Sin la menor duda es, la presente, la colaboración más grata que a lo largo de mi dilatada existencia me ha pedido LA PROVINCIA, cuando, dada mi avanzada edad, puedo percibir y percibo como cada día que me da Dios no es otra cosa que una especie de propina, tras haber dejado atrás incomprensiblemente a muchos amigos y seres queridos cuya vida finalizó pese a ser mucho más jóvenes que yo.

Por ello agradezco sobremanera que, precisamente ahora, cuando al recordar algunos de mis logros nadie puede ya atribuirlo a intereses electoralistas. Una serie de logros indiscutibles obtenidos durante mi breve mandato como presidente de nuestra Comunidad Autónoma, de suerte que me veo obligado a sacarlos del baúl de los recuerdos.

La creación del 112, aunque traiga causa de mi etapa en la Vicepresidencia, cuyos funcionarios hace unos días celebraron, coincidiendo con el Día de Canarias, su trigésimo aniversario, atribuyéndome su paternidad, es algo que me llena de orgullo, por su eficiencia y permanente ejemplo a seguir, por considerársele, sin la menor duda, el mejor de tales servicios de España y uno de los mejores de las Unión Europea.

“Siempre hallé en sus patrióticas páginas el decisivo respaldo para la drástica decisión de la Universidad, de igual forma que muchos lustros antes viera la luz para luchar por la división provincial”

¿Cómo me voy a olvidar del Puerto de Agaete, que tras el rechazo por parte de quienes lo habían acordado antes quienes, bajo mi presidencia, integraban conmigo la Mancomunidad de Cabildos de la Provincia de Las Palmas, fue posible merced a la incuestionable sensibilidad de Adolfo Suárez, ejecutándolo exclusivamente a su costa el propio Estado?

¿Y la homologación salarial de los docentes, merced a la cual se acabaría para siempre en nuestra tierra la vieja frase proverbial “pasar más hambre que un maestro de escuela”, hoy en nuestra sociedad afortunadamente en desuso, procedente de la mísera situación económica por la que pasaron los maestros desde el siglo XIX debido a lo escaso de su retribución?

Pero de todos mis logros brilla con luz propia, con una intensidad tal, por deslumbradora, que casi impide ver en su magnitud a los restantes, como el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, así como el Plan Cultural o el de Refugios Pesqueros, otro que ni siquiera precisa de especial rememoración.

Me refiero, como es obvio, a la Universidad, nuestra entrañable Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Yo puse la pluma con la que se firmó y fue cargada nada menos que por el propio pueblo grancanario, con las dos mayores manifestaciones de su historia, de suerte que tan solo faltaba la decisión de que un presidente, que gobernaba además en coalición con ATI y con la residencia capitalina en Santa Cruz de Tenerife tuviera los arrestos que ha hicieran posible.

Sería injusto omitir, singularmente en estos días tan emotivos para LA PROVINCIA, el decisivo respaldo que para tomar la drástica decisión siempre hallé en sus patrióticas páginas, de igual forma que muchos lustros antes viera la luz para luchar en favor de la división provincial.

LA PROVINCIA, pues, en esta ocasión, de la mano de quien entonces fue su magistral director, Guillermo García Alcalde, una vez optó a la vez que, según ha sido siempre su norte, la cultura, por la necesidad también de impartir justicia social, a lo que durante años nos ha tenido tan acostumbrado. Porque en esta ocasión, como todos nosotros, perseguíamos el noble objetivo de que también los más desfavorecidos por sus carencias económicas, pudieran tener acceso a nuestra Universidad de Las Palmas de GC.