoco entrañablemente y le echo en falta como uno de los mejores amigos y camaradas que he tenido.

Sin duda es mucho más lo que podría seguir narrando que lo aquí narrado desde la admiración y el sentimiento. Pero hasta aquí llego en del propósito de resumir algo tan decisivo como una vida bien vivida en el núlceo de una pasión permanente, y, por suerte, “siempre futura”.